El tetrapléjico inglés que quiere morir como Ramón Sampedro

Paul Lamb reclama su derecho ante el Tribunal Superior y se pregunta: ¿Por qué se me debe hacer sufrir?

Homenaje a Ramón Sampedro
Homenaje a Ramón Sampedro

londres / corresponsal

Paul Lamb es un hombre británico por una parálisis de cuello para abajo y vive con dolores constantes. Con su caso, que recuerda a la del gallego Ramón Sampedro, quiere que Reino Unido cambie el derecho a la muerte asistida e intenta que el Tribunal Superior cambie la ley.

Lamb resultó gravemente herido en un accidente de tráfico en 1990. Ahora, a sus 63 años, solo puede mover la cabeza y tiene un movimiento limitado en el brazo derecho y pide una revisión judicial de la legislación que hace que sea un delito la ayuda al suicidio. A este británico le gustaría poder terminar su vida en el momento y forma que sea de su libre elección, alegando que la ley actual viola los derechos humanos contra la discriminación y el respeto a la vida privada.

Su solicitud ante el Tribunal Superior argumenta que tiene una discapacidad irreversible que le causa un dolor y un sufrimiento intolerable, por lo que desea poder quitarse la vida en el momento en que considere oportuno. Argumenta, además, que su discapacidad lo hace incapaz de quitarse la vida, a diferencia de una persona sana.

«He estado luchando contra este derecho humano fundamental desde el 2013», explica Lamb. «Necesito tener la tranquilidad de poder tomar la decisión de terminar mi vida con dignidad. Estoy hablando de mi vida, de mi decisión, ¿por qué se me debe hacer sufrir?», defiende el británico. Su caso recuerda a muchos al del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, que abrió el debate sobre la muerte asistida en España, pues Lamb toca de lleno en un tema tabú y por resolver en la sociedad inglesa. De hecho, reconoce como quiere pelear por esta causa, no solo por él, sino por muchos otros que están en su misma posición y apela a la necesita poner fin a la ley actual, que tilda de «cruel y discriminatoria».

Lamb tiene claro que la ley actual le pone a él ya otras personas con discapacidades severas ante una desventaja particular, porque les impide ejercer su autonomía sobre la decisión fundamental de terminar con una vida de sufrimiento intolerable. Ahora, desde la organización Humanists UK, que promueve el pensamiento libre y el humanismo para crear una sociedad tolerante, su presidente ejecutivo, Andrew Copson, tilda de «vergonzoso que Paul tenga que enfrentarse a la perspectiva verdaderamente terrible de morir de hambre y que se le rechace un final digno y pacífico a su vida».

En el 2013, el Tribunal de Apelación británico ya había rechazado la petición presentada por la viuda de Tony Nicklinson, que falleció en agosto del 2012 en plena batalla legal por el derecho al suicidio asistido, de que un médico pudiera ayudar a suicidarse a una persona imposibilitada.

En esa línea, Lamb pide ahora que en el actual debate «no se necesita la simpatía, sino la compasión y el respeto» y recuerda como Nicklinson murió pidiendo ayuda y cómo sus «súplicas desesperadas fueron ignoradas». Ahora, Lamb defiende que se enfrenta a una situación trágica similar y pide a la sociedad un tratamiento que no sea «cruel e injustificable».

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