El galeón de Ribadeo, un tesoro único, a la vista tras cuatro siglos enterrado

No hay otro pecio igual en el mundo y seguirá oculto hasta que haya medios para intervenir con garantías


ribadeo / la voz

«Habrá un antes y después del galeón de Ribadeo. Va a ser citado cada vez que se hable de construcción naval en el siglo XVI. Este galeón va a pasar, sin duda, a los libros de historia». Lo afirma el arqueólogo submarino Miguel San Claudio, que las tres últimas semanas ha dirigido la cuarta prospección sobre el buque que él descubrió en 2011 en la ría de Ribadeo, cuando supervisaba el dragado del canal del muelle.

En el siglo XVI el Imperio Español alcanzó su apogeo y con Felipe II llegó a ser la primera potencia. En aquellos tiempos, quien dominaba el mar, dominaba el mundo, y en las flotas, el galeón era el buque insignia. En 1597, Felipe II ordenó al escuadrón ragusano (la República de Ragusa, la actual Dubrovnik, era aliada de España) un nuevo intento de invadir Inglaterra. Desde A Coruña y Ferrol zarpó la flota con destino a Falmouth, en Cornualles. Como almiranta se situó un galeón, el San Giacomo di Galizia, un buque de 34 metros de eslora con una capacidad de carga de 1.200 toneladas y un centenar de tripulantes, que en sus misiones de traslado de tropas podía llevar 300 personas más.

Al aproximarse a la zona, un temporal impidió desembarcar a la mayoría de barcos. El resto fue recalando en el norte de la península ibérica, pero el San Giacomo di Galizia se encontró con tres barcos flamencos y uno inglés, con los que combatió, refugiándose finalmente en la ría de Ribadeo. El 13 de noviembre de 1597, por motivos que se ignoran, el barco, que había varado, se hundió. La tripulación y la tropa desembarcó auxiliada por la población de Ribadeo.

El barco quedó adrizado, ligeramente inclinado a estribor, salvándose lo posible, artillería, pertrechos y la arboladura. Incluso con la madera que se rescató, el armador del galeón, Giomo di Polo, pidió autorización para construir otro.

Toda esta información se ha podido acreditar con las tres intervenciones arqueológicas previas y peinando archivos como el de Simancas. Analizando la madera se confirmó que el barco había sido construido con roble de las inmediaciones del Vesubio. Los datos cuadraron: el buque hundido en Ribadeo era el galeón San Giacomo di Galizia, construido en Nápoles en 1590.

Estas semanas un equipo internacional de especialistas, con la colaboración de buzos de la Armada, lograron desenterrar una parte del esqueleto del barco. Hicieron una trinchera en la pila de lastre central para llegar a la cuaderna maestra y la carlinga, sobre la que se asienta el palo mayor con una masa compacta, similar al actual cemento. Cuatro siglos después, se observaba de nuevo el San Giacomo y se recababa valiosa información. Seguidamente, fue tapado de nuevo.

La importancia de este galeón radica en su singularidad y en su excepcional estado de conservación. «Los galeones de guerra españoles de esta época marcaron el inicio de toda una cultura marina de la construcción naval, que fue lo que permitió a Europa dominar el mundo. ¿Dónde colocar este barco? En el top ten de su época. No hay otro igual. No conocemos ningún otro galeón español de guerra del siglo XVI en el mundo», apunta Miguel San Claudio. Lo más parecido es el Mary Rose, el barco de guerra insignia del monarca británico Enrique VIII, construido en el siglo XVI, y la única nave de guerra de ese siglo que ha sido rescatada del mar. Mide como el San Giacomo, 32 metros, y se encuentra en Portsmouth.

Las maderas descubiertas son piezas soberbias perfectamente ensambladas, de un grosor (12 centímetros) que hablan de la categoría del buque. El casco, por ejemplo, estaba forrado de plomo, para que fuese más rápido.

Cada intervención sufragada por la Xunta se acomete bajo criterios científicos, reuniendo a los mejores especialistas del mundo, que se prestan a colaborar. Saben que están ante un pecio único y actúan en consecuencia. «Lo que es necesario es continuar con el trabajo, seguir aprendiendo, conseguir nuevo datos, pero para eso necesitamos una infraestructura adecuada. Lo que no vamos a hacer es poner en riesgo el pecio o los objetos que contiene para excavar. Si nuestra generación es incapaz de gestionar esto, a lo mejor es preferible dejar que venga otra capaz de hacerlo, pero lo que es necesario es garantizar siempre la protección del yacimiento y en eso estamos», concluye San Claudio.

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