Una coruñesa con huesos de cristal consigue su sueño de conducir

Lucía aprobó el carné esta semana con un coche adaptado «y a la primera»


A Coruña / La voz

El techo de cristal de Lucía estaba en sus huesos. Estaba. Porque Lucía no tiene techo. Nació con osteogénesis imperfecta, una enfermedad que convierte el esqueleto en una estructura frágil, fácilmente rompible y que le ha obligado a pasar por el quirófano…

-Cantas veces?

-Operacións? Perdín a conta.

Lo que no perdió es sus ganas de tener una vida normal e independiente. Así que Lucía Carro Pérez, vecina de Coirós, acaba de derribar otra de esas teóricas barreras para personas especiales como ella: este 13 de junio se sacó, con 20 años, el carné de conducir «a la primera», entrecomillado que no podría suscribir mucha gente, este periodista incluido.

No valía cualquier coche. Ella apostaba por uno grande pensando en el traslado de su silla de ruedas, pero su monitor, Alberto Uzal, de la autoescuela Lesmar de A Coruña, le reconvino a un tamaño más modesto. Uzal se implicó con esta familia, al punto de recorrer concesionarios y asesorarles. Finalmente, Lucía optó por un Citroën C3 que, obviamente, debía someterse a una transformación de calado para adaptarse a ella. «Como mide 1,20 no le llega a los pedales, así que todo se controla desde el volante», explica Alberto. Y en ese coche adaptado, cuyas operaciones se dispararon a 7.000 euros, fue donde Lucía hizo las prácticas (menos de 30) y aprobó este miércoles día de San Antonio.

El incendio

Pero todo esto ocurrió después de un incidente a principios de año que obligó a retrasarlo todo. Su coche, su Citroën C3, llegaba desde Francia en un tráiler en enero. «Pero o tráiler ardeu e con el, o que ía ser o meu coche», relata Lucía sin perder la sonrisa. Desde el concesionario se movilizaron y no tardó en llegar una segunda unidad desde Madrid.

Monitor y alumna coinciden en que el día del examen ella estaba nerviosa. «Y fue un buen recorrido, llegamos a Santa Cristina (Oleiros) y pasamos por toda Coruña, fue un examen largo», explica Uzal. Se ponía fin así a unas prácticas que comenzaron en la parte trasera del puerto, sin tráfico. «Pero ese primeiro día xa me meteu por Catro Camiños», recuerda Lucía, quien compara su volante como el de un fórmula 1. «Eses pilotos tampouco usan as pernas», dice riendo.

«Ha sido una alumna excelente, muy centrada, consciente de las cosas que tenía que mejorar, tenía muchísima ilusión por poder conducir y lo ha conseguido», señala con orgullo el profesor Uzal. Cuando Lucía lo planteó en casa, a sus padres le surgieron algunas dudas. «No sabíamos cómo sería la adaptación al coche, reconozco que al principio no lo teníamos claro -explica el padre, Lolo Carro-; pero la vimos tan ilusionada que pusimos todo lo necesario para que lo consiguiera».

El carné, que tendrá físicamente en sus manos dentro de una semana, le ayudará a conseguir su siguiente objetivo. «Gustaríame traballar, bueno, teño que traballar», matiza. Estudió un ciclo medio de Gestión Administrativa en un instituto de Betanzos. Sus fracturas y operaciones no le impidieron desde pequeña cumplir un curso por año. No hay techos para Lucía. Ni de cristal ni de ningún tipo. Desde su 1,20 metros, con muletas o en silla de ruedas, le bastan las manos y el buen humor. «Agora ando un pouco fastidiada, rematou o grupo de pandereteiras», dice.

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