¿De verdad nos está saliendo un cuerno de tanto usar el móvil?

Dos investigaciones asocian la presencia de una protuberancia en el cráneo al abuso tecnológico


REDACCIÓN / LA VOZ

Varias personas han llegado a la consulta de su médico en los últimos días preguntando si, realmente, podrían tener un «cuerno» en la cabeza. Ha pasado en Galicia y no deja de ser una anécdota, sí, pero, ¿es posible? La alerta la han dado los medios de comunicación de todo el mundo haciéndose eco de dos estudios. El último, que salió a la luz en el año 2018 en la revista Nature, ha sido rescatado por obra y gracia de la BBC que ha publicado un artículo titulado: «Cómo la vida moderna está transformando el esqueleto humano».

En el punto de mira está David Shahar, un investigador de la Universidad de Sunshine Coast en Queensland (Australia), que ha concluido que ese cuerno «estaría vinculado a posturas aberrantes sostenidas asociadas con la aparición y el uso extensivo de tecnologías contemporáneas de mano, como teléfonos inteligentes y tabletas. Nuestros hallazgos plantean una preocupación sobre la futura salud musculoesquelética de la población adulta joven y refuerzan la necesidad de una intervención de prevención a través de la educación para mejorar la postura», resume. Shahar estudió junto a su equipo 1.200 radiografías de los cráneos de varios pacientes de entre 18 y 86 años. Inesperadamente, la prevalencia del «cuerno» fue mayor en el grupo de 18 a 30 años. El nuevo hueso más largo que hallaron fue de 3 centímetros en un hombre y de 2,7 en una mujer. La explicación que encontraron está en la vida moderna. En la postura encorvada que usamos para mirar las pantallas, cada vez, durante más tiempo.

¿Qué pasa en realidad? Propiamente hablando, no es un cuerno, es una protuberancia occipital externa y no es algo nuevo. «Se trata de lo que conocemos como exostosis que se forma debido a un sobreuso muscular. Claro que es posible que aparezca, pero no sabemos si es debido a las nuevas tecnologías. Creo que es una línea de investigación antropológica muy interesante pero aún queda mucho por investigar», asegura Vanessa González Vilariño, traumatóloga del Hospital Quirón de A Coruña. «Es muy parecido al espolón calcáneo, un crecimiento del hueso del talón en forma triangular o de lanza. Se produce cuando la fascia plantar (tejido elástico que une el talón con la zona de debajo de los dedos del pie) está sometida a excesiva tracción y sobrecarga, generando unas microrroturas en su inserción. Esta parte se calcifica formándose esa especie de «hueso». Es un sobreuso de la fascia plantar por correr, por sobrepeso... Hablamos de algo parecido, pero a nivel occipital», explica la experta.

La cabeza promedio pesa alrededor de 4,5 kilos. Al mirar el móvil, estiramos el cuello y nos inclinamos hacia adelante. Lo que ocurre, es que los músculos que conectan la espalda con la cabeza se tensan y «se defienden» creando nuevas capas de tejido óseo. Es decir, sí que podemos tener ese mal llamado «cuerno». Incluso, podríamos llegar a tocarlo. «Sí que puedes palpar esa protuberancia y notar como un pequeño bultito porque es un hueso. Depende, básicamente, de la longitud que tenga», explica Vanessa González Vilariño. Pero todo esto está muy lejos de formar parte de la evolución del ser humano, se trata de algo adaptativo. «Nuestro cuerpo se adapta por un sobreuso excesivo. Es algo adquirido y ni siquiera es beneficioso. Por tener ese hueso no mejora nuestro balance o equilibrio. Tampoco, en principio, es perjudicial. Lo único que nos indica es que debemos mejorar la higiene postural», aclara la doctora.

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El Homo tecnologicus se despierta cada día con el móvil en la mesilla de noche o debajo de la almohada. Al abrir los ojos, lo primero que ve es la pantalla de su smartphone: un repaso por los wasaps sin leer, revisión al e-mail, lectura de las primeras noticias del día... Todo, antes de salir de la cama. De camino al trabajo, la postura es la habitual, cascos puestos y cuello casi siempre inclinado mirando hacia abajo. La vista en el móvil por si llega algo, por si pasa algo, por si se pierde algo. No son ni las nueve de la mañana pero los dedos pulgares ya han tecleado decenas de cientos de palabras. Al llegar a su puesto, el Homo tecnologicus enciende el ordenador, al que estará mirando hasta la pausa para comer. Hora de revisar el teléfono. Ordenador, móvil, ordenador, móvil... hasta llegar a casa. El momento de desconexión del día. Tiempo para ver una serie en la televisión o la tableta. De nuevo, en la cama, antes de cerrar los ojos, contesta a los últimos wasaps. Echa un último vistazo a esa prolongación del brazo que no ha soltado prácticamente en las últimas 14 horas.

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