El gallego evacuado de Wuhan: «Feliz de poder regresar, pero deseoso de que se solucione todo para poder reincorporarme a mi trabajo»

«Ojalá pueda ser una pesadilla que pase pronto», dice otro de los españoles repatriados a su llegada a Madrid, donde permanecerán 14 días en cuarentena en el hospital militar Gómez Ulla

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Los repatriados de Wuhan ya pasan la cuarentena en el hospital Ninguno ha mostrado síntomas de haber contraído el coronavirus

redacción / la voz

Cansados, pero felices. Aunque también con una sensación agridulce por lo que han dejado atrás, con sus compañeros que se han quedado en China en el recuerdo. Así se mostraron en la tarde del viernes los veinte españoles que llegaron ayer a España después de permanecer más de una semana en cuarentena en Wuhan, la ciudad donde surgió el nuevo coronavirus que afecta ya a cerca de 10.000 personas y que se ha cobrado la vida de 231 personas.

Aterrizaron en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), después de hacer escala en Londres, donde se quedaron los pasajeros británicos que fueron repatriados por su gobierno. Con un avión de dos plantas prácticamente vacío para completar la última etapa, a la aeronave se subió en Londres un equipo de tres médicos españoles que practicó los primeros controles al grupo. Ya en Madrid, empezaron a respirar. Se acabó la pesadilla, aunque les queda por delante otra cuarentena de 14 días en una planta del hospital militar Gómez Ulla.

«Estoy feliz de poder regresar, de que nos hagan el seguimiento y de que todo haya salido bien, pero ansioso de que se solucione todo para poder reincorporarme lo antes posible a mi trabajo en China», explicó a La Voz nada más aterrizar Salvador Abalo Fernández, el único gallego del grupo, al que la epidemia le sorprendió en su trabajo como miembro del cuerpo técnico de la escuela de fútbol Wuhan Shangwem. «De salud -añadió-, me encuentro muy bien, aunque eso sí, muy cansado».

De una forma similar se manifestó Pedro Morilla, el director técnico del equipo de fútbol. «Cansado -dijo-, pero muy contento de estar aquí, de volver a ver a nuestros seres queridos». Pero tampoco quiso olvidar a sus compañeros y amigos que se han quedado en China. «También estoy con tristeza por la situación que se está viviendo en Wuhan. Ojalá pueda ser una pesadilla que pase pronto».

Feliz estaba el entrenador de porteros, Oliver Cuadrado. «Después de 30 horas de viaje, por fin podemos decir que hemos vuelto a casa», manifestó.

El avión que llegó a España llegó con treinta personas. A los 19 españoles hay que añadir un polaco residente en España y una ciudadana china embarazada, casada con un ciudadano español, que serán trasladados al Gómez Ulla, y otras 5 personas -cuatro daneses y un noruego- que partirán desde la misma base hacia sus países de origen.

Libertad de movimientos

Los españoles fueron trasladados en autobús hasta el hospital, escoltados por dos coches de la policía, donde quedarán ingresados en cuarentena, a pesar de que ninguno de ellos presenta síntomas. Pero se trata de una medida necesaria, ya que una de las características que convierte en aún más peligroso al coronavirus es que los infectados pueden contagiar a otras personas, aun cuando no presenten ningún signo que delate la enfermedad.

Los miembros del grupo no estarán aislados, sino que tendrán libertad de movimientos dentro de la planta del hospital que tienen asignada y podrán recibir a sus familias dos veces al día.

Los españoles no fueron los únicos españoles repatriados en China. Otro avión con ciudadanos europeos fletado por Francia despegó ayer con destino a Wuhan para evacuar a 53 personas. Hará escala el domingo en Marsella y luego continuará hasta Bruselas. Sin embargo, el vuelo portugués que repatriará a otros 350 ciudadanos de varias nacionalidades europeas, se ha atrasado por demoras en la autorización de salida y la nueva previsión es que despegue al final en la mañana de este sábado.

Más de cien alemanes regresarán a lo largo de este sábado en la aeronave que ha fletado su gobierno. En este caso pasarán la cuarentena en una instalación militar.

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pablo penedo

El vilagarciano Salvador Abalo vive muy cerca del punto 0 de la epidemia del coronavirus

«Parece ser que o punto 0 sería un mercado de peixe e de carne ao que vai xente dos barrios de Wuhan. A distancia de onde vivo a ese mercado é como a que hai de Bamio a Vilaxoán». Salvador Abalo Fernández nos habla desde la urbanización en la que reside desde julio del 2017, cuando se enroló en el cuerpo técnico de la escuela de fútbol del Wuhan Shangwen que gestiona la empresa catalana Nama Sport. Salvador tira de dos lugares de su pueblo, Vilagarcía, como unidad de medida para que entendamos lo cerca que está, unos 10 kilómetros, del origen de la nueva epidemia sanitaria que ha comenzado a despertar el miedo por todo el planeta, tras cobrarse el coronavirus 2019-nCoV la vida de 41 de los más de 1.200 contagiados en China, según los últimos datos facilitados por las autoridades del gigante asiático, que ha decretado la cuarentena de 41 millones de personas en una docena de ciudades, empezando por Wuhan.

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