Illas Lobeiras, las favoritas de los gallegos

Iago García
Iago García REDACCIÓN

SOCIEDAD

19 candidatas y solo un archipiélago vencedor. Con más de 400 votos estas islas con un faro erigido sobre rocas se impusieron a otras más reconocibles, como las Cíes, Ons o A Illa de Arousa. ¿A qué se debe su victoria? Sigue leyendo

29 ago 2019 . Actualizado a las 15:24 h.

«O Sil leva a auga e o Miño leva a fama», dice el refranero popular aplicado a los ríos gallegos. La misma fórmula podríamos usarla para nuestras islas. Si bien Cíes, Ons, Sálvora o Cortegada, englobadas en el Parque Nacional Illas Atlánticas, acaparan miradas y turismo, hay otros tesoros rodeados de agua salada por todas partes que también merecen atención. Así, la encuesta puesta en marcha en la web de La Voz bajo el título «¿Cuál es para ti la mejor isla de Galicia?», ha encumbrado a las Illas Lobeiras, ubicadas en la ría de Corcubión.

Este minúsculo archipiélago lo conforman Lobeira Grande y Lobeira Chica. En la primera, un faro se encendió por primera vez en 1909. El edificio, erigido sobre las rocas, mira al norte y desde él puede verse el faro de Fisterra. También la costa de Carnota. Aunque ahora está automatizado y sus estancias clausuradas, no era así a principios del siglo XX. Por aquel entonces, los temporales dejaban totalmente aislados durante días a los torreros. Un crónica del 13 de febrero de 1912 en este periódico daba fe de ello: «El suceso parece un episodio de Julio Verne. La furia de los elementos desencadenados estos días, tiene aislados desde hace más de un mes a seis personas que constituyen la población del faro instalado en el islote Lobeira». Y es que por su predominancia pétrea y su tamaño para muchos son más islotes que islas.

Hoy esta área rocosa deja atrás la crónica negra de tempestades y naufragios tan propia de la Costa da Morte, pero mira al futuro con incertidumbre. Su belleza hace que el goteo de visitas repunte en verano, pero llegar hasta el embarcadero de Lobeira Grande solo puede hacerse con una embarcación, dada su ubicación estratégica y requiere, según el estado del mar, cierta pericia porque las aguas son oscuras y los bajos pedregosos pueden jugar una mala pasada (por algo un faro aleja a los barcos).