Tomas Lindahl, Nobel de Química: «No nos comemos nada que nos pueda producir cáncer»

El científico fue premiado por descubrir los procesos de recuperación del ADN


Santiago

Camina lento y habla despacio. Salpica sus respuestas con apuntes personales y sobre todo sonríe. A Tomas Lindahl (Estocolmo, 1938), le dieron el premio Nobel en el año 2015 junto a Paul Modrich y Aziz Sancar por sus estudios sobre la reparación del ADN. Durante su etapa investigadora en Estados Unidos detectó que el ARN se degrada espontáneamente cuando se calienta, así que se preguntó si ocurre lo mismo con el ADN, Tras volver a Suecia descubrió que efectivamente es inestable y que existen numerosas enzimas de reparación. Actualmente es científico emérito en el Instituto Francis Crick de Londres. Estos días visita la capital gallega, dentro del programa ConCiencia de la USC y el Consorcio de Santiago. El miércoles por la mañana dará una conferencia en la apertura del Encontro Galego Portugués de Química y por la tarde una charla para el público en general en el auditorio Abanca de Compostela. Y como catador profesional de vinos que fue, visitó las bodegas Martín Códax en Cambados.

-Logró un Nobel por estudiar los mecanismos de reparación del ADN pero, ¿por qué se daña?

-En los últimos años hemos descubierto nuevas fuentes de daño en el ADN y como estas se traducen en mutaciones que después pueden derivar en procesos cancerígenos. Hay factores externos claros que derivan en daño en el ADN y pueden producir cáncer, y los dos principales son la exposición a la luz solar, por la luz ultravioleta, y el tabaco. Para mí es curioso escuchar noticias alarmistas, «scary news», sobre alimentos que puedes comer y tener cáncer, no creo que sean factores importantes, no creo que contribuyan de manera significativa a su desarrollo, básicamente no nos comemos nada que nos pueda producir cáncer.

-Se ha hablado mucho de las carnes rojas.

-Creo que es un factor muy pequeño, yo no dudo en comer carne roja.

-¿Hay factores internos que también dañan el ADN?

-Hay dos muy importantes, el oxígeno, pero como tenemos que respirar no podemos evitarlo; y el agua. Son factores muy importantes, así que tenemos que estar siempre reparando el ADN. Las causas más relevantes son intracelulares. El oxígeno, por ejemplo, es muy reactivo y puede modificar la estructura del ADN pero no podemos dejar de respirar, y el agua tiene una capacidad leve pero continua de ir erosionando la molécula de ADN, y tampoco podemos evitarla. Nuestras células son principalmente agua por lo que la opción que tienen es ir reparando el ADN, tanto de la acción lenta pero constante del agua, como del oxígeno.

-Si se logran mejorar los procesos de reparación del ADN, ¿se frenará el envejecimiento?

-Dudo que podamos tener una vida eterna y frenar completamente el envejecimiento, pero creo que es un buen reto y seremos capaces de llegar a los cien años con una muy buena calidad de vida. Más que intentar extender mucho la longevidad, lo que la ciencia básica va a conseguir es mejorar la calidad de vida hasta una edad razonable. No podremos detener el envejecimiento completamente porque hay algunas reglas biológicas que casi lo impiden, pero sí podemos evitar malos hábitos. Fumar es como coger alquitrán, meterlo en los pulmones y untarse con un agente mutagénico la parte interna de estos órganos. Creo que es particularmente peligroso fumar porque está claramente demostrada su relación con el cáncer. Lo comparo con el hábito de beber, de hecho fui catador de vino profesional durante quince años, y bebo mi copita de vino todos los días. Si en algún momento alguien fuera capaz de mostrarme que el riesgo asociado al consumo de alcohol es el mismo que el del tabaco lo dejaría, pero no. No podemos ir tampoco a los extremos, intentemos llevar hábitos saludables. El principal factor es el tabaco.

