Investigadores gallegos crean nuevos sensores para la detección temprana del alzhéimer y el párkinson

En una colaboración con científicos de Houston han logrado identificar la fase inicial en la que las proteínas se acumulan en el cerebro, una señal característica de ambas enfermedades

El profesor Javier Montenegro comenta los resultados del trabajo con su colega del CiQUS Ghibom Bhak
El profesor Javier Montenegro comenta los resultados del trabajo con su colega del CiQUS Ghibom Bhak

redacción

¿Cuál es el origen del alzhéimer?, ¿y del párkinson? Son preguntas que aún no tienen respuesta exacta, pero sí se sabe que ambas enfermedades neurodegenerativas se inician con la acumulación de proteínas en el cerebro. La beta-amiloide, en el caso del alzhéimer, y la alfa-sinucleina, en el del párkinson. Detectar el proceso de agregación en sus fases iniciales puede resultar clave, entondes, para la detección temprana de ambas patologías, ya que también se conoce que aunque en la mayoría de los casos los síntomas clínicos aparecen a una edad avanzada, la degeneración podría iniciarse hacia los 40 años, o incluso antes. Un diagnóstico temprano no significará en ningún caso frenar ambos males, para los que no existe cura, pero sí ralentizar su desarrollo y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Pero ocurre que con los métodos actuales la acumulación de proteínas en el cerebro solo se detecta cuando las agrupaciones son significativos, no cuando se inicia el proceso. El esperado salto lo acaba de dar una nueva metodología que ha sido desarrollada por investigadores del CiQUS de la Universidade de Santiago en colaboración con la Universidad de Rice, en Houston (Texas).

El avance, que ha sido publicado en la revista científica Journal of the American Chemical Society (JACS), se ha plasmado en la creación de sensores metálicos fluorescentes que permiten la identificación temprana de las primeras agregaciones de proteínas beta-amiloide y alfa-sinucleína. Los nuevos compuestos, de renio y rutenio, se adhieren a los precursores de ambas enfermedades, los oligómeros amiloides, y, desde ahí, amplifican a nivel supramolecular una señal determinante, conocida como anisotropía de fluorescencia.

«Los métodos de detección clínica fallan porque la acumulación de proteínas solo se detecta cuando el agregado es muy grande», explica Javier Montenegro, el investigador del CiQUS que, junto a Ghibom Bhak, ha participado en el trabajo. Los científicos aplicaron una nueva propiedad, la anisotropía de fluorescencia, con la que se puede observar cuando las proteínas se mueven despacio antes de formar un cúmulo mayor. «Abordar este problema mediante la anisotropía de fluorescencia supone apostar por unha nueva aproximación para el diagnóstico temprano, porque nos permite detectar mucho antes la formación de una anomalía que podría estar relacionada con condiciones patológicas muy importantes», apunta Montenegro.

El trabajo del equipo gallego-estadounidense permitirá avanzar en el desarrollo de un sistema de diagnóstico precoz para el alzhéimer y el párkinson, aunque la investigación también puede tener implicaciones en el conocimiento de los mecanismos de ambas patologías. «La nuestra es una metodología de diagnóstico, no de tratamiento, -advierte Montenegro-, pero también nos permitirá estudiar cómo esas fibras se agregan en el cerebro y, si eres capaz de entender cómo funciona este proceso, también podrías ser capaz de actuar sobre él».

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