Gallegos en el peor tifón del siglo: «Mi móvil me alertó con extraños sonidos para que buscásemos un refugio»

El fenómeno meteorológico que azotó Japón alteró la luna de miel de una pareja coruñesa


Japón comienza a hacer balance de daños tras el impacto del tifón Hagibis, el más potente del siglo. Hay al menos 23 fallecidos, cientos de heridos y muchas regiones del país que han quedado completamente inundadas por las lluvias torrenciales que han dejado registros de récord, rozando los mil litros por metro cuadrado en 24 horas.

El paso del ciclón también alteró la vida de millones de personas, como las de Antía y Álex, una pareja de recién casados que escogió el país nipón como destino de luna de miel. «El temporal nos obligó a modificar nuestro itinerario. El viernes tuvimos que apurar la visita a Hakone, porque iba a ser una de las zonas más castigadas. Desde la agencia de viajes nos recomendaron que adelantáramos la salida para Tokio y que nos pusiésemos a salvo en el hotel», relata Antía.

El sábado por la mañana, durante el trayecto entre Hakone y la capital, el matrimonio coruñés fue testigo de la intensidad del tifón. «Como los trenes bala estaban cancelados no nos quedó otra opción que coger uno local. En los novecientos metros que había hasta la estación nos cayó un diluvio y dentro del tren tuvimos que quitarnos la ropa y ponerla a secar», recuerda.

Antía y Álex durante la vista al bosque de bambú en Kioto
Antía y Álex durante la vista al bosque de bambú en Kioto

Antía y Álex destacan un momento de máxima tensión que nunca habían vivido en sus vidas. «Hasta tres veces mi móvil emitió un sonido extraño, como una alerta de incendios. Era un mensaje del gobierno en el que se nos recomendaba encontrar un lugar seguro lo antes posible y nos indicaba mapas según nuestra localización con lugares concretos, como escuelas públicas, donde podríamos estar protegidos». Al margen del susto, cada uno de esos avisos demuestra una vez más el buen uso que Japón hace de su tecnología y la excelente gestión frente a una catástrofe. 

Ya en Tokio se encontraron con un hotel completamente desbordado. «Había huéspedes que no podían entrar en la habitación hasta las dos de la tarde, como nosotros, y otros que no podían salir del edificio por seguridad o porque el aeropuerto estaba cerrado y no tenían a dónde ir».

Las siguientes 24 horas Antía y Álex estuvieron encerrados, observando por la ventana los efectos de un fenómeno atmosférico que no se produce en las latitudes donde está Galicia. «Las calles estaban completamente vacías. Había un supermercado abierto pero no vimos entrar ni salir a ninguna persona en todo el día. Estábamos en la planta cinco de un edificio de trece y el viento soplaba con fuerza. Las ventanas de la habitación temblaban muchísimo pero, como eran de doble cristal nos sentíamos bastante seguros», confiesa.

Con el sonido de la lluvia y el viento se durmieron. El domingo por la mañana el ambiente era muy diferente. «Estaba muy soleado», dice Antía. El viaje podía continuar. 

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