Da a luz en el yate en que vive desde hace cuatro meses en A Coruña

La pareja salió de Kiev cuando estalló la guerra en su país, compró el viejo yate en Holanda y en el transcurso del viaje han nacido sus tres hijas

La familia posa en el interior de su barco feliz por la llegada de la pequeña Margarita
La familia posa en el interior de su barco feliz por la llegada de la pequeña Margarita

A Coruña / La Voz

Al barco no se le ve el nombre ni ondea bandera alguna en su mástil. Lleva desde finales del verano atracado en uno de los pantalanes de Marina Coruña, al lado del dique de abrigo de la ciudad. Un carpa cubre la entrada a la cabina para protegerla de la lluvia y sobre la cubierta se acumulan multitud de objetos náuticos y otros propios de la vida diaria, desde garrafas hasta pinzas.

Este es el hogar de Olga Horkova y de su pareja, dos ucranianos que llegaron a A Coruña remolcados tras sufrir una avería en el motor. Cuando su yate llegó a puerto eran cuatro los miembros de la familia, la pareja y dos niñas, de cuatro y dos años. Desde hace diez días en la familia son cinco, porque en A Coruña, y a bordo del barco, dio a luz Olga a Margarita. «Pesó cuatro kilos y el parto solo duró cinco horas», cuenta, sonriente, el progenitor, Dmytro Gorkov, feliz con la niña en brazos.

«Salimos hace tiempo de Ucrania y compramos el barco en Holanda, a donde llegamos haciendo autoestop», explica Gorkov sobre un periplo en el que han ido naciendo todas sus hijas. La última, dice, coruñesa, lo hizo sin ninguna dificultad y sin problemas a bordo. «Tuve un embarazo muy bueno y un parto natural», confirma ella.

Salieron de Kiev, narra, hace cinco años, para evitar la guerra civil que se desencadenó en el país. Lo vendieron todo y se marcharon haciendo autoestop él y su pareja, acompañados por su bulldog, que también va en el barco. Así, de coche en coche, cruzaron Alemania y Polonia hasta llegar a Holanda, donde se hicieron con un viejo velero danés construido en 1975. El motor aguantó hasta el golfo de Vizcaya y poco más. Él, detalla, tenía experiencia navegando en aguas interiores, no en el océano. Dice que «es lo mismo pero las olas son muy grandes».

Su primera hija, Alyona, nació también en el yate, en Bélgica. La segunda, Veronika, decidieron tenerla en un hospital en Francia, donde pararon entonces. La experiencia fue tan mala que la tercera, en A Coruña, la sacaron al mundo también en el barco. Ayudó él, asegura, que ya tenía experiencia con el primer parto.

No lejos del pantalán está situada una base de la Cruz Roja del Mar. Ese servicio se ocupó, recuerdan los encargados del puerto, de llevar al día siguiente del nacimiento a la madre y su hija al materno para una revisión y comprobar que todo estaba bien. Volvieron ese mismo día al barco.

«Para mí no hubo ningún problema», incide Olga, que se expresa en inglés y suma también algunas palabras recién aprendidas en español a su conversación. El destino al que aspiraban, admite Olga, es Costa Rica, pero su pareja añade que están muy bien en España, país en el que les gustaría quedarse una temporada. Eso sí, dice Dmytro, el clima no es tan bueno como pensaba. Les coincidió un mal noviembre.

La niña mayor, escolarizada en la Ciudad Vieja

El motor de su embarcación sigue averiado y mientras no encuentran una solución están haciendo vida coruñesa. Salen a diario del barco a realizar la compra y también al colegio, porque en el CEIP de la Ciudad Vieja, uno de los más cercanos al puerto deportivo, está matriculada ya Alyona. «Va al colegio y aprende español», contó la madre en Radio Voz. Puede que Costa Rica tenga que esperar.

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