Enrique Táboas: «Son o último cesteiro da miña familia»

Nacido en Sanxenxo en 1955, este artesano preserva un legado que en su casa viene al menos desde su tatarabuelo: la confección de cestos de láminas de madera, tanto para uso en el mar como en la agricultura

Enrique Táboas, retratado en plena faena en su obradoiro
Enrique Táboas, retratado en plena faena en su obradoiro

Pontevedra / La Voz

El taller de Enrique Táboas en Sanxenxo evoca tiempos pasados, donde la destreza de los artesanos y la madera como materia prima eran el eje de una actividad que desplazaron la modernidad y el plástico. A Táboas la cestería de láminas le viene de lejos, al menos de sus tatarabuelos. Empezó en este sector a los 13 años, con su abuelo, en su casa de Sanxenxo, a donde Domingos Táboas se había mudado de su Mondariz natal con sus otros hermanos para asentarse en O Salnés. Aprovecharon la demanda que existía en aquellos años del siglo XX tanto entre las gentes del mar como entre los trabajadores del campo.

«Eu aprendín co meu avó, e meu pai tamén era cesteiro, xa o eran meu bisavó e o meu tataravó. Cesteiros todos», recuerda. Enrique trabajó así hasta 1981. Después estuvo años emigrado hasta que regresó a su Sanxenxo natal, donde ahora reside. La cestería es, actualmente, su actividad de tiempo libre y una forma de preservar un legado cultural que trasciende a su entorno. Es uno de los pocos, si no el único testimonio, que queda de los antiguos cesteiros de láminas en Galicia. Lo sabe y, por esa razón, aprovechó este reportaje para expresar su deseo de que alguna institución eche mano de sus conocimientos antes de que se pierdan para siempre y solo queden cestos de láminas en museos o en fotos.

«Hai como doce anos tentei retomar isto e empecei a revisar en Internet por se atopaba a algún cesteiro co que poñerme de acordo e facer algo. Entón deime conta de que a última xeración fora a de meu pai, e que dos fillos daqueles que traballaran nisto ningún se dedicaba á cestería», relata. Incluso en su propia parentela pasa lo mismo. Tiene dos hijos, pero Enrique matiza: «Eu son o último cesteiro da miña familia».

Táboas espera a que alguna institución cree una escuela o que difunda esta actividad. La inversión es mínima: un local, materia prima y alumnos con ganas. Cree que ahora, con el renacer de la artesanía, sí sería posible que la gente joven viviese de esto. «Deberiamos considerar isto patrimonio e que non se perdera», recalca.

Sin mimbres

La cestería de láminas no trabaja el mimbre. Se define por abrir las ramas en tiras manualmente, con el empleo de un caballete, y laminarlas, precisamente, para crear las múltiples formas de cestos, de las que las típicas patelas son uno de sus ejemplos más conocidos.

Las maderas que trabaja son muchas. Antes era casi todo de castaño, pero ahora se ha adaptado a hacer cestas de «salgueiro, mimosa, acacia, abeleira e ata albaricoque e pexegueiro». ¿Cuánto tiempo lleva hacer un cesto? «En menos de tres horas non fas ningún. Se vas a pezas grandes, entre tres e cinco horas», recalca.

En su taller conserva modelos antiguos para hacer otros nuevos, y por las paredes cuelgan numerosas piezas, tanto tradicionales como innovadoras. En Galicia, expuso en la Cidade da Cultura y acaba de acudir a la feria de Salt. Lleva años yendo a esta localidad catalana, donde le han comprado piezas artesanos de todo el mundo, como embajador de una cultura gallega que se debate entre lusco e fusco.

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