Ernesto Alterio: «Los actores y los locos tenemos algo en común»

El actor argentino estrena «Ventajas de viajar en tren» en la que interpreta a un psiquiatra experto en trastornos de personalidad


Colpisa / Madrid

A Ernesto Alterio (Buenos Aires, 1970) se le confía la misión de atrapar al espectador en los primeros compases de Ventajas de viajar en tren, la ópera prima de Aritz Moreno, que llega este viernes a la cartelera. El actor da vida a Angel Sanagustín, un psiquiatra experto en trastornos de personalidad que, de buenas a primeras, decide contar a una desconocida, la editora Helga Pato, el peor caso clínico al que se ha enfrentado jamás. Basada en la novela homónima de Antonio Orejudo, a partir de ahí, resulta casi imposible apartar la mirada de una película tan divertida y dura como refrescante.

-¿Qué es lo que le atrapó de este proyecto tan loco? ¿Había leído la novela?

-No la había leído. El primer contacto que tuve con el proyecto fue cuando leí el guion y me impactó de entrada. Sentía que no había visto una cosa así nunca, en realidad. Me atrapó mucho algo que tiene que ver con la construcción, con la estructura de la narración y el mundo de los personajes. Había algo que me hacía preguntarme: «¿Y esto qué es?», me entró mucha curiosidad y tenía ganas de estar ahí y de averiguar qué era ese viaje extraño que se me proponía.

-Hágame el trabajo sucio. ¿Cómo definiría Ventajas de viajar en tren?

-Es un viaje muy particular a través de los vericuetos de la mente de diferentes personajes, donde se van entrelazando historias que tienen que ver unas con otras. Es una especie de muñeca rusa donde hay una historia dentro de otra historia y se van quitando capas y se van desvelando cosas de los personajes.

-«La verosimilitud está sobrevalorada», llega a decir su personaje. En tiempos de las fake news y la posverdad, ¿diría que esta afirmación es correcta?

-No sé. Yo creo que a lo que responde la afirmación tiene que ver con que no existe una verdad absoluta o una sola verdad sino que todo depende de cómo se mire y desde qué óptica. A veces afanarse en buscar la verosimilitud no tiene mucho sentido. También me suena a que tiene que ver algo con la poética, con que lo verosímil a veces no alcanza para comunicar algo y que hacen falta metáforas o cosas locas para poder hablar de lo esencial del hombre.

-¿Libera hacer algo tan alejado de la realidad?

-Para mí es muy refrescante como espectador y también lo ha sido como partícipe en la película porque me ha propuesto transitar por lugares y hacer cosas que no había hecho nunca o entrar en terrenos desconocidos y explorar nuevos territorios expresivos y en cuanto a las relaciones de los personajes.

-¿Y es más fácil o más difícil?

-Pues eso tiene que ver mucho con el director y con la visión que tiene porque al ser una película coral su mano es muy importante para orquestar todos los instrumentos y que todos estemos en la misma sintonía.

-¿Cómo encuentra uno el tono para hacer un personaje como el de Angel Sanagustín?

-Pues he tenido que investigar. Me he documentado con casos clínicos de esquizofrenia. De todas maneras, siento que tampoco me es ajeno del todo el mundo de la locura, que me interesa desde hace muchos años. Siento que los actores y los locos tenemos algo en común, porque los locos se sirven del delirio para explicar algo de la realidad que se les escapa, para poder estar en el mundo. Los locos dan fe, escuchan voces, huelen cosas; y los actores tenemos que armar un delirio y usar ese mismo mecanismo, crear una ensoñación y dar fe de que eso es veraz.

-No sé si en tiempos de lo políticamente correcto hay alguien que puede ver en el tratamiento que la película hace de la locura, algo irresponsable.

-Yo siento, y es algo que me gusta, que la película no transita por un terreno de lo políticamente correcto. Es decir, yo creo que ya desde el momento en el que el director decide contar esta historia, hay una decisión muy personal, algo que a él le ha tocado y que va a contar más allá de cómo sea recibido por el público. Eso para mí ya es algo valioso. En ese sentido, no ha hecho concesiones y ha sido fiel a la historia que quería contar.

-Que la película tenga toques surrealistas no significa que no cuente verdades.

-Desde luego. Juega con la fabulación, pero luego siento que está hablando de cosas de muchísima actualidad, como por ejemplo la relación que mantienen los personajes de Quim Gutiérrez y Pilar Castro: hay algo muy nuclear de lo que sucede a veces entre un hombre y una mujer, que se traduce en infinidad de casos de maltrato que vemos todos los días. Siento que habla mucho de las relaciones de pareja, del amor, que es un tema inagotable, también toca el tema de la guerra de Kosovo, del maltrato a los niños, la discapacidad...

-Es sorprendente que la película sea una ópera prima.

-He visto a Aritz con mucha seguridad. Es alguien con muy buen gusto, con un gran sentido estético y con una preocupación formal en cuanto a los encuadres, el vestuario o la gama de colores que salen en la película. Así que puede decirse que es un creador con un estilo propio. Pero también es verdad que los directores noveles vienen con mucho trabajo hecho. La película es su carta de presentación y van a muerte.

-Recibe un premio a su trayectoria en el Festival de Cine de Gijón. ¿Cuando echa la vista atrás siente vértigo o nostalgia? -Ni nostalgia ni vértigo. Siempre me da un poco de pudor recibir premios, pero éste lo recibo con alegría y gratitud hacia la gente de Gijón. Sí que lo siento como un impulso para seguir trabajando. Me pica en el sentido de decir: «Bueno, tranquilos, que esto no se ha acabado». Porque siento que no he hecho tantas cosas y que lo mejor está todavía por hacer. No soy de mirar atrás, sino que sigo buscando, con mucha avidez, conseguir actuar bien por una vez en la vida.

-Un poco exagerado, ¿no?

-(Ríe). Un poco, pero algo de eso hay, ¿sabes? Es como que todavía no estoy contento, que estoy picado.

-¿Vio el pasado lunes el debate de los candidatos a la Presidencia?

-Lo vi rato y lo quité.

-¿Quién le pareció el político más verosímil y el más estrafalario?

-Ostras, no sé. Fueron todos un poco estrafalarios. Ese debate en sí es un poco estrafalario. Y esto sí que me da vértigo, porque me pregunto cómo vamos a salir de esto, cómo se va a poner de acuerdo esta gente con posiciones tan encontradas.

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