Galicia lidera un proyecto europeo para transformar el dióxido de carbono en un carburante ecológico

La nueva tecnología de fotosíntesis artificial, impulsada por la Universidade de Santiago, también permite en una fase inicial purificar aguas residuales para obtener hidrógeno


redacción

La tecnología aún está lejos de convertirse en realidad, pero, de materializarse, sería algo así como lograr la cuadratura del círculo. Purifica las aguas residuales para obtener hidrógeno mediante energía solar, para, a su vez, mezclar con dióxido de carbono que se extraería de las plantas térmicas o refinerías, con lo que se evitaría su liberación a la atmósfera, y lograr finalmente un biocarburante ecológico. En esencia, este es el objetivo del proyecto Bac-To-Fuel, financiado con tres millones de euros y que llevará a cabo un consorcio europeo liderado por el grupo Nanomag de la Universidade de Santiago. De lo que se trata es de desarrollar un prototipo demostrador de una hoja biónica utilizando tecnología de fotosíntesis artificial.

En la iniciativa también participan las universidades de Lancaster (Reino Unido), Wageningen (Holanda) y la Universidad Técnica de Berlín, en colaboración con la empresa gallega NANOGAP y el centro tecnológico belga VITO.

«Es una tecnología que aún está en pañales, pero el objetivo es hacer un demostrador a escala prototipo, que luego esperamos que tenga continuidad en otro comercial. La tecnología está sobre el papel, pero ahora tenemos que demostrarla en un laboratorio y crear un prototipo viable», explica Jesús Peleteiro, de NANOGAP. Esta empresa ubicada en Santiago dedicada a la nanotecnología aporta un material clave en el proyecto. Son clústeres cuánticos atómicos que, en colaboración con la energía solar, purifican en un reactor las aguas residuales para producir hidrógeno renovable.

Pero esta es solo una parte del proceso. El hidrógeno obtenido se mezcla en otro reactor con dióxido de carbono, que se puede capturar de refinerías o plantas térmicas, por lo que así también se evita que este gas de efecto invernadero causante del calentamiento global se emita a la atmósfera. De hecho, los promotores del consorcio están en negociaciones con la refinería de Repsol en A Coruña para incorporarla al proyecto.

Pero falta aún un ingrediente principal: bacterias modificadas genéticamente mediante la técnica de edición CRISPR que metabolizan el CO2, con la ayuda del hidrógeno, que favorece la reacción, para convertirlo en un alcohol, que bien podría ser un bioetanol o cualquier otro tipo de biocarburantes ecológicos sustitutivos de la gasolina. Las bacterias se comen el dióxido de carbono y excretan el bioalcohol como un subproducto.

Los biocombustibles son imprescindibles como alternativa al gasóleo o la gasolina procedentes del petróleo en un contexto en el que lo que se pretende es reducir las emisiones de efecto invernadero para combatir el cambio climático, pero en la actualidad para poder fabricarlos es necesario dedicar grandes cantidades de suelo para cultivos de maíz, soja, girasol, caña de azúcar, remolacha o cereales, entre otros productos que se utlizan para generar biocarburantes en vez de utilizarlos para alimentación humana o animal. Con la nueva tecnología que confía en materializar la Universidade de Santiago no solo se evitaría recurrir a ello, sino que se transformaría un gas contaminante causante del cambio climático en un combustible ecológico libre de emisiones.

Todavía queda un largo camino por delante para conseguir el objetivo final, pero ya hay varias empresas interesadas en la tecnología.

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