Tiene 3 años y 6 cicatrices del cáncer

Operan en el Hospital Quirón de A Coruña a un niño portugués con una técnica innovadora para metástasis pulmonar. La familia pide ayuda al gobierno luso si se somete a una séptima intervención


A CORUÑA

La lucha de Miguel cabe en sus 3 años y escasos 10 meses. Poco tiempo para tan contados respiros. Miguel soplará cuatro velas el 29 de noviembre, «pero llevamos arrastrando esta enfermedad desde hace 2 años y 4 meses», dice con precisión casi quirúrgica Ricardo. Lo ha visto pasar por seis operaciones y sabe ya de hospitales mucho más de lo que quisiera este padre. «Lo hemos intentado todo», dice. No dudó en agarrar cuantos clavos encontró en una guerra sin cuartel y con su mujer, Filomena, plantar cara al cáncer de su hijo. Hasta salir del país.

La familia Matos empezó a librar esta lucha en Oporto, donde viven, y cuando las puertas se fueron cerrando, cruzaron fronteras. Tampoco titubearon para dejar hacer a su pequeño una intervención nueva. Fue en A Coruña, en el Hospital Quirón, hace quince días. Allí se abrió un paréntesis a una enfermedad tan cruel que, pese a tanto arrojo y pelea, sigue su curso. «Una pena no saber antes de Diego», valora el padre sobre el cirujano que les dio una tregua. Todavía vapuleado por las últimas cifras de los marcadores tumorales, resume así el papel de González Rivas, que se atrevió a probar un abordaje innovador «cuando ya nadie quería operar a Miguel».

Con un dolor de tripa

Todo empezó con un dolor de barriga. «Lo descubrimos por acaso», dice Ricardo en su castellano-portugués de las aciagas casualidades. Fueron a urgencias porque el bebé se quejaba de la tripa. Allí le descubrieron una masa rara en el hígado. Era un hepatoblastoma. Fue en el Apóstol del 2017. «Lo recuerdo bien porque Ana [su hija pequeña] tenía 11 días». Ahí y así comenzó todo. «Y todos estábamos convencidos de que estaba focalizado», rememora. Lo operaron y después, quimioterapia. Pensaron que estaba solucionado, pero el dichoso marcador tumoral empezó a subir. «El cáncer siempre va un paso por delante», lamenta. La primera metástasis apareció en el segundo cumpleaños de Miguel. De nuevo quirófano, quimio, más agresiva y sin resultado. Entonces «nos hablaron de operar, pero ya eran 13 metástasis. Estaba difícil dar con un cirujano, al final uno se decidió. Le abrieron los dos pulmones, pero no pudieron encontrarlas todas», describe. Fue en el Instituto Portugués de Oncología. «Entraron por la espalda las cuatro veces, tiene cortes de 10 centímetros, y del pulmón derecho le retiraron un lóbulo completo», desgrana Ricardo.

Fue su tía, que es médica, la que «descubrió la técnica menos invasiva de Diego», explica el padre. «No queríamos que sufriera tanto y decidimos irnos a Coruña». «Aquí en Porto, cada vez eran 6-7 días en recuperación, entre morfinas... ahí salió del quirófano y ya estaba despierto y sentado, al día siguiente caminando y ya volvimos a casa». «Una pena que no supiéramos antes de Diego», repite.

Miguel «empieza a hacer preguntas... y se acuerda de las cosas. Ya se hace más difícil, un poco más difícil», explica el cabeza de familia tras el último torpedo del marcador en plena línea de flotación. Ahora «estamos mirando para el futuro —farfulla—, entendemos que tendrá que haber otra operación y no hay posibilidad de continuar por lo privado», se explica. El esfuerzo y las fuerzas se van agotando. Han pedido ayuda del Hospital de Porto: «A ver si el cirujano nos pasa una declaración diciendo que la técnica no está disponible en nuestro país para que la Administración pague el tratamiento fuera». Y en esas están, buscando un rayo de esperanza para Miguel. «Llevarlo todo es difícil, tenemos ayuda de los abuelos, pero es muy muy difícil..., pero no queda otra opción que continuar», concluye.

Diego González Rivas con Miguel
Diego González Rivas con Miguel

«Volver a operarlo con una cirugía abierta era muy agresivo»

El cirujano coruñés que creó la técnica Uniportal para extirpar el cáncer de pulmón a través de un solo orificio intervino en el Hospital Quirón al pequeño el 4 de septiembre. «Cada lesión nueva en Miguel aparecía en una zona peor, y otra cirugía abierta... volver a operarlo así era muy agresivo y arriesgado», dice Diego González Rivas. Además, «ya había pasado por un par de toracotomías y cada operación es más complicada que la anterior porque hay muchas adherencias».

«Los padres estaban desesperados», recuerda por las llamadas que recibió. Vio el primer tac y «no nos parecía una lesión clara para operar, era muy pequeña.» Así que repitieron el escáner. El niño «estaba con quimio a tope, la llevaba muy mal» y la lesión había crecido. Y se decidió: «Se me ocurrió hacer un abordaje subxifoideo, una variante de mi técnica». En vez de entrar por el tórax, lo hizo «por encima del diafragma, pero por debajo del esternón, con un agujero muy pequeño. Es menos doloroso porque no tocas los nervios intercostales», explica. Con una cámara de vídeo y el instrumental, necesitó apenas una incisión de dos centímetros para entrar: «Fuimos despegando el pulmón adherido por la cirugía previa, llegamos a la lesión y la quitamos», relata. No fue necesario ni drenaje torácico, a las dos horas el niño estaba caminando. «Los padres no se lo creían, estaba corriendo por la planta, se fue de alta a las 24 horas y sin dolor».

Este abordaje en niños «es más complejo porque todo es mucho más pequeño y el material no está adaptado», subraya. Estaba también la necesidad de contar con un centro «preparado para este tipo de cirugías pediátricas» y anestesistas «expertos que sepan manejar la vía aérea y hacer entubación selectiva en niños». En su caso, contó para ello con Humberto Aymerich, y con su equipo de cirujanos, Mercedes de la Torre y Ricardo Fernández Prado. 

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