«Empecé apostando la vuelta del café y acabé debiendo más de 40.000 euros»

Javier H. Rodríguez REDACCIÓN / LA VOZ

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El anteproyecto de la Lei do Xogo de Galicia no limita el juego «on-line», que se ha triplicado en cuatro años

09 sep 2019 . Actualizado a las 00:41 h.

Cuando Manuel Pérez -nombre ficticio para mantener su anonimato- comenzó a jugar, la única opción de apuesta inmediata que había eran las tragaperras. Eran los ochenta y España acababa de legalizar su uso tres años después de aprobar la Constitución. ¿Fue un avance hacia la libertad o un negocio a costa de las clases más desfavorecidas? Depende de a quién se le pregunte.

Lo que está claro es que la industria de los juegos de azar movió en España 40.678 millones en 2018, es decir, el 3,3 % del PIB español o -visto de otra manera - casi cuatro veces el presupuesto gallego para el mismo año. Por lo tanto, el volumen de negocio es significativo y por eso mismo conlleva un conflicto de intereses. Solo en Galicia existen 12.778 máquinas recreativas autorizadas, sin contar las de apuestas deportivas.

Manuel coincide con la inmensa mayoría de jugadores con los que ha compartido tiempo en la rehabilitación: «Lo peor que te puede pasar es ganar». El día en que su vida dio un giro fue cuando ganó 240 euros tras haber metido tan solo 20 céntimos en una tragaperras. «Lo que más me gustaba era la inmediatez, saber que en cuestión de segundos puedes ganar mucho dinero a cambio de una apuesta ínfima», explica. «En el momento que gané pensé que podría vivir de esto», nada más lejos de la realidad. Perdió su trabajo, algunas de sus amistades y tardó mucho tiempo en reconstruir la confianza con su familia: «Empecé gastando la vuelta del café y acabé debiendo más de 40.000 euros al banco». Pero el suyo no es un caso aislado.

Agalure (A Coruña) y Agaja (Vigo), las dos únicas asociaciones gallegas que tratan la ludopatía detectaron casi 6.000 casos en los últimos 25 años, pero estas son solo las personas -mayoritariamente hombres- que pidieron ayuda, o más bien sus familiares, que es el caso más habitual.

Con todo, el problema va más allá. Desde el año 2013 han surgido con fuerza en España las máquinas de apuestas deportivas en vivo, que aunque comparten emplazamiento con las viejas tragaperras, han diversificado el perfil del consumidor y la adicción al juego ha calado, especialmente, en los menores de edad.

De hecho, según el último estudio de la Universidad de Santiago de Compostela relacionado con la ludopatía y dirigido por el psicólogo Antonio Rial, casi uno de cada cuatro menores gallegos reconoce haber apostado alguna vez y entre 400 y 500 jóvenes de entre 12 y 17 años tienen, directamente, un problema con el juego.

 Lei do Xogo de Galicia

Ante el clamor social y gracias a la presión por parte de asociaciones que ayudan a las personas que tienen problemas con el juego, la Xunta ha puesto en marcha el anteproyecto de la Lei do Xogo de Galicia, que ha sido bien recibida por la patronal, pero no tanto por las asociaciones.

Una de las características más llamativas es que la Comisión do Xogo de Galicia la componen cargos políticos y representantes de la patronal, mientras que las asociaciones de exjugadores se quedan fuera como asesores puntuales.

Aunque sí que es cierto que se limitará el numero de casas de apuestas y de salones de juego a 41 y 118 respectivamente, la preocupación de los expertos se centra en el juego on-line, que se ha triplicado en cuatro años, y las máquinas en los locales de hostelería. Unidas a las de las casas de apuestas, actualmente suman 3.935 por toda Galicia, una cifra que desde Agalure consideran «irresponsable», ya que «es en los bares y restaurantes donde más descontrol hay y donde los menores están más desprotegidos».

Por su parte, la Asociación Gallega de Empresas Operadoras se «opone radicalmente» a la instalación de un mando para controlar las máquinas a la manera del tabaco, porque «podría suponer la ruina para nuestros negocios en un sector modélico y todo un ejemplo de regulación».