Una científica acude a una recepción en Zarzuela con su niño de 28 días en un acto que reivindica como «natural»

La Casa Real tuvo que improvisar el protocolo para este hecho inédito

José Jiménez

Madrid / Colpisa

Max tiene 28 días y ya conoce a un rey y dos ministros. Su madre, Alicia Pérez-Porro, una reputada bióloga marina, lo mantiene bien atado a su pecho desde que nació y así ha seguido el día que fue citada a una audiencia con el rey Felipe VI en Zarzuela, en calidad de presidenta de la red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (Raicex). Ambos, madre e hijo, han hecho casi sin querer «un poquito de historia»: Max se ha convertido en el primer bebé presente en una recepción de Palacio. Y la foto distribuida por Casa Real del grupo de científicos que conversó durante más de una hora con el Rey, en la que la científica posa con el niño en brazos junto a un monarca sonriente, también firma un hito llamado a romper algún que otro esquema.

La bióloga que ha protagonizado la escena se desplazó a España desde Nueva York, donde reside y trabaja, el pasado fin de semana. Esta semana se celebra en España una reunión de la diplomacia científica de Raicex, la citada red de asociaciones que preside y, a pesar de las dudas que le provocaban su reciente maternidad, finalmente decidió participar y llevar a Max consigo. Como ella dice, «es muy de llevarse a sus hijos a todas partes» y está acostumbrada a viajar por el mundo con su otra hija, Ona, de dos años.

Ya tenía los billetes de avión comprados cuando le confirmaron que su plan de trabajo incluiría una recepción en el Palacio de la Zarzuela con Felipe VI. Ante esto, la joven científica reivindica la naturalidad del gesto: «Lactando, el bebé va donde voy yo. Es así. No hay más. Dejarlo con su padre no era una opción», explica a este periódico desde la Fundación Areces donde se prepara para una jornada de intenso trabajo sin dejar de lado a Max. Destaca este último detalle porque, a pesar de lo entrañable del gesto, ha recibido muchas críticas. Todas viejas conocidas que resuenan cada vez que un bebé irrumpe en la escena pública. ¿No ha podido quedarse con su padre? ¿Cómo puede utilizar a su hijo para un acto reivindicativo? «Mi marido, que está trabajando, se ha hecho cargo de nuestra hija de dos años. No podía dejar a Max, que está lactando. Ni se pensó», explica la bióloga catalana. E insiste una y otra vez, mientras se confiesa un poco abrumada por la repercusión, en que «no ha sido un acto de reivindicación premeditado en absoluto». Eso sí, se alegra de haberlo hecho.

Pérez-Porro es muy activa en la defensa de las cuestiones de género e igualdad y lucha por visibilizar a la mujer en el mundo de la Ciencia. Participó en la conocida expedición Homeward Bound, un proyecto de empoderamiento y liderazgo femenino que reúne cada año a cien científicas de todo el mundo. Pero este asunto está al margen: «Me alucina que alguien haya pensado que estoy usando a mi hijo de menos de un mes», dice.

Las redes sociales no le han perdonado el gesto. «Por supuesto no es una opción ni para todas las mujeres ni en todos los ámbitos. Evidentemente. Pero cuando lo es, creo que hay que darle normalidad. Ha sido una situación en la que nos encontramos la mayoría de las mueres que somos madre en algún momento de nuestra vida y hay que saber lidiar con ella».

En Casa Real han aplicado la norma de Pérez-Porro y han actuado con la mayor de la naturalidad a pesar de lo inédito de la circunstancia. No había antecedentes de protocolo pero han sido todo facilidades para la madre, quien dice estar agradecida de corazón. Cierto que es Max «es un bendito»: durmió todo el vuelo desde Nueva York y ayer hizo lo mismo; no interrumpió la reunión de una hora y media entre el grupo de científicos y el Rey.

Tanto fue así que Felipe VI lo comentó al terminar el encuentro. «El Rey estuvo muy receptivo durante la reunión. Es muy gratificante ver que le gusta tanto la Ciencia y que está tan comprometido. Sobre Max, me dijo que 'qué gusto tener un niño tan bueno', que qué fuerte y qué mono era», traslada con una sonrisa.

En esta historia hay un tercer protagonista: el padre de Max. «Mi marido es feminista. Es el 50% responsable de nuestra unidad familiar y es uno de mis mayores apoyos, tanto personales como profesionales. Tuve dudas en asistir a esta reunión de diplomacia científica y fue él quien me dijo que no me lo perdiera. Al final, de hecho, hay que agradecerle en parte que esté aquí porque me convenció de que podía», cuenta orgullosa.

A pesar de no haber sido un acto reivindicativo planificado, sino una opción para una madre profesional que trabaja, tiene responsabilidades, ha elegido amamantar a su hijo y puede viajar sola («sin niñera ni familiares») para llevar a cabo su plan de trabajo sin más, Pérez-Porro espera que la imagen sirva para remover conciencias y que se vea que la suya también es una opción que necesita visibilidad. Hay que normalizar la maternidad, reivindica. «No tenemos que esconder absolutamente nada. Lo que necesitamos es apoyo institucional y de las empresas. Pero que no se nos ayude solo durante el tiempo de la lactancia, porque uno no es padre o madre por un tiempo delimitado. Somos padres para siempre».

Felipe VI insta a la Universidad a liderar el desafío de la transformación digital

Rosa Domínguez
El ministro Pedro Duque y el presidente Feijoo estrechan sus manos en presencia del rey Felipe VI y del rector Julio Abalde
El ministro Pedro Duque y el presidente Feijoo estrechan sus manos en presencia del rey Felipe VI y del rector Julio Abalde

El rey defiende en A Coruña el papel de la educación en el desarrollo democrático

Felipe VI abrió ayer en la Universidade da Coruña el curso reivindicando como «objetivo irrenunciable» de la institución académica «educar a ciudadanos instruidos y con capacidad de juicio, personas comprometidas con el futuro de su comunidad» y, en definitiva, que «contribuyan a sostener una sociedad democrática, autocrítica y abierta a un mundo globalizado, interdependiente e interconectado».

El rey invocó el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, que ya en 1876 estableció la necesidad de que la educación garantizase la formación profesional y «antes que todo eso, personas capaces de concebir un ideal», citó el monarca. El jefe del Estado habló también de los desafíos de la Universidad, cuya actividad «durante los años de la crisis se vio muy afectada», recordó, para afrontar «la inminente transformación tecnológica». La inserción laboral de los titulados, la modernización, la internacionalización o la captación de talento investigador, incluido el emigrado, son, en su opinión, deberes de la institución como puntal para hacer frente al impacto que tendrán en el mundo laboral y social la tecnología y la automatización inteligente «a un ritmo vertiginoso». Ante este escenario «es necesario plantear cuanto antes el mejor modo de preparar a nuestros jóvenes para los nuevos empleos digitales», un desafío «complejo» que ha de hacerse «de modo que puedan orientarse los desarrollos técnicos en beneficio de toda la sociedad». Sostuvo que las universidades deben estar preparadas para afrontarlo, aunque sin olvidar los saberes humanísticos. 

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