Ocho de cada diez menores de seis meses tienen presencia en Internet

Antes de cumplir cinco años circulan por la Red un millar de imágenes de cada niño

Los expertos advierten de los riesgos que supone dejar una huella digital de los menores
Los expertos advierten de los riesgos que supone dejar una huella digital de los menores

redacción / la voz

Las redes sociales son lugares para adultos, pero están repletas de fotos de bebés y niños. Los padres suben sus fotos y no preguntan, los familiares tampoco. La sobreexposición crece en vacaciones y en Instagram hay cuentas exclusivas de niños con miles de seguidores que se inspiran en las actitudes de los famosos. Más de cien millones de fotos han sido publicadas bajo la etiqueta #baby, mientras los expertos avisan del peligro que supone sobreexponer a los hijos en la Red.

Una encuesta elaborada por la firma de seguridad informática AVG en diez países, entre ellos España, recoge que el 23 % de los niños deja su primera huella digital desde antes de nacer en el momento en que sus padres publican fotos de sus primeras ecografías. A partir de ahí el porcentaje va en aumento y crece hasta el punto de que el 81 % está presente en Internet antes de cumplir los 6 meses.

La cifra va en ascenso durante los primeros años de la infancia y es un fenómeno que tiene hasta nombre: sharenting, un anglicismo que combina la palabras sharing (compartir) y parenting (crianza). 

Un estudio publicado en el Reino Unido por la compañía Nominet revela que los padres publican en redes sociales cada año alrededor de 200 fotografías de sus hijos menores de 5 años. Esto implica que antes de cumplir los 5 años, circularán por la Red unas 1.000 imágenes de cada uno de estos pequeños.

«Cuando los padres comparten fotografías de sus hijos pueden no ser conscientes de los riesgos», advierte Silvia Martínez, directora del máster universitario de Social Media: Gestión y Estrategia de la UOC. «La mayoría mantiene un perfil público, con lo que esa imagen podría ser vista por cualquier usuario. Aunque los padres limiten la exposición de su perfil haciéndolo privado, a veces los conocidos o familiares comparten esas imágenes que les han llegado, incluso sin disponer de una autorización, por lo que se amplía el alcance».

«Al publicar contenidos en plataformas tecnológicas como las que conforman los social media cedemos a las empresas derechos sobre su uso y tratamiento», dice. Es cierto que las condiciones de servicio de Facebook especifica que los derechos de propiedad intelectual de una imagen serán siempre de su legítimo autor. Pero al seguir leyendo sus permisos la red social especifica que cada vez que se comparte una imagen se le otorga «permiso para almacenarla, copiarla y compartirla con otros» y que el contenido eliminado «puede seguir siendo visible». 

Martínez avisa que «compartir contenidos y narrar cada logro que los hijos consiguen, comentar sus gustos, indicar los sitios que visitan o mostrar espacios privados pueden desencadenar peligros mayores. Estos datos ofrecen información a terceros que pueden intentar alcanzar fines delictivos o atentar contra la integridad de esos hijos».

Más allá de un posible ciberacoso o uso fraudulento de este material, las repercusiones no son banales. La experta lo explica: «Se contribuye a crear una identidad con la que el interesado puede no sentirse representado o cómodo, y terminar incluso sintiéndose avergonzado por ciertas situaciones o información muy personal que se puede llegar a mostrar».

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