Francisco Manuel Lledó: «Que a un robot se le dé personalidad jurídica es algo totalmente absurdo»

El catedrático de Derecho Civil cree que es una barbaridad que a las máquinas se les pueda dar algún día consciencia y que piensen por sí mismas


REDACCIÓN / LA VOZ

Estamos ante una nueva era digital cibernética que supondrá una transformación en la sociedad similar a la que en su día trajo la Revolución Industrial. Este proceso de cambio, protagonizado por los robots, deberá ser regulado de acuerdo con normas basadas en la ética. Pero no ahora, sino cuando vayan apareciendo problemas concretos a los que el Derecho pueda ofrecer una respuesta. «Lo que no podemos hacer es generar normas sobre algo que todavía no ha ocurrido», explica Francisco Manuel Lledó Yagüe, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Deusto, que a las ocho de la tarde ofrecerá una charla sobre esta cuestión en A Coruña invitado por la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación.

-Aventuran que los robots llegarán a pensar por sí mismos, más allá de para lo que han sido programados. ¿Usted lo cree?

-Esto es lo que dicen los expertos en investigación computacional. Yo estoy totalmente en desacuerdo de esta afirmación. Lo que digo es que esto es imposible que pueda ocurrir.

-¿Por qué?

-Nadie duda de que los robots tendrán una función instrumental como la que estamos viendo, en la sanidad, la industria, el transporte... Que se pongan al servicio de la sociedad es algo totalmente positivo, pero que le demos conciencia y personalidad es algo totalmente absurdo. Estamos confundiendo el beneficio de una cosa útil, en este caso el robot, con pensar que pueda llegar a suplantar la identidad, la conciencia del ser humano. Es completamente absurdo, aunque hay expertos, técnicos y, lo que es peor, también legisladores que así lo piensan.

-Si se llegara a ese escenario, ¿supondría un riesgo?

-Claro que supondría un riesgo. No sé cómo podrá avanzar la técnica, pero sí puedo decir que el diseñador, el fabricante, el operador tienen que tener en cuenta que una máquina, por muy inteligente que sea, solo está para ayudar a y complementar la labor humana, no para suplantarla. Si llegáramos a este escenario sería un mundo absurdo.

-Sí, pero el Parlamento Europeo ya aprobó una resolución en la que se recomienda la posibilidad de otorgar capacidad jurídica a las «personas electrónicas».

-Esto se dice a los puros efectos de que el robot sea responsable por los posibles daños causados, pero luego se deja una coletilla dando a entender de que se puede expandir este reconocimiento a otras esferas, lo cual es absurdo. La consideración de personalidad jurídica, con todos mis respetos al Parlamento Europeo, me parece una memez.

-¿Pero qué significaría que tenga personalidad jurídica?

-Le reconocemos capacidad jurídica para que pueda responder por daños y perjuicios. En el momento actual de la ciencia el que responde es el fabricante, pero en esta idea futurista que tiene el Parlamento Europeo, en la que la máquina pueda alcanzar la conciencia y la autonomía con respecto a su fabricante porque piense por sí misma, es cuando le daríamos responsabilidad jurídica para que pueda responder por los daños. Pero, insisto, me parece algo absurdo.

-¿Sería ciencia-ficción?

-Sería una barbaridad, porque veríamos que la ciencia-ficción puede a la realidad. Quizás estaríamos hablando de la revolución de los robots que superen al ser humano. ¿Dentro de 50 años los robots podrán casarse o tendremos un robot como presidente del Gobierno? No creo que lleguemos a eso, porque tanto hoy por hoy como el día de mañana al robot lo que le va a faltar es pensamiento propio, libertad...

-También hay preocupación porque dicen que suplantarán millones de trabajos.

-En 10 o 20 años sí creo que determinados trabajos serán suprimidos, porque será mucho más barato sustituir al humano por un androide. Y lo que habrá que pensar es cómo paliamos este problema. Habría que generar un sistema por el cual el propietario de ese robot pague un impuesto especial que debería compaginarse con una renta específica para aquellas personas que dejen de trabajar. Y, en el lado positivo, generarán nuevos trabajos que ahora ni nos imaginamos. No hay que ser apocalípticos.

-¿Deben pagar la Seguridad Social, como proponen algunos?

-Para ello tendrían que pagar un patrimonio. Si no, ¿cómo paga? Como yo no creo que lleguemos a esa sofisticación en la que el robot sea una persona, quien deberá pagar será su propietario.

Alberto Bugarín: «La relación con las máquinas será como la de las personas, hablando»

susana luaña

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Cuando Alberto Bugarín (Caracas, 1967) se licenció en Físicas y se decantó por la especialidad de Electrónica, germen del estudio de la inteligencia artificial en la USC, posiblemente no podía imaginar que se decidía por un área científica que iba a ser imprescindible para mejorar la vida de las personas. Hoy en día, campos como la medicina, la robótica, la lingüística, la industria, la psicología e incluso la seguridad ciudadana dependen de aplicaciones informáticas que interpretan datos inteligibles para los legos. El gran salto se dio con la incorporación a la ciencia de las vaguedades del lenguaje humano. «Lo que hacemos es manejar científicamente la imprecisión», dice el doctor.

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