El cabrestante de un barco del siglo XVIII, vendido a Inglaterra, regresa a Galicia

La pieza, que movía las anclas, se recicló en Burela, se vendió al extranjero, donde salió a subasta, y ahora se conserva en Bueu


Bueu / La Voz

El Museo Massó, en Bueu, ha adquirido recientemente una de sus piezas más extrañas ?en una colección marítima donde las rarezas abundan?. Se trata de un cabrestante, una pieza que servía para manejar las anclas y que tiene tres siglos. Es una ejemplar excepcional tanto por su función y edad como por las mil peripecias que vivió hasta acabar, por fin, su periplo en el museo buenense.

Este cabrestante parece una mesa de sólida madera de robles con una configuración algo inusual. Ahora bien, cuando estaba enclavada en un navío del siglo XVIII ?no se sabe cuál ni su procedencia? era un elemento fundamental para el buen funcionamiento del buque. Es, además, uno de los escasísimos ejemplos de cabrestante antiguo que existen en España.

El primer registro que se tiene de esta pieza procede de Burela. David Sanesteban, propietario de Antigüedades Nautilus, de Ferrol, fue quien supo de su existencia hace ya más de quince años, cuando un arquitecto de Burela le informó de su hallazgo, en el desván de la conservera antigua de esa localidad lucense. Nadie sabe cómo acabó en Burela. Pudo proceder de un barco naufragado o de un navío desguazado. Su uso en la fábrica debió de ser similar al que tenía en el mar, mover materiales de gran peso, aunque en vez de hacerlo con anclas lo haría con otras cosas.

Cuando Sanesteban, que se autodefine como un «buscador de piezas anómalas, de lo que no hay», lo vio, quiso comprárselo a Julio César Barrionuevo, que lo había rescatado y trasladado a su vivienda. «No llegamos a un acuerdo», relata el anticuario, que desistió de su adquisición.

Mejor fortuna tuvo un especialista inglés en antigüedades náuticas, Peter Laurie, que lo compró y lo llevó a Inglaterra. Parecía que Galicia había perdido la oportunidad de exhibir algún día esa pieza tan original. Durante años no se supo nada hasta que un día Sanesteban recibe aviso de que una pieza que se parecía mucho a la de Burela había salido a subasta en Inglaterra.

Cotejado el ejemplar con fotos de sus días en Burela, se identificó como el cabrestante lucense. Y ahora sí que el anticuario ferrolano la pudo adquirir. «Hay pocas piezas de trozos de barcos de esa época, hay instrumentos de navegación, pero de un barco normalmente lo único que se conservaba era el mascarón». Consciente de la rareza de su hallazgo lo volvió a traer a Galicia y lo vendió al Museo Massó, donde se exhibirá como una de sus joyas de navegación histórica.

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