¿Qué hace una base española dentro de un volcán activo?

La actividad en la isla Decepción ha aumentando en los últimos días y la alerta volcánica cambió la semana pasada de verde a amarillo

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Así es la isla Decepción La alerta volcánica cambió la semana pasada de verde a amarillo

Isla Decepción / Antártida

Jueves 31 de enero. 03.10 de la madrugada, isla Livingston. El Hespérides entra en la bahía para recoger personal. La logística antártica no entiende de horarios. El próximo destino es Decepción, donde se encuentra Gabriel de Castilla, la otra base española en la Antártida, que gestiona el ejército de tierra. Toca despedirse de la familia de Juan Carlos I, con la que he convivido tres intensas semanas. No es fácil, aquí cualquier sentimiento se multiplica por un millón.

La isla Decepción tiene forma de cruasán. Uno de los momentos más fotografiados por todos los investigadores y turistas es la entrada por los fuelles de Neptuno, el estrecho que permite acceder a la bahía. Navegando por sus aguas y observando el paisaje, uno reconoce rápido dónde está: un volcán. El cazador de focas Nathan Palmer creyó que se trataba de una isla como otra cualquiera, pero descubrió que era una caldera inundada. La bautizó como Deception, que en inglés significa engaño. La traducción al español, como en otros casos históricos, es errónea.

Decepción es un volcán joven y activo. Una isla de ciencia-ficción en la que conviven el hielo y el fuego. La última vez que entró en erupción fue en 1967. «En tiempos geológicos es como si hubiese ocurrido hace un minuto. Estamos en un lugar muy interesante para la ciencia porque no tenemos interferencia humana. Toda las señales que se registran proceden del volcán», explica Amos Gil, investigador de la Universidad de Cádiz, que acumula ya once campañas antárticas. De la última explosión dan buena cuenta los restos de las antiguas bases chilena e inglesa, que fueron sepultadas por el proceso eruptivo que se prolongó durante tres años. Los científicos fueron evacuados. «En España tenemos islas volcánicas, como por ejemplo la de Hierro que no hace mucho registró una erupción en el mar. El conocimiento y la tecnología que usamos aquí, en Decepción, nos sirven después para controlar nuestros volcanes, como también el Teide», añade Carlos González, experto en geodesia de la universidad gaditana.

En la isla se pueden descubrir escenarios de otro planeta. En la playa de Caleta Péndulo, el calor que llega desde el magma terrestre eleva la temperatura del agua por encima de los treinta grados. El mar evaporando en un ambiente polar. Ver para creer. También hay fumarolas, manifestaciones del interior del planeta. «Se pueden ver y oler la emisión de gases sulfuros donde la temperatura suele estar en torno a los cien grados», apunta Gil.

El volcán también está poblado de estaciones sísmicas que permiten que los científicos puedan controlar la actividad. Un semáforo indica los diferentes niveles de alerta. La semana pasada cambió de color, de verde a amarillo. «El verde informa que los niveles de actividad son normales. Cuando se activa el amarillo señala que alguna de las variables que vigilamos se sale de los valores habituales. Esto nos obliga a desplegar más instrumentación para tratar de explicar el origen de la anomalía», Vanesa Jiménez, investigadora de la Universidad de Granada.

«El semáforo está regulado por un protocolo que depende del Comité Polar Español y que señala el nivel de peligrosidad. Hace unos días se comprobó que los valores que miden la deformación del volcán están siendo superiores a lo normal. Esto quiere decir que la isla se está hinchando, con una separación de unos dos centímetros mensuales. Ahora mismo estamos con el semáforo amarillo, aunque esto en ningún caso implica riesgo inminente ni tampoco que tengamos que evacuar la isla ni detener las actividades científicas. Esta situación puede permanecer durante meses e incluso años o podemos volver al color verde próximamente», explica el comandante Joaquín Núñez, jefe de la base Gabriel de Castilla.

El mundo científico contiene el aliento por el glaciar del Apocalipsis

Xavier Fonseca

El hielo que libera el glaciar Thwaites es responsable del cuatro por ciento del aumento global del nivel del mar. La estabilidad del clima del planeta y el nivel del mar depende de la evolución de estas grandes masas de hielo

Observar de cerca por primera vez la pared de un glaciar supone una experiencia que quita el aliento. Uno puede quedarse horas captando las infinitas posibilidades que estos gigantes contienen del azul y el blanco, la textura y su imponente presencia. Escuchar crujir al hielo también resulta estremecedor. Es fácil confundir el sonido con un trueno, pero enseguida uno recuerda dónde está e identifica el origen del estruendo.

En Livingston hay por todas partes. La bahía que acoge a la base científica Juan Carlos I está custodiada por varios frentes que presentan una altura que puede llegar hasta los cien metros. La erosión de los glaciares libera a menudo pequeños fragmentos de hielo que cubran el mar y llegan con la marea hasta la orilla de la playa. El fenómeno se llama «brass» y emite un sonido único, similar a un burbujeo. 

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