Luis Miguel García Segura: «Nuestro cerebro no es al cien por cien masculino o femenino, es un continuo»

El neurocientífico y profesor del CISC asegura que hay pocas diferencias entre los dos sexos; sin embargo, «nos empeñamos en aumentarlas»


santiago / la voz

Luis Miguel García Segura, neurocientífico y profesor del CISC, participa en el décimo octavo congreso de la Sociedad Española de Neurociencia, entidad que él mismo presidió y que reúne en Santiago a 600 expertos de todo el mundo. El también doctor en Ciencias Biológicas imparte hoy una conferencia bajo el título Las mariposas del alma femenina.

-¿Que hay detrás de ese título tan poético?

-Es un homenaje a una frase de Ramón y Cajal. De lo que voy a hablar es de que no hay tanta diferencia sexual en nuestra especie. Intentamos diferenciarnos con vestidos y a través de aspectos culturales, pero son mínimas. Donde sí se perciben esas diferencias es en las enfermedades mentales y neurodegenerativas. Las padecemos más los hombres, salvo la esclerosis múltiple, el alzhéimer, la depresión o la ansiedad. En la mujer, el alzhéimer aumenta tras la menopausia por la pérdida de la hormona sexual femenina estradiol, que protege el cerebro. Pero lo que hemos descubierto es que tras la menopausia, el cerebro sigue produciendo estradiol, aunque no lo hagan los ovarios. En las enfermas de alzhéimer esa producción de estradiol es menor, y eso contribuye a que la patología sea más grave o pueda empezar antes. Lo que quiero decir es que hay una determinación por parte de los cromosomas sexuales de cómo va a funcionar el cerebro con independencia de lo que digan las hormonas. Por supuesto, las hormonas tienen su papel, pero en la protección cerebral contra las enfermedades neurodegenerativas, el papel del estradiol cerebral es muy importante.

-Hasta hace poco se creía que los cromosomas masculinos y femeninos del cerebro marcaban la sexualidad. Pero ahora en la neurociencia esa afirmación ya no es tan contundente. ¿Qué ha cambiado?

-Ya hemos dicho que las diferencias son pocas, pero existen, sobre todo en relación a la reproducción y a la identificación de uno mismo como hombre o mujer. Lo habitual es que, si tú tienes el cromosoma Y, tengas testículos. Pero no depende solo de eso, participa también la testosterona que produce el testículo y que le dice al cerebro si, en efecto, se trata de un cerebro masculino. Claro, que todo eso puede fallar, podemos tener un cromosoma Y, tener testículos y nuestro cerebro identificarse como femenino, o al revés. Es muy importante por el debate de si la transexualidad es o no una enfermedad. Hay que entender que es un proceso natural de identificación sexual y hay que entender también que una cosa es la transexualidad y otra, la homosexualidad. El transexual tiene un cuerpo que no se corresponde con el sexo de su cerebro, pero no es que su cerebro se niegue a admitirlo por un capricho, es que ese cerebro es femenino. Hay muchas causas que pueden hacer que la diferenciación sexual del cerebro no coincida con la diferenciación sexual de los órganos genitales.

-¿Cómo afronta esa circunstancia una persona trans?

-Pongamos un transexual que se siente mujer, porque su cerebro es femenino. Es evidente que eso genera un malestar, porque no tienen el cuerpo que quieren tener. Ahí está la cuestión de quiénes somos realmente, ¿somos nuestro cuerpo o somos nuestro cerebro? Pues somos nuestro cerebro, porque es donde interpretamos lo que vemos, lo que oímos, lo que olemos y lo que sentimos.

-¿Y cuando, por ejemplo, se dice de un hombre que tiene una sensibilidad muy femenina?

-Es que la diferenciación sexual del cerebro no es un todo. Nuestro cerebro no es al cien por cien femenino o masculino, es un continuo. Hay un extremo masculino y otro femenino que, probablemente llevados muy al extremo, pueden ser casi patológicos. La diferenciación sexual del cerebro es más compleja que la física, que o tienes testículos o tienes ovarios, pero en el cerebro no somos cien por cien hombres o cien por cien mujeres; estamos más hacia un lado que hacia el otro, pero hay una variabilidad. Y otros muchos factores que intervienen; por ejemplo, en la libido de la mujer es muy importante la testosterona, o sea que ni siquiera en biología están estas cuestiones tan separadas. Nuestro cerebro es muy parecido, son cuestiones sutiles las que nos hacen sentir hombres o mujeres, pero la manera de expresar la masculinidad o la feminidad es muy amplia. Y luego está la enorme carga cultural que nosotros mismos nos hemos impuesto.

-¿Nos empeñamos en ponernos etiquetas?

-Totalmente. Nuestras diferencias no son tan grandes, nos empeñamos en aumentarlas. Ahora se habla de la igualdad de sexo, pero es algo muy reciente. No hay más que ver a lo largo de la historia las diferencias en el vestir, en las normas, en el lenguaje...

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