¿Qué se puede hacer con las algas en las playas? Mejor dejar que las lleve el mar

Javier H. Rodríguez. / R. R. REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Praia Madorra.La Praia da Madorra amanecía este martes cubierta de algas verdes.
La Praia da Madorra amanecía este martes cubierta de algas verdes. Sergio Trabazo

Salvo cuando afectan a bancos marisqueros, ya que asfixian a las especies de bivalvos

07 ago 2019 . Actualizado a las 12:11 h.

La aparición masiva de algas seguirá pintando de verde las playas gallegas. Al menos en las más expuestas a las corrientes. Y, muy probablemente, irá en aumento en los próximos años debido a la mayor radiación solar que se espera en verano y al aumento de la temperatura del agua.

Pero, aunque puedan molestar a algunos bañistas, lo cierto es que la proliferación de algas verdes en la arena es un indicador infalible de que están cumpliendo con creces su función de filtro natural: controlar el exceso de nutrientes del océano. Un signo de calidad.

Pero, ¿qué es lo que deberían hacer los concellos ante esta acumulación que los bañistas consideran molesta? Pues depende en qué áreas se ubiquen. Si se depositan en las playas sin zonas marisqueras lo más aconsejable es dejarlas y esperar a que el mar haga su función. Así lo explica el profesor del departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidade de Vigo Mariano Lastra, quien resalta que son «son garantía de calidad ecológica de las playas, dado que son el alimento de muchas especies de enorme interés para el funcionamiento saludable del ecosistema». Además de estimular la microbiología, ayudan a retener arena frente a la erosión del viento y del mar, fortaleciendo las zonas de dunas. Y esta recomendación es la que ha seguido, mayoritariamente, el Concello de Nigrán.

Otra cosa muy distinta es si invaden los bancos marisqueros. Esta es una de las grandes preocupaciones que ocupa el trabajo de Javier Cremades, profesor del grupo de investigación de Biología Costera de la UDC. Explica que para que el marisco de la orilla no se ahogue ante la pérdida de oxígeno se deben llevar los restos de las algas a cuencas fluviales, lejos de las desembocaduras, para que los nutrientes se vayan redistribuyendo a lo largo de los cursos del ríos.

Además de las corrientes marinas, el viento y las altas temperaturas del verano, tanto en el agua como en la atmósfera, el factor clave para entender esta reproducción tan acelerada está en el exceso de nitrógeno y fósforo que contienen las rías gallegas «por culpa de usarlas como sumideros de la ganadería y de la agricultura extensiva», dice Cremades.

Aunque el sector primario influye notablemente con su gestión de los residuos orgánicos, especialmente la referida a los purines, otro factor no menos importante es la deforestación de las orillas de los ríos por toda Galicia. Las marismas y los árboles que crecen en zonas fluviales se nutren principalmente de las aguas que les brindan los ríos, pero no solo eso. A través de las raíces, toda la vegetación cercana al curso filtra los nutrientes que necesita para vivir equilibrando la composición orgánica del agua. Es decir, si un río pierde la mayoría de sus filtros, todo ese trabajo, que debería ser progresivo, lo acaban asumiendo a gran escala las algas verdes del océano.

El fenómeno llega a Asturias

En las playas de la vecina Asturias también se ha registrado un episodio de llegada masiva de algas. En este caso, los residuos son de ocle y Costas ha autorizado su retirada para reutilizarlos en la producción agraria como fertilizantes.