Identifican un vínculo entre el alzhéimer y el desajuste del reloj interno del organismo

Los investigadores advierten de que las perturbaciones prolongadas de nuestro ritmo cotidiano podrían ser malas para la salud


la voz

Cada persona, cada uno de nosotros, posee un reloj biológico, una especie de cronómetro interno que adapta nuestra fisiología a las diferentes fases del día, a los ciclos de luz y oscuridad. De este modo, cuando experimentamos una modificación en esta rutina, como el cambio de hora o un jet lag producido por un largo viaje en avión nuestro cuerpo reacciona hasta que el reloj vuelve a sincronizarse. Este proceso es muy conocido, pero lo que ya es menos es que nuestro cronómetro interno pueda guardar algún tipo de relación con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson.

Es lo que ha descubierto un equipo de investigadores de la Universidad de Friburgo, que han identificado una proteína que participa en los trastornos neurodegenerativos y en el funcionamiento del reloj interno del organismo, lo que parece indicar que podría existir un vínculo entre el párkinson o el alzhéimer con las alteraciones prolongadas en el ritmo diario. O, lo que es lo mismo, las perturbaciones prolongadas de nuestro ritmo cotidiano podría ser malas para la salud. 

Un ejemplo es lo que ocurre con los vuelos de larga distancia en los que los pasajeros cruzan por distintas zonas horarias. Este desfase, materializado en el conocido como jet lag, se traduce, entre otros efectos, en cansancio al mediodía y hambre en mitad de la noche. El ritmo del cuerpo se desajusta. Pero, afortunadamente en este tipo de casos, estos efectos pasan pronto. La exposición a la luz del día en el lugar de destino restablece el reloj central. Sin embargo, una alteración prolongada del ritmo diario podría tener efectos nocivos duraderos, como el trabajo por turnos, en el que se alterna de forma rutinaria la actividad durante la mañana, la tarde o la noche. Los investigadores sugieren que en este tipo de situaciones se aumentaría el riesgo de enfermedades cerebrales degenerativas.

Los investigadores identificaron una proteína, la quinasa 5, dependiente d ela ciclina CDK5, recientemente asociada con la regulación de muchas funciones cerebrales.

Los científicos encontraron una interacción entre la proteína Period2, que realiza una función clave para el funcionamiento de nuestro reloj interno, y CDK5. Los resultados también abren una vía para posibles tratamientos futuros de enfermedades neurodegenerativas y de los trastornos del estado del ánimo. La investigación proporcionará información para determinar si la manipulación del reloj interno puede contribuir a la prevención el tratamiento de trastornos neurológicos.

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