-Dice que no hay que obsesionarse con la cura del cáncer, sino con hacerlo crónico.

-Creo que es el reto. Sí hay cánceres que se están curando. El de mama responde bien a las terapias en el 90 % de los casos, aunque es cierto que un 10 % no responde bien. Como objetivo general la cronificación es la estrategia. Y en algunos casos hay gente que responde bien al tratamiento pero después el cáncer vuelve, igual tras veinte años, pero si una persona consiguió ganar veinte años de vida es un beneficio que se lleva.

«Fumar es como coger alquitrán, meterlo en los pulmones y untarse con un agente mutagénico la parte interna de estos órganos»

-Asegura que es complicado avanzar en demencia porque los animales con los que se experimenta, ratas y ratones, no son tan longevos como el hombre, ¿hay que cambiar de modelo animal para avanzar?

-Sabemos que las enfermedades neurodegenerativas llegan por desórdenes complejos. Para estudiarlas son necesarios buenos modelos animales que puedes manipular genéticamente para entender cuál es el desarrollo de esta enfermedad, y es cierto que los ratones no viven demasiado. Pero no debemos pensar en otro tipo de animales sino en mejorar los modelos murinos que tenemos, de ratas y ratones, porque tienen un instinto de supervivencia muy fuerte y podemos aprender bastante del cerebro de una rata. La investigación por ejemplo con monos, además de acarrear problemas éticos que a lo mejor la sociedad no quiere, es más lenta, ya que son organismos más grandes, de reproducción lenta y que tienen algunos problemas que hacen que la apuesta más sensata sea la de mejorar los modelos de rata y ratón que ya tenemos.

-Cuando un investigador desarrolla su trabajo, ¿en algún momento piensa que le darán un Nobel por él?

-No lo creo, porque no es fácil ganarlo. Creo que tenemos motivos más realistas, la mayoría de la gente trabaja en esto porque es interesante. Para mí es fascinante, siempre pensé que era un afortunado por poder pasar mi vida haciendo ciencia.

-Trabaja en Londres y el «brexit» es cada vez más inminente, ¿afectará a los investigadores y a proyectos en marcha?

-El «brexit» tendrá un efecto bastante fuerte en la investigación, ya que podrá detener investigaciones internacionales esenciales para hacer avances. Creo que prácticamente todos mis colegas científicos están en contra. Para la ciencia es un paso atrás.

-Hablará en una de sus conferencias de la inestabilidad del ADN y posibles formas de vida alternativas, ¿a qué formas de vida se refiere?

-Siempre buscamos formas de vida alternativas, pero solo conocemos una, que es la basada en el ADN. Me planteo si existen otras posibilidades que pudieran ser compatibles con un tipo de vida no basada en los mismos principios moleculares. La gente busca otras formas de vida, a veces de manera naíf y otras de forma muy costosa, la naíf es me voy a la jungla a ver si encuentro algo que sea diferente. Pero probablemente si existe algún otro tipo de vida que no esté basada en los principios moleculares la encontremos en el mundo microscópico, en algún microorganismo que no se rija por los mismos principios que las bacterias que conocemos.

La inestabilidad del ADN

La molécula de ADN es el libro de instrucciones con el que se construye un ser vivo. Para fabricar sus piezas, la información de ese libro es transportada por otra molécula, llamada ARN. El ADN (y la información que contiene) puede sufrir daños por ataques externos (radiaciones, por ejemplo), pero cabe pensar que, si no hay ataque, no hay daño. Eso es lo que se creía a principios de los años 70, cuando un treintañero sueco llamado Tomas Lindahl descubrió que el ARN, el recadero del proceso, se degradaba espontáneamente al ser calentado. Eso marcó su carrera científica: como el ARN es una molécula parecida al ADN, se preguntó si esta no podría ser víctima de una descomposición semejante. Acabó descubriendo que, efectivamente, así era: el ADN es una molécula intrínsecamente inestable. Se derribaba uno de los credos de su época.

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