Antón Corral: «Hai gaita galega por toda España»

Antón Corral tuvo el anhelo de transmitir y recuperar los instrumentos tradicionales y ha dedicado buena parte de su vida a ese mundo como instrumentista, maestro y artesano tradicional

Á.P.
la voz

Antón Corral tuvo su primer contacto con la gaita a los ocho años, pero no se dedicó a ella hasta mucho más adelante. Trabajó como agente comercial y viajó por media España, pero esa profesión le acarreó problemas de salud. «Decidín dedicarme a algo que fora como unha terapia», cuenta. Así, este hombre nacido en A Coruña en 1936 y criado en Lugo se metió de cabeza en el mundo de las gaitas. «Era algo que me gustaba pero daquela non tiña nin idea. Tiven unhas nocións pequenas, verbais, que me deron personaxes moi importantes no mundo da gaita como Amadeo Goyanes de Monforte e, especialmente, José Seivane, con quen tiven moita relación», explica en su taller de Tui. A partir de ahí, siguió de forma autodidacta.

Aprendiendo sobre la marcha, en seis meses construyó su primera gaita. Desde entonces, no ha dejado de tratar de mejorar la calidad de los instrumentos. Cuenta que le ayudó mucho tener contacto con los propios grupos y gaiteiros: «Eran esixentes e ían dicíndoche o que estaba mal, axudándote case sen querer».

Por entonces había pocos artesanos y no eran muy amigos de enseñar su trabajo. Sin embargo, a Antón Corral siempre le gustó transmitir, por lo que se dedicó a dar clases de gaita y, cuando ya empezó a manejarse en su fabricación, también quiso enseñar el oficio. «Deume a obsesión de que o obradoiro tiña que ser escola», cuenta. Comenzó a trabajar en el taller escuela de la Deputación de Lugo, después en la escuela de gaitas de Ortigueira y luego volvió a Lugo con la idea de formar una cooperativa para aprovechar que se estaba recuperando el mundo de la gaita. Pero en el 1982 recibió una llamada del Concello de Vigo, interesado en montar la Escola de Artes e Oficios, que fue un éxito. Llegaron a tener cursos de más de 100 personas, donde los alumnos aprendían a construir y a tocar los instrumentos. Allí empezaron personajes tan reconocidos hoy como Carlos Núñez o Anxo Pintos. En esta escuela, Antón dio clases hasta que se retiró en el 2001: «Conseguín o que quería».

Desde entonces, trabaja en su taller en Tui y sigue construyendo gaitas a sus 83 años. Cada instrumento le lleva alrededor de 15 días, pues sigue el proceso artesanal que, cuenta, ha evolucionado mucho desde que empezó: «Daquela había tres tipos de punteiros, pero hoxe hai 14 ou máis». Los pallones originales eran de caña, pero ahora ya los hacen de plástico porque se mantienen mejor; la madera tradicional era la de boj, pero algunas tropicales también van bien; los foles también han cambiado los materiales. Esta evolución, junto a los gaiteiros que están haciendo giras, dice Antón, hace que la gaita gallega tenga muchas posibilidades. «Hai gaita galega por toda España», ratifica.

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