Un anticoagulante oral ya comercializado retrasa la aparición del alzhéimer

La terapia, probada en animales por el CNIC, evita la pérdida de memoria y reduce los depósitos de la proteína amiloide

Valentín Fuster, con el equipo que ha probado el efecto de la esperanzadora terapia para el alzhéimer
Valentín Fuster, con el equipo que ha probado el efecto de la esperanzadora terapia para el alzhéimer

Redacción

En el 30 % de los enfermos con alzhéimer la sangre no riega adecuadamente el cerebro. No llegan a sufrir un ictus, pero sí pequeños microinfartos repetidos. En algunos de estos pacientes, que también sufren fibrilación auricular, la arritmia cardíaca más común, y que son tratados con un fármaco anticoagulante también se observó que presentaban un menor riesgo de desarrollo de demencias. Del hilo de esta asociación tiró la investigadora Miguel Servet en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) Marta Cortés Cantil durante los siete años que trabajó en la Universidad de Rockefeller de Nueva York, en un estudio financiado durante años por el Gobierno de Estados Unidos. Fue cuando planteó una hipótesis de trabajo que ahora se ha visto confirmada: la circulación cerebral está asociada con el alzhéimer. Cierto es que la forma de demencia más común es una patología multifactorial, pero también que un número importante de enfermos, a la vista de los indicios, podría experimentar una mejora significativa si se restaura el flujo sanguíneo en su cerebro.

Es lo que ahora se ha probado en una investigación que Marta Cortés ha culminado en el CNIC, completada con financiación nacional y europea, en la que se ha probado que un anticoagulante oral de última generación y de acción directa puede retrasar la aparición del alzhéimer. Lo han comprobado en un tratamiento de doce meses con el fármaco dagibatrán en un modelo animal con ratones transgénicos en el que se ha observado que los animales no sufrieron pérdida de memoria ni disminución en la circulación cerebral. Los prometedores resultados se han publicado en la revista científica Journal of the American College of Cardiology (HACC).

«¿Cuánto se podrá retrasar la aparición de la enfermedad? No lo sabemos, pero sí observamos que con la terapia se disminuía la inflamación cerebral, el daño vascular y que se reducían los depósitos de la proteína beta-amiloide, signos típicos del alzhéimer. La enfermedad no desaparece, pero sí disminuye considerablemente su magnitud y se retrasa su aparición, lo que supondría un aumento en la calidad de vida muy importante para los enfermos», explica Cortés.

Herramienta de diagnóstico

A la espera de futuros análisis en humanos, los investigadores consideran que este estudio sugiere que dabigatrán podría ser un posible tratamiento futuro para normalizar la circulación cerebral en pacientes con alzhéimer. Los científicos esperan probar ahora el fármaco en animales de mayor tamaño, como cerdos y conejos. De confirmarse los resultados, los trámites para realizar el ensayo clínico en humanos serían menos complejos, ya que el anticoagulante propuesto es un medicamento que ya está en el mercado. Pero, paralelamente, los científicos quieren desarrollar una herramienta de diagnóstico que permita localizar a los pacientes que se beneficien de la terapia y ofrecerles un tratamiento personalizado. «De lo que se trata es de identificar a aquellos pacientes con alzhéimer que tengan tendencia a coagular», explica Cortés Canteli.

El reto del futuro, la relación entre cerebro y corazón

«Las enfermedades neurodegenerativas están profundamente ligadas a la patología de los vasos cerebrales. El estudio del nexo cerebro-corazón en las enfermedades neurodegenerativos es el reto de la próxima década», destaca Valentín Fuster, director general del CNIC y uno de los autores principales del estudio.

En el caso de los pacientes con alzhéimer los investigadores han visto que los coágulos en el cerebro se forman antes y tienden a degradarse más tarde, por lo que el tratamiento con el anticoagulante oral Dabigatrán podría favorecer en el futuro a un buen número de enfermos.

«Nuestra hipótesis y los resultados que hemos observado revelan que el tratamiento con el anticoagulante propicia que la función cerebral funcione mejor», sostiene la primera autora del trabajo, Marta Cortés. En el estudio también participó un equipo de científicos de la Universidad Rockefeller de Nueva York.

En los últimos años ya se había descubierto que el alzhéimer, la forma de demencia más común y que afecta a más de 30 millones de personas en el mundo, está asociada —aunque también intervienen otros factores— a una disminución en la circulación cerebral, de manera que las células del cerebro no reciben todos los nutrientes y oxígeno necesario, por lo que acaban muriendo.

En el ensayo con ratones transgénicos también se ha comprobado que la restauración de la circulación fortalece la barrera hematoencefálica, la capa protectora del cerebro, lo que evita la formación de depósitos de la proteína beta-amiloide, uno de los signos característicos del alzhéimer. «Esta barrera está más sana, por lo que limpia las placas amiloides de una manera más activa», expone la investigadora del CNIC. En su trabajo han combinado técnicas fisiológicas y moleculares para demostrar el efecto beneficioso de la anticoagulación en la enfermedad.

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