«Si tu pareja no te apoya en tu carrera científica es sencillo: búscate otra»

Mujeres líderes en investigación aportan su testimonio en Lugo para romper el techo de cristal


redacción / la voz

Mercedes Novo, profesora de Química Física de la Universidade de Santiago, se sintió como una extraterrestre. Y no en España, sino en Alemania, donde hace años trabajaba como investigadora con su marido. Tuvieron su primer hijo y, después de una corta baja por maternidad, le propusieron coger una excedencia de tres años para cuidar a su hijo. Pero no quiso. Tenía muy claro que quería seguir con su carrera. «Recibía críticas -explica- por el hecho de querer seguir trabajando, les parecía una extraterrestre». Así que regresaron a Galicia, pese a que su marido, que había logrado un empleo en la industria, ganaba cuatro veces más que como profesor ayudante en la Universidad de Santiago. Uno de los dos tuvo que renunciar. Y lo hizo él.

También lo hizo el marido de África González, catedrática de Inmunología en la Universidade de Vigo y presidenta de la Sociedad Española de Inmunología. Su esposo trabajaba en una empresa de informática con varios empleados a su cargo. Lo dejó todo para acompañarla primero a Cambridge y luego a Vigo. «Dejó su empleo para venirse conmigo. La ciencia es una carrera de fondo muy competitiva en la que tu pareja te tiene que apoyar. Y, si no lo hace, es muy sencillo: cambia de pareja». África estaba dispuesta «a hacer lo que fuera para crear mi grupo y conseguir mis sueños». Su testimonio, al igual que el de Mercedes Novo, María José Alonso y Laura Sánchez Piñón, investigadoras veteranas y referentes en sus respectivos campos a nivel mundial, resonó ayer en el auditorio del Vello Cárcere de Lugo, al igual que el de otras mujeres científicas más jóvenes, pero líderes también, en el primer Encuentro de Mujeres Científicas, organizado por el Ayuntamiento de Lugo en colaboración con la Fundación CorBI.

Las suyas fueron historias inspiradoras, que demuestran que, más allá de las dificultades que aún siguen teniendo en el desarrollo de su carrera todas las trabas se pueden superar con esfuerzo y convicción. No hay excusas para quedarse en el camino. Es su ejemplo. Es cierto que la maternidad penaliza en parte, pero no debe suponer un obstáculo para conseguir el objetivo. «Quizás seamos nosotras mismas las que nos estemos poniendo las barreras. Nos paramos nosotras y creo que la barrera está en nuestras cabezas», destaca Neus Sabaté, investigadora del Instituto de Microelectrónica del CSIC en Barcelona. Y da un consejo: «La elección de un buen compañero de vida es clave para cumplir las exigencias de esta carrera», dice.

María José Alonso, catedrática de Farmacología de la USC, aseguró que nunca se sintió discriminada por ser mujer, al igual que Laura Sánchez Piñón. «Nunca -dijo- he sentido ningún tipo de traba por el hecho de ser mujer. Tajantemente, no lo he vivido. Pero, al igual que Neus, cree que «a veces somos nosotras las que nos minusvaloramos, y no nos ayudamos». «La asignatura pendiente -añadió- está en manos de las mujeres, porque somos nosotras las que tenemos que mover ficha para creer en nosotras mismas y en nuestras compañeras y visibilizarnos». Y lanzó una idea para la polémica: «Cuando un juego está dominado por hombres hay que entender cómo funciona, porque no soy inferior a ningún hombre». Mercedes Novo le contestó: «No hay que vivir con las reglas creadas por los hombres. Tenemos que buscar una forma de trabajar que valga para todos».

«A mis 43 años, tengo mi primer contrato indefinido»

  

«Ahora, a mis 43 años, tengo mi primer contrato indefinido», relata Virginia Arechavala, investigadora del Instituto Biomédico Biocruces, de Vizcaya. No es un caso aislado, sino que revela la precariedad que existe en la carrera científica, muy competitiva, con continuas evaluaciones y escasa estabilidad. En este aspecto sí que no hay diferencias entre hombres y mujeres, aunque la brecha de género sí empieza a irrumpir en un momento crítico de la profesión: la etapa posdoctoral. En ese momento es cuando se produce un mayor abandono femenino, y no precisamente porque el talento sea menor.

Una razón es que, ante una situación de estabilidad y con hijos a cargo, las mujeres optan por buscar una futura estabilidad en otros campos. Pero no es la única. Y, lo que es peor, la situación es peor ahora que hace unos años.

«En mi ámbito estoy notando que existe una pequeña involución», explica la catedrática de Genética de la USC Laura Sánchez Piñón. Quizás porque las mujeres hacen menos lobby que los hombres, porque creen menos en ellas y, porque ahora, el futuro es más incierto y hay menos estabilidad para los investigadores que antes.

«Esto no se puede plantear como una pelea entre hombres y mujeres, pero sí es necesario que las mujeres tiremos un poco más de otras mujeres», advierte Piñón. Mercedes Nova apunta a otro factor: «Nos faltan modelos femeninos. Mayoritariamente no hay dirección femenina en los grupos de investigación».

África González también observa una involución. «Estoy preocupada -dice- porque noto un retroceso en la gente que está conmigo. Veo a mujeres muy capaces que cuando tienen niños dejan la investigación para hacer otras cosas o, directamente, no hacen nada». Carlos Spuch, del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur, el único hombre que ofreció su relato, comparte los testimonios de sus compañeras y lanza una reflexión. «Estamos convirtiendo el hecho de tener hijos en un problema, cuando debería ser una alegría».

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