¿A qué huele la Luna? Así lo describieron los astronautas

Antes de que Armstrong pusiera un pie en la superficie lunar arrojó una bolsa de basura al suelo


El aterrizaje del Eagle fue tan suave que los amortiguadores no se hundieron del todo. «La escalera quedó a medio metro del suelo y Armstrong tuvo que dar un salto importante», asegura Clemente, autor de Un pequeño paso para (un) hombre. El artículo entre paréntesis matiza algo sobre la frase más famosa de la historia. «En la retransmisión no se aprecia muy bien pero dijo «este es un pequeño para un hombre y un gran salto para la humanidad». La preparó con antelación. Unos meses antes le preguntó a su hermano qué le parecía la cita», sostiene.

Sin embargo, antes incluso de que el comandante dejase su huella en la superficie, un objeto tocó el suelo, la basura. «Durante el descenso Aldrin le pasó a Armstrong una bolsa de desperdicios, que llevaba manuales, plásticos y restos de alimentos. Armstrong la escondió debajo del módulo lunar», comenta Rafael.

El tiempo de actividad extravehicular duró 2 horas 31 minutos y 40 segundos. «Magnífica desolación», dijo Aldrin sobre el paisaje que tenía en frente. A continuación comenzó a realizar uno de los experimentos que tenía previsto, describir la gravedad lunar. «Debía probar las tres maneras de caminar con aquel peso de unos cuarenta kilos a la espalda; paso a paso, balanceándose de lado a lado y saltando con los pies juntos y determinar cuál era la mejor forma para moverse. Al final hacía lo que podía». También instaló el reflector que sigue funcionando a día de hoy y que sirve para medir la distancia entre la Tierra y la Luna. 

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Por su parte, Armstrong lo graba todo. Se encargó también de instalar una placa. «Aquí hombres de la Tierra aterrizaron en la Luna. Venimos en paz en nombre de la humanidad». Y la bandera, lo cual no resultó tan fácil. «Eran incapaces de clavarla. El asta tenía una punta de acero y se caía. Todo esto en directo. Finalmente consiguieron estabilizarla pero cuando el módulo despegó, Aldrin comprobó por la ventana que el arranque de los motores había tirado otra vez la bandera», subraya Eduardo. De regreso al módulo principal Columbia, donde esperaba Collins, percibieron un aroma nuevo. «Lo describieron como algo que no era demasiado intenso y que se parecía a la pólvora, como el que queda después de una exhibición de fuegos artificiales», comenta García. Era el olor de la Luna.

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