El cambio de hora aumenta en un 24 % los casos de infarto entre las mujeres

Un estudio de consenso científico también lo relaciona con un mayor riesgo de cáncer


redacción / la voz

El investigador gallego Darío Acuña Castroviejo, catedrático de Fisiología en la Universidad de Granada, ya lo había advertido hace unos meses cuando fue invitado por el Parlamento Europeo para participar en el debate sobre el cambio de hora, donde presentó una serie de datos que demuestran los efectos negativos de esta práctica para la salud. Ahora, los estudios científicos sobre este tema se han refundido en un artículo de revisión publicado en European Journal of Internal Medicine que refleja el consenso internacional de los principales expertos en cronobiología. Y sus conclusiones son aún más demoledoras: retrasar o adelantar una hora el reloj en octubre y en marzo puede provocar molestias, leves, moderadas o graves, desde trastornos cognitivos, como pérdida de atención o memoria, a alteraciones del suelo, problemas cardiovasculares y metabólicos e incluso favorecer los procesos tumorales.

En teoría, nuestro organismo tarda entre 3 y 5 días en recuperarse de la desincronización que el reloj biológico experimenta con el cambio de hora, pero es tiempo más que suficiente para que en algunas personas se desencadenen efectos nocivos.

«Nuestro reloj biológico no es algo que esté asociado únicamente al ritmo sueño vigilia, sino que hoy en día sabemos que los genes que lo conforman están relacionados con muchísimas funciones del organismo, que van mucho más allá del control del ritmo del sueño», explica Acuña Castroviejo, que también es uno de los autores que ha participado en el nuevo estudio.

Afecta, por ejemplo al ritmo de los neurotransmisores cerebrales, «por lo que la modificación de estos genes produce alteraciones cognitivas que pueden ser más o menos leves según cada persona».

Los genes reloj que conforman el reloj biológico también controlan directamente la división celular, de modo que cuando sufren una alteración «hay células que en determinadas circunstancias pueden empezar a dividirse mucho más rápidamente, dando lugar a un proceso de tumorogénesis», advierte Castroviejo. El riesgo aumenta en aquellas personas que ya tienen una predisposición a sufrir cáncer, cuando las células empiezan a mutar.

También hay estudios que demuestran que el cambio de hora de primavera produce un aumento de un 24 % de los infartos de miocardio en mujeres. «Hemos visto -precisa el catedrático de Fisiología- que el cambio de primavera afecta mucho más a mujeres, y sobre todo en primavera. Tenemos datos publicados que así nos lo indican, aunque también es cierto que serán necesarias nuevas investigaciones para confirmar los resultados».

Los genes reloj también intervienen en la regulación del metabolismo, por lo que «sabemos hoy en día que el trastorno de los genes reloj están detrás del síndrome metabólico y de diabetes tipo II». Eso sí, los autores advierten que estos efectos nocivos para la salud no son iguales en todas las personas. «La intensidad de los síntomas -precisa Castroviejo- depende de cada persona. Algunas pueden no notar nada, pero para otras puede ser una modificación importante en su salud».

Para evitar las consecuencias negativas del cambio de hora, el consenso internacional de científicos propone en su estudio que esta práctica se elimine definitivamente, una medida que la Comisión Europea prevé que entre en vigor en el 2021. Pero sobre este aspecto sí que aún no hay acuerdo.

Una modificación de los ritmos vitales, mucho más que un ligero «jet-lag»

  

El cambio de hora, según el consenso científico recogido en el artículo, implica una alteración brusca en los ritmos de sueño-vigilia, de los neurotransmisores cerebrales, de los hormonales y de división y reparación celular, ya que en 24 horas se modifica el horario subjetivo de salida y puesta de sol. «El sistema circadiano se controla por el fotoperíodo o ritmo de luz/oscuridad, que a su vez regula la producción nocturna de melatonina, que es el verdadero sincronizador endógeno de dichos ritmos», dice el fisiólogo Darío Acuña, quien se muestra muy en contra de que algunos especialistas definan el cambio de hora como un ligero ‘jet-lag’. «No tiene nada que ver», dice.

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