¿Por qué el otoño es rojo en América y amarillo en Europa?

La vegetación caducifolia responde igual antes de los cambios ambientales de las estaciones pero presentan diferentes colores


En otoño, como en primavera, la vegetación caducifolia experimenta una profunda transformación: primero la hoja cambia de color y finalmente cae. Ambas son respuestas que adopta para acomodarse a las nuevas condiciones que aparecen en cada estación.

A lo largo de la historia se han producido grandes extinciones de la vida en la Tierra, como la de los dinosaurios. Los árboles, sin embargo, se mantienen todavía en pie, desafiando a la gravedad. Y eso es porque la vida vegetal ha desarrollado un increíble poder de adaptación.

Después del verano las plantas perciben que hay importantes modificaciones en la duración del día, en la cantidad y calidad de luz que reciben y también en la temperatura. Así que reaccionan y se deshacen de las hojas, que son el principal mecanismo que utilizan para realizar la fotosíntesis. Pero antes tienen que absorber todos los nutrientes que hay en ellas y en ese proceso la clorofila, una sustancia que proporciona el verde a las hojas, se degrada y, como consecuencia, comienzan a aparecer otros tonos que estaban presentes en la planta, como el amarillo. Este es un color típico del otoño en Europa. 

Sin embargo, en otras zonas del planeta como Estados Unidos o Asia la estación suele presentar unos colores más rojos. Los árboles producen un tipo concreto de pigmento, el antocianina, que le proporciona a la vegetación ese tono. La tesis principal sobre la presencia de este pimento asegura que el compuesto le sirve a las plantas como método de defensa frente a insectos y parásitos. La gran pregunta que queda por responder es por qué únicamente está presente en Asia y América. 

Finalmente, tras cambiar de color, las hojas se precipitan suavemente, como sin ganas de vivir. Y, en realidad, es algo así porque al perder todos sus nutrientes entran en una fase que los científicos llaman estado latente de hibernación. Una etapa que se prolonga hasta la primavera, cuando la planta capta un aumento de la luz y la temperatura y vuelve a la fase de funcionamiento. Es el momento del año en el que se produce la floración.

Un estudio publicado por expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) señala que este proceso dura cada año menos tiempo debido al calentamiento del planeta. Dicho de otra forma, el otoño se acorta y la primavera se prolonga en lo que se refiere a la caída y a la salida de las hojas. Durante los últimos treinta años, el nacimiento de las hojas de los árboles caducifolios se ha adelantado una media de 3,4 días por cada grado que ha aumentado la temperatura. La naturaleza parece estar percibiendo los efectos de otro cambio ambiental, esta vez de origen antropogénico, y comienza a mostrar síntomas de querer adaptarse al nuevo orden climático que está surgiendo. 

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