Michi, el perro perdido en el Camino que encontró un hogar en Japón

Dos peregrinas niponas lo rescataron en mayo en Palas de Reis y volverán a buscarlo por Navidad para llevárselo a Osaka


Santiago / La Voz

Uno lo abandonó, dos lo rescataron y él, a todos enamoró. En la Asociación Protectora Animais do Camiño (Apaca) les va a costar despedirse de Michi por Navidad. Llevan cuidándolo seis meses, pero el perro deberá regresar con sus dueñas, las que lo rescataron en mayo cuando hacían el Camino de Santiago y las que ahora regresan a por él para llevarlo a Osaka, en Japón, donde la madre de Kimiko le dará un nuevo hogar.

Kimiko Uchii y Tamano Hayashi peregrinaron a Compostela la pasada primavera. No sospechaban entonces que, a la vuelta, serían uno más en la familia. Poco antes de Palas de Reis se percataron de la presencia de un perro negro de tamaño medio que deambulaba y que no les quitaba ojo. Como explica Raquel Freiría, de Apaca, «os cans son moi listos e saben a quen se achegan». Michi supo elegir. Tanto, que cuando las dos japonesas hicieron un alto en su ruta en un bar de Palas, ya no se despegó de sus botas de caminantes. Ellas se percataron de que estaba abandonado y lo dejaron en manos de Protección Civil, pero tras finalizar la peregrinación, se pusieron en contacto con Apaca, regresaron a por el can, que permanecía atado a un camión de bomberos, y lo gestionaron todo para que los responsables de la asociación, que en estos momentos se hacen cargo de 27 animales sin hogar, cuidaran al perro hasta que pudieran regresar a por él. Incluso ingresaron mil euros en la cuenta de la entidad para que a Michi no le faltara de nada.

Y a Michi no le faltó ni alimento ni cuidados ni cariño. Tanto, que los conquistó a todos en la protectora. «Tal como é, co seu carácter, equilibra a manada, é un can alfa, pon orde alí onde está e facilita a convivencia cos outros cans —indica Raquel—. É un animal exemplar e a súa historia de adopción é tamén exemplar, ímolo botar moito de menos».

Azafatas a su disposición

Tras comprobar que el animal realmente no tenía dueño, realizar todos los trámites y obtener los permisos para que Michi pudiese viajar a Japón, Kimiko y Tamano, junto con una amiga, llegarán en la madrugada del 24 de diciembre para recoger a su amigo peludo y volar con él desde Bilbao a Japón, vía París. Contarán con la ayuda de Animarea, una asociación de azafatas que amadrinan a los inquilinos de las protectoras que vuelan lejos, a otro países.

Michi significa camino en japonés. Como indica Raquel Freiría, «todos os cans e cadelas que foron, do mesmo ou similar xeito, rescatados por peregrinos, levan un nome relacionado co Camiño de Santiago nas súas respectivas linguas. Nestes momentos temos, aparte de Michi, a Yago, que xa leva connosco desde o ano 2016, e a Camí e Way, o primeiro rescatado por unha peregrina catalana e o segundo, por un matrimonio australiano, os dous neste ano 2019».

En Osaka, a Michi le espera su familia. Allí, a más de 10.000 kilómetros, en la tierra del sol naciente, está el final de su camino.

Magui, la perra bóxer que murió abrazada a su dueño sufriendo un ataque al corazón por el ruido de los petardos

Iago García
Magui, la perra bóxer que en la Patagonia argentina falleció de un ataque al corazón provocado por los ruidos causados por los explosivos
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El triste desenlace fue provocado por el ruido de una pirotecnia argentina. Sus dueños han compartido la historia para alertar del problema que suponen los fuegos de artificio para los canes

No es una teoría rocambolesca. Está totalmente acreditado. Los petardos y los fuegos artficiales son los peores enemigos de los perros, capaces de alterarlos sobremanera. El fenómeno se denomina acustofobia, ese miedo irracional de la mascota a los ruidos fuertes provocados, por ejemplo, por los petardos o los fuegos artificiales. También de manera natural, como el de los truenos o los producidos de forma accidental, véase un portazo. Los confunden con una amenaza y por instinto se ponen alerta. Sus mecanismos de defensa se activan y el corazón se acelera

A veces, pocas, el desenlace es fatal. Fue lo que le ocurrió a Magui, una perra bóxer que en la localidad argentina de Esquel se vio sorprendida por los ruidos de una pirotecnia cercana. La «familia» de esta mascota intentó darle consuelo y calmarla, pero finalmente falleció de un ataque cardíaco abrazada a uno de sus dueños. Antonella Modasjazh, denunciaba en Facebook lo ocurrido: «Era viejita y le tenía terror a la pirotecnia. No sabíamos ya dónde meterla mientras otros se divertían, ella lo estaba pasando muy mal. Tuvo un ataque, llamamos a todos los veterinarios para que nos ayudasen ¡y ninguno nos atendió! La perra murió en los brazos de mi hijo, rogándome que llamase a alguien para que la viniera a auxiliar».       

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