La tecnología 5G, una amenaza para las previsiones del tiempo

La red utilizará el mismo ancho de banda que la información del vapor de agua, fundamental en cualquier pronóstico


El 5G es la respuesta de la ciencia para un mundo cada vez más conectado y que demanda servicios con extrema rapidez. También permitirá desarrollar algunos de los grandes desafíos tecnológicos que todavía están por llegar, como los coches y las ciudades inteligentes. La velocidad de esta red supera con creces cualquiera de sus versiones anteriores. En este sentido, el salto cualitativo se produce de forma exponencial.

Sin embargo, este invento que se diseñó para resolver problemas podría crear otros nuevos. El 5G requiere ondas de radio de muy alta frecuencia para transmitirse y resulta que el único ancho de banda capaz de sostenerlo está ocupado para la investigación científica. «É mesma banda do espectro electromagnético na cal se excitan as moléculas de auga da atmosfera e polo tanto e onde se mide o vapor de auga que utilizamos nos satélites meteorolóxicos», explica Juan Añel, investigador en ciencias atmosféricas del grupo Ephyslab de la Universidade de Vigo.

Los científicos de la atmósfera temen que el 5G pueda introducir ruido electromagnético en el trabajo que realiza la red satelital que orbita la Tierra para medir la cantidad de agua en estado de vapor. Esta inesperada interferencia podría tener un impacto negativo en los pronósticos del tiempo. «Un satélite que orbita o planeta o que fai é lanzar unha sinal contra a atmosfera e detectar todo o que se está excitando nunha determinada banda do espectro electromagnético. Se finalmente se engade unha nova sinal que pisa ao vapor de auga, cando o satélite trate de medir non saberá distinguir se a sinal que recibe procede realmente do vapor de auga ou a unha cantidade de importante de móbiles emitindo nesa banda do espectro», comenta Añel. De momento esta cuestión se encuentra en manos del subcomité de tecnologías medioambientales de Estados Unidos.

El caso Sandy

El 22 de octubre del 2012 se formó en el Atlántico un sistema de bajas presiones que acabaría pasando a la historia. Sandy dio sus primeros pasos como tormenta tropical, impactó en los Estados Unidos como huracán de categoría 3 y finalmente acabó convirtiéndose en una supertormenta.

El temporal asociado a Sandy que asoló la costa este y que dejó setenta muertos fue estudiado posteriormente por la comunidad científica. La investigación posterior desveló la importancia que jugaron los datos del satélite a la hora de trazar el recorrido del huracán.

Científicos del modelo europeo de predicción Ecmwf decidieron realizar una serie de experimentos en el año 2014 sobre la trayectoria que tomó el potente sistema de bajas presiones. Uno de los aspectos sobre el que decidieron probar fue el vapor de agua. Y descubrieron que, modificando este parámetro, la trayectoria que realizaba el huracán cambia notablemente. En lugar de predecir el impacto en Nueva Jersey y Nueva York, el pronóstico sin los datos de vapor de agua señalaba que Sandy tocaría tierra por Maine, más hacia el norte.

El caso de Sandy demuestra la importancia que supone la cuestión del vapor del agua. Eliminar esta información tendría graves consecuencias para los meteorólogos, un trabajo que ya resulta muy complicado con toda la información de la que se dispone actualmente. La atmósfera actúa como un sistema caótico y cada dato es importante. Una predicción parte de unas condiciones iniciales y si no se han tenido en cuenta determinados parámetros el resultado final no reflejará la realidad.

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