El origen de los días de la semana

Los planetas fueron los que originaron la duración de la semana. Si los griegos hubiesen tenido telescopio esta tendría nueve días.


la voz / redacción

Si usted sale a observar las estrellas en una noche con el cielo despejado y anota la posición de cada una de las tres mil que se pueden apreciar a simple vista y vuelve a hacerlo el mismo día, hora y lugar al año siguiente lo que comprobará es que ese cielo luce exactamente idéntico. Cada una de las estrella estará en la misma posición 365 días después. Todas, excepto cinco.

Esos cinco cuerpos no se comportan como el resto. Los antiguos sabios griegos ya se fijaron en esta anomalía y los llamaron planetas, término que significaba cuerpo errante. Para los griegos aquello solo podía ser obra de los dioses. ¿Cómo era posible que cinco objetos desobedeciesen las reglas que sí seguían el resto? Por esta razón decidieron bautizar a cada uno de ellos con el nombre de algunas de las principales divinidades de su mitología, como Marte, dios de la guerra, o Venus, diosa de la belleza. También decidieron organizar el tiempo en torno a estos cinco planetas o cuerpos errantes.

Así nació la semana que aún perdura actualmente. Lo curioso es que antaño no había telescopios y no pudieron ver Neptuno y Urano. Si los hubiesen observado hoy, la semana tendría nueve días. La Luna y el Sol, que dan nombre al domingo y al lunes, no son planetas, pero en la antigua Grecia dominaba el modelo geocéntrico del universo y creían que ambos también eran objetos errantes.

Para distinguir un planeta de una estrella hay que prestar atención a la luz. Si titila o parpadea se trata de una estrella; si se mantiene fija, estaremos viendo un planeta. Las estrellas son astros muy luminosos, pero se encuentran muy lejos: de hecho, la distancia no se mide en kilómetros, sino en años luz. Cuando la luz que emite una estrella alcanza la atmósfera terrestre, interactúa con las partículas de aire, que dispersan la luz en varias direcciones, generando un efecto similar a una vibración. Los planetas, al contrario que las estrellas, son cuerpos que no emiten luz propia, pero sí rebota en ellos la luz que les llega desde el Sol.

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