«Las madres mutilan a sus hijas para que sean como las demás»

Hayat Traspas, activista contra la ablación genital, presenta en Mugardos su documental «Huellas en la arena»


ferrol / la v oz

Hayat Traspas nació en Mogadiscio, aunque ha pasado casi toda su vida en Madrid, donde en el año 2007 fundó, junto con otras mujeres de su familia, Save a girl, save a generation. una organización desde la que luchan por acabar con la mutilación genital femenina. «Yo soy la primera mujer en mi familia a la que no se la han practicado», explica la activista que se encuentra en Galicia con motivo de la proyección de Huellas en la arena, un documental dirigido por Jon Cuesta, que narra el reencuentro de Traspas con sus orígenes somalíes. Tras el visionado del filme, que tendrá lugar hoy en el casino de Mugardos a las 19.30, la activista ofrecerá un coloquio en el que hablará, tanto de su historia de emigración, como de su lucha contra la ablación genital femenina algo que «por suerte o por desgracia me ha tocado vivir de cerca», ya que continúa una lucha emprendida por su madre, Asha Ismail.

«Mi madre no solo luchó por mi, sino por todas las niñas de su alrededor y ahora que sus hijas y nietas están a salvo tampoco ha parado», explica Traspas. Cuando llegó a España se dio cuenta de que había mucho desconocimiento sobre lo que es la mutilación genital femenina. «Yo podría haber sido una niña en riesgo y no había ningún protocolo para controlarlo», relata la activista sobre una problemática que afecta al rededor de 200 millones de mujeres, al rededor de todo el mundo y sobre la que «es necesario poner los pies en la tierra y darnos cuenta de que es una cosa que pasa en muchos lugares, no solo en países de África, en etnias diferentes y con creencias diversas».

«Los que la practican en Somalia y los que lo hacen en Colombia, no tienen nada que ver. No tienen la misma cultura, ni las mismas creencias», afirma y recuerda que «en la antigua Inglaterra también era una práctica común realizada con el fin de acabar con la histeria de las mujeres». «Lo único que tienen en común es un acto que se realiza para controlar los deseos de las mujeres y mantenerlas sumisas», comenta Traspas sobre una práctica que, asegura «te marca de por vida» y «te vuelve más controlable».

En algunos países, ya existe una legislación que prohíbe esta práctica lo que «es muy importante», aunque no soluciona del todo el problema sino que lo traslada a la clandestinidad. Es el caso de Kenia, donde existe una prohibición desde el año 2011 y en donde la organización de Traspas trabaja activamente. «La tasa keniana es muy alta pero no tanto como la somalí, porque es un país en el que conviven muchas etnias diferentes y solo parte de ellas practican la ablación mientras que la otra mitad lo desconoce o no lo quiere ver», y asegura que la presión social es mucho más grande en el país vecino. «Si tu eres una madre que vive en una ciudad de Somalia y esperas que tu hija se crie allí, aunque no estés de acuerdo, al prever el porvenir, la mutilas para que sea como las demás», explica Traspas y recuerda que la ablación «no la practican bárbaros ni salvajes, sino madres pensando que es lo mejor», algo que tan solo se puede evitar «educando y consiguiendo que se entiendan cuales las consecuencias y lo que realmente supone esta practica, pues existe un lapsus temporal que hace que no se relacionen los problemas que las mujeres tienen con las menstruaciones y a la hora de las prácticas sexuales, con la mutilación que se les realiza a los cinco años».

Además de trabajar sobre el terreno, Save a girl, save a generation, hace especial hincapié en la sensibilización de la sociedad española. «

Es importante que dejemos de desentendernos de lo que no nos afecta directamente», comenta Traspas, algo que considera especialmente importante «en una sociedad globalizada».do

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