La copa menstrual es tan segura y efectiva como las compresas o los tampones

Un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health ha corroborado su eficacia


la voz

La copa menstrual es tan segura y efectiva como las compresas o los tampones. Además, tiene un menor impacto ambiental y un coste económico mucho más bajo que las alternativas más usadas. Aún así, sigue siendo una gran desconocida para las mujeres. Un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health ha corroborado su eficacia recopilando los datos de 43 estudios diferentes a lo largo del mundo con los testimonios de más de 3.300 mujeres y niñas. 

¿Qué es la copa menstrual y cómo se utiliza? Es un dispositivo para la menstruación que se introduce en la vagina y recoge la sangre. Ahí está la primera gran diferencia con tampones y compresas, que la absorben. Se debe vaciar, como máximo, al cabo de 12 horas. Después de ese periodo es recomendable lavarla y volver a introducirla. Para higienizarla, se recomienda hervirla el primer día, antes de ponerla, y el último, para guardarla limpia para el mes siguiente. En el día a día, con agua y jabón neutro es suficiente. Las copas menstruales están hechas de diferentes materiales como silicona, goma o látex  y las hay de distintos tamaños y capacidades. Su vida útil es de alrededor de 10 años. 

Es un invento que surgió a finales del siglo XIX. Se comenzó a producir industrialmente en la década de 1930, pero el éxito fue escaso debido a la falta de materiales. En 1987 apareció en Estados Unidos la llamada The Keeper y, a pesar de las tres décadas de historia, solo entre el 11 y el 33 por ciento de las mujeres que viven en países de altos ingresos son conscientes de su existencia.

A nivel mundial, se estima que 1,9 mil millones de mujeres, aproximadamente el 26% de la población, tenían la edad de menstruar en 2017, con un promedio de 65 días al año. Aún así, hay pocas soluciones disponibles. 

El estudio publicado en The Lancet Public Health, proporciona información sobre fugas en comparación con otros productos, una lista de eventos adversos conocidos e información cuantitativa y cualitativa sobre la aceptabilidad tanto en los países de ingresos altos como en los de ingresos medios y bajos. También se evalúa la disponibilidad y los precios de las copas menstruales. 

Se comprobó que la fuga fue similar o menor al usar la copa menstrual que al usar compresas y tampones desechables. Además, algunos estudios indicaron una disminución del riesgo de infección con esta alternativa más desconocida. 

Se identificaron varios informes de casos de daño vaginal, quejas del tracto urinario y se reportaron cinco de síndrome de shock tóxico. Como no existen datos del número de usuarias de este método, no se pudo realizar una comparación con respecto a tampones o compresas. 

Los autores del estudio piden, eso sí, más investigación sobre el uso de las copas en las mujeres que utilizan el DIU ya que hubo 47 que se quejaron de problemas a la hora de retirarla durante la menstruación. Las copas no tuvieron efectos adversos en la flora vaginal.

Entre las conclusiones del estudio se resalta que siete de cada diez mujeres que la prueban continúan utilizándola. También se resalta que su adopción requiere una fase de familiarización. 

En cuanto a coste económico y ecológico la diferencia es clara. Usar una copa menstrual supone apenas el 5 % del precio de usar 12 compresas o tampones por período durante 10 años. Además, en esa misma década, el residuo plástico generado por una copa es un 99,6% menor que el de usar compresas y un 94% menor que el de usar tampones. 

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