¿Dónde está mi nave espacial?

De alguna manera, hoy es como si todos llevásemos nuestra pequeña nave espacial en el bolsillo


Ingeniero Agencia Espacial Europea

Hace ahora 50 años de la llegada del hombre a la Luna, el mayor hito en la exploración humana después del descubrimiento de América hace unos 500 años. Este evento es el símbolo de toda una época en que el mundo tenía todas sus esperanzas puestas en la tecnología, y su desarrollo parecía no tener límites, extendiendo su influencia al mundo del arte, la arquitectura, la música y el cine, desde el centro Pompidou hasta Odisea 2001 pasando por David Bowie. En una sociedad donde la mayoría de los hogares no tenía televisión, el alunizaje invitaba a soñar y muchos niños deseaban algún día poder viajar en su propia nave espacial. Sin embargo, después de 50 años, hay gente que se pregunta ¿por qué no hemos vuelto a la luna?, ¿por qué la industria espacial no cumplió nuestros sueños?, ¿dónde está mi nave espacial?

Desgraciadamente la tecnología no evoluciona siguiendo nuestras expectativas y no se desarrolla tan rápido como los sueños de un niño, sino que avanza un poco a saltos, siguiendo los descubrimientos científicos de cada época en un proceso que se ha repetido en innumerables ocasiones durante toda la historia.

La tecnología de los cohetes de propulsión, clave del desarrollo espacial, se sigue basando en los mismos principios básicos descubiertos hace más de 50 años. Hay quien pueda pensar que no ha habido una gran evolución posterior o que no se cumplieron las expectativas generadas tras la llegada a la luna, pero esto no puede estar más lejos de la realidad. El desarrollo de la tecnología espacial ha avanzado enormemente en las últimas décadas, de la mano de otros avances en microelectrónica y telecomunicaciones, y nadie puede dudar de las innumerables aportaciones a la humanidad. Nuestra sociedad de hoy en día no se puede entender ya sin la influencia que ha tenido la industria espacial, no solo a nivel global en las comunicaciones y los sistemas de navegación, sino en cosas tan simples como las cámaras o las memorias de nuestros móviles. De alguna manera es como si todos llevásemos nuestra pequeña nave espacial en el bolsillo, aunque no nos demos cuenta porque forma parte de nuestras vidas, ya sea para compartir nuestra ubicación de satélite para ir a una cena, o para saber si mañana lloverá o podremos ir a la playa. 

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