Una influencer mexicana se cae de un balcón mientras practicaba «yoga libre»

Alexa Terrazas ha sufrido más de 100 fracturas por todo su cuerpo tras precipitarse desde una altura de 25 metro


La Voz

El yoga es una práctica saludable recomendada por multitud de profesionales de la salud, aunque en el caso de esta influencer mexicana ha resultado ser todo lo contrario. Conocida como Alexa Terrazas, esta instagramer es conocida en las redes por difundir fotos suyas en complicadas posiciones de yoga, como por ejemplo desde el balcón de 25 metros de altura desde el que se ha caído. Así lo cuentan medios latinoamericanos como Infobae.

Practicar esta provocadora modalidad, conocida como «yoga libre» le ha salido caro. De hecho, esta joven natural del estado de Chihuahua tuvo que ser operada por más de 100 fracturas por todo su cuerpo. Como dice la prensa internacional, le han tenido que reconstruir tobillos, rodillas y cara en una operación que ha durado más de 10 horas. Aún así, su noviazgo con el quirófano se prolongará en el tiempo y estará sedada las próximas 2 semanas.

Han sido los familiares de la propia Alexa los que han confirmado tanto su hospitalización, como su estado estable de salud. Además, tras conocerse en redes y en respuesta a un llamamiento del hospital, más de 100 voluntarios se han ofrecido para donar sangre para las transfusiones que necesita y necesitará.

La gran mentira de los «influencers»

Laura G. del Valle

Hace unos días, la popular prescriptora de moda Arii, que tiene 2,6 millones de seguidores en Instagram, perdió un contrato después de que solo lograse vender 36 camisetas de una marca con la que colaboraba. Su caso ha puesto bajo el foco la burbuja alrededor de un fenómeno que ha perdido credibilidad a medida que el dinero ha laminado su independencia como prescriptores

Jeffrey Anderson, neuroteólogo y profesor de la Universidad de Utah, mantiene la teoría de que los creyentes lo son por un sistema de recompensas. Así, en el momento en el que las experiencias religiosas ya no resultan motivadoras, las conexiones neuronales responsables de activar los centros de placer dejan de trabajar. Aparece entonces esa crisis de fe que tantos quebraderos de cabeza le ha dado en los últimos lustros a la Iglesia en Occidente. Precisamente en esta parte del mundo, donde la revolución digital domina cada esfera de la sociedad, otra crisis de fe de características similares comienza a abrirse camino. Y lo hace en ese lugar que para los más vetustos es el opio del pueblo millennial: Instagram. Esta red social, propiedad de Facebook, lleva años funcionando como la cantera oficial de influencers: esos carismáticos chavales que han pasado de estar en el Olimpo de las envidias a encontrarse en el ojo del huracán. Las mentiras tras haberse destapado que muchos engordan sus cuentas con seguidores, likes y comentarios falsos han dañado de manera irreparable su imagen. Pero el bombardeo constante de publicidad con el que azotan a sus followers ha sido el golpe definitivo. Las consecuencias son calamitosas. Los datos cantan. Los expertos lo explican.

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