En la investigación contra el cáncer las mujeres son más, pero ellos son los jefes

«Los puestos de responsabilidad están reservados para hombres con canas», denuncian


redacción / la voz

Marisol Soengas, María José Alonso, África González, María de la Fuente, María Dolores Mayán y Angélica Figueroa. Son mujeres, son gallegas y son referentes en la investigación contra el cáncer en España. Son seis de los 60 rostros de científicas y oncólogas españolas de prestigio que la Asociación Española de Investigación sobre Cáncer (Aseica) ha elegido para visibilizar el papel de la mujer en la lucha contra la enfermedad. Todas, aparte de su valía profesional, tienen algo en común: son, pese a su trabajo, grandes desconocidas para el gran público. Mucho más que sus compañeros masculinos. Lo acaba de constatar la misma asociación en un unas jornadas que celebró en las que retó a los asistentes a nombrar a cinco investigadoras punteras. Nadie lo supo.

«Hemos hecho la prueba entre gente cercana y la mayoría ha tenido que recurrir a Internet para contestar. Esto es frustrante porque, de hecho, somos muchas», explica Marisol Soengas, responsable del grupo de Melanoma en el CNIO y coordinadora de Aseica Mujer. «Si seguimos a este ritmo -indica- vamos a tardar más de cien años en romper la brecha de género».

Los números avalan su tesis. En la lucha contra el cáncer, el 54 % de los protagonistas son mujeres, pero, de las investigadoras, solo el 25 % ocupa puestos de responsabilidad. Y la situación es peor a nivel clínico: más del 50 % de los colegiados son mujeres, pero menos del 8 % llega a puestos de liderazgo. En general, también ganan menos, reciben menos financiación e, incluso, los premios y reconocimientos son de menor cuantía que en el caso de los hombres. «Sin lugar a dudas -resalta Angélica Figueroa, del Inibic de A Coruña- las mujeres científicas especializadas en cáncer también sufrimos el techo de cristal. En general, a los hombres se les contrata por el potencial y habilidad para ocupar un cargo de responsabilidad y a las mujeres por los méritos que han demostrado a lo largo de su carrera. Partimos de una clara desventaja».

«El techo de cristal aparece a partir de la etapa posdoctoral: solo un 30 % alcanzan puestos de jefas de grupo; menos del 15 % llegan a cargos académicos y menos del 5 % a puestos de decisión y mando», asegura María Dolores Mayán, también del Inibic. «A las mujeres -relata- no se nos tiene en cuenta para puestos de responsabilidad y de toma de decisiones. Sabemos que no estamos en esas quinielas. Son puestos que están reservados para hombres y, normalmente, para hombres con canas». Y continúa la reflexión: «Ni el sexo ni la edad hacen el talento o la sabiduría, tampoco la experiencia. Hay gente que con 20 años de experiencia parece que tiene un año repetido 20 veces, pero si es hombre sigue teniendo preferencia para ocupar puestos de dirección frente a cualquier mujer con mayor valía».

María de la Fuente, del grupo Oncomet de Santiago, vivió la discriminación en sus propias carnes. «He sido penalizada -dice- en mi carrera profesional por haber sido madre, y esta situación aún no se ha resuelto». Pese a que desde que denunció su caso han cambiado las cosas para mejor, cree necesario «legislar para evitar que las mismas historias se repitan en el tiempo». A su juicio, habría que implementar «sistemas de evaluación, así como de promoción en la carrera profesional, justos y ponderados, porque la maternidad no es el único factor a tener en cuenta». «Es necesario -apunta- evitar sesos de género para lograr la igualdad en los puestos de toma de decisiones. Y son necesarias actividades dirigidas a aportar visibilidad, de empoderamiento, de mentorización...».

«Ellos no se sienten culpables»

A África González no le ha ido mal. Dirige el Centro de Investigaciones Biomédicas (Cinbio) de Vigo y es presidenta de la Sociedad Española de Inmunología. Pero es consciente de la realidad. «Sigue habiendo -cuenta- muchos hombres en puestos de liderazgo. En general son más competitivos, les gusta el poder y la jerarquía. Los hombres no se siente culpables por ver a sus hijos, por no hacerles la comida, por no coserles la ropa o por no ir al pediatra con ellos», aunque también advierte que «son a veces las propias mujeres las que renuncian a su futuro profesional por la familia. Muchas renuncian a sus sueños, dejan todo por alguien y, luego, pasado el tiempo, se arrepienten». Ella lo tiene claro: «si tu pareja no te apoya, lo que hay que hacer es cambiar de pareja».

María José Alonso, catedrática de Farmacia en la USC y referente mundial en nanofármacos, asegura que no ha sufrido discriminación, pero «sí he vivido ciertas experiencias con tintes de género, motivadas tanto por parte de mujeres como de hombres, porque hay roles femeninos forjados por nuestra sociedad y cultura de los que resulta difícil apartarse». El techo de cristal, en su opinión, puede romperse «con la educación y la cultura, con el incentivo de nuestros legisladores y la contribución de todos».

Marisol Soengas coincide, pero va más allá. «Hacen falta -señala- políticas de acción positiva en ciencia a favor de la mujer». Insiste en ello María Mayán, quien también apuesta por la visibilización, «quitar de la sombra a la mujer». «Necesitamos que los niños tengan referentes femeninos». Angélica Figueroa asiente: «educar en la igualdad real es una de las grandes prioridades».

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