Treinta y cinco años del Hortensia, el ciclón que se mantiene en la memoria colectiva de los gallegos como la tormenta perfecta

La noche del 3 de octubre los gallegos se fueron a la cama con miedo ante la llegada de una borrasca que arrasó la comunidad y mantuvo en vilo a toda la población. Aquí lo recordamos. ¿Cómo lo viviste tú?


Redacción

Tal día como hoy, un 3 de octubre pero de 1984, Galicia esperaba temerosa y comenzaba a notar los efectos del Hortensia, el ciclón que treinta y cinco años después, y a pesar del Klaus -que lo desbancó en el 2009 en cifras de devastación-, aún se mantiene en la memoria colectiva de muchos gallegos como la tormenta perfecta y el episodio que los mantuvo en vilo durante casi dos días.

Como recuerda Eduardo Rolland en una crónica del año 2012, «nunca antes se había alertado a la población con tanta intensidad; horas antes de la llegada del Hortensia, la gente estaba muerta de miedo». «Los mensajes de Protección Civil generaron una auténtica psicosis. A través de las emisoras de radio se hablaba de "alarma de vientos huracanados" y se aconsejaba no utilizar el teléfono, mantenerse en el interior de las viviendas, y en caso de viajar en coche, "refugiarse en cualquier depresión del terreno"», recuerda el cronista.

Pese a su nombre exótico y hasta amable, el Hortensia barrió la comunidad con fuerza, dejando un reguero de graves incidencias, mitigadas en todo caso por la situación de emergencia que se declaró la víspera y que ayudó a que los males sufridos no fueran aún mayores. En los días previos se pidió a la población que no saliera de sus casas, y se suspendieron las clases y el transporte. Incluso se hablaba de no tener encendida la televisión o los electrodomésticos. Algunos iban más allá, haciendo aprovisionamiento de comida por si la cosa se alargaba.

Coche aplastado por un árbol derribado en San Caetano, Santiago.
Coche aplastado por un árbol derribado en San Caetano, Santiago.

 La noche del 3 de octubre los gallegos se fueron a cama con miedo. El ciclón Hortensia empezaba a soplar de madrugada y alcanzaría su plenitud a las 9 de la mañana del día 4. En tan solo una hora dejó un rastro de destrucción brutal. El más grave fue el número de muertos, que se elevó a seis en España, uno de ellos en A Coruña, un maestro jubilado golpeado (Benigno Garrido Arana, de 77 años) fallecido a consecuencia del golpe de una teja. Hubo también 50 heridos.

El paso del Hortensia dejó, además, pérdidas millonarias con familias que perdieron sus casas, cosechas arrasadas -la Consellería de Agricultura cifró las pérdidas en el campo en mil millones de las antiguas pesetas-, barcos y negocios destruidos y la infraestructura eléctrica de Galicia seriamente dañada. Muchos lugares permanecieron durante días sin luz, las Administraciones tardaron meses en reparar los daños en las carreteras y en las comunicaciones, y fue necesario extremar las precauciones en el suministro de agua potable.

La Voz recogía así al día siguiente lo vivido durante la que calificó como «la borrasca más importante en los últimos tiempos»: «Toda Galicia quedó ayer colapsada y asiste hoy anodada al recuerdo de las múltiples pérdidas que ha dejado de sí la estela del ciclón»:

Casi 25 años después, otro temporal, el Klaus, superó, sin embargo, en virulencia al Hortensia con vientos que superaron ampliamente los contabilizados el 3 de octubre del 1984. Si hace treinta y cinco años se midieron en Monte Ventoso (Ferrol) ráfagas de viento de hasta 158 kilómetros por hora, en el 2009 se registraron en Bares vientos de 198 kilómetros por hora.

A pesar de ello, y como recuerda Javier Becerra en otra crónica escrita desde A Coruña, «no importa que en el 2008 viésemos volar por los aires los pedrolos de la costa en la zona de las Esclavas. Tanto da que aquella noche del 2009 Klauss hiciera sonar tan fuerte el viento que alguno se convirtió en uno de esos dibujos animados que se agarran a una farola mientras las piernas no resisten. O que se vinieran abajo tramos y tramos del paseo marítimo hace tres años. Nada impactó tanto como el Hortensia, el padre (o más bien madre) de todos los ciclones, temporales y demás rugidos de la atmósfera. Al menos para nosotros».

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Llegó el 16 de febrero de 1941, cuando aún no se bautizaban los fenómenos atmosféricos. La historia no la recuerda por su nombre pero sí por la presión, la más reducida que se registró en la comunidad.

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