¿Usted se bebería el agua del retrete?

Un restaurante de Bélgica ofrece a sus clientes el líquido después de ser reciclado en una planta purificadora


redacción

Incolora, inodora e insabora. Es agua, sí, pero no cualquier agua. Es la que procede del retrete y que un restaurante de la localidad belga de Kuurne ofrece a sus clientes, sin que hasta el momento se haya registrado ninguna queja. El líquido se purifica en una planta de reciclaje dentro del propio establecimiento que la purifica y la convierte en potable, totalmente apta para el consumo.

Este sistema de purificación del agua se utiliza en África para suministrar el recurso a las poblaciones, aunque esta experiencia, hasta el momento, no había tenido precedentes en Europa. El restaurante belga se vio obligado a utilizar la planta, basada en un sistema cerrado, porque no está conectado al alcantarillado. Por lo tanto, sus propietarios tuvieron que encontrar un sistema de reciclaje de agua, según recoge el diario Sudinfo. El agua resultante es tan pura que tiene que enriquecerse con minerales antes de servirla a los clientes.

Gracias a este sistema de reciclaje, el líquido del inodoro y del fregadero se limpia inicialmente con fertilizante para plantas, luego una parte se mezcla con agua de lluvia recolectada y se usa para descargar los inodoros, mientras que el resto se pasa por una serie de procesos de purificación que lo hacen indistinguible del agua del grifo.

El restaurante ofrece el agua reciclada del baño a los clientes en una variedad de formas, como agua potable gratuita, cubitos de hielo o café. También se usa para elaborar cerveza. «El agua tiene el mismo sabor, el mismo olor que cualquier otra», según el testimonio de un cliente recogido por el canal belga de televisión VRT

La tecnología que se utiliza en la actualidad para reciclar el agua es la misma que se utiliza para potabilizar la contaminada. El proceso incluye varios pasos: primero se eliminan lo sólidos; luego, en un proceso llamado ósmosis inversa, se retiran del líquido las partículas más pequeñas y, por último, como precaución adicional, se utiliza luz ultravioleta para esterilizar el agua de microbios patógenos.

«Podemos suministrar un agua muy pura, más pura de la que se extrae hoy de los embalses y los ríos», aseguró a la BBC el ingeniero químico de la Universidad de Melbourne Peter Scales.

Sin embargo, más allá de África, la opción de que los consumidores beban agua reciclada, y más si procede de los urinarios, no acaba de convencer en el mundo occidental. En un estudio reciente, el psicólogo Paul Rozin y su equipo de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.) preguntó a 2.000 estadounidenses si beberían agua reciclada. El 49 % de los encuestados se mostraron dispuestos a probarla, el 13 % se negaron a hacerlo, y el resto dijo no estar seguro.

Por mucho que se les insista en que el agua reciclada es segura, para algunos la sensación de asco es imposible de superar, incluso en las peores situaciones. ¿Usted lo haría?

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