Una botella de 1973 aparece en una playa gallega

El recipiente no incluye ningún mensaje pero pone de manifiesto la terrible realidad de los plásticos


Antes de que la democracia llegase a España, una botella de lejía acabó en el mar. 46 años después, Hugo Álvarez, un vecino de Arteixo, se encontró con ella en la playa de Bens. «Participo como voluntario desde hace seis años en la Asociación Mar de Fábula, que se dedica a la limpieza de las playas gallegas. Actualmente estamos colaborando con la oficina de medio ambiente de la Universidade da Coruña en el arenal de Bens, tratando de investigar el origen de los residuos que allí se concentran, que no son pocos, por cierto», reconoce.

Hace unos días, durante su trabajo de campo, se topó con un objeto azul que destacaba entre todos los demás. Enseguida se dio cuenta de que era una botella. «Me gusta mucho cotillear así que me puse a ver su procedencia». En este caso, lo más importante de su descubrimiento en la playa coruñesa no era de dónde venía sino de cuándo. «Se trata de una botella de la marca Mar que fue producida el 1 de marzo de 1973 en la antigua fábrica de Pedramol de Vigo y su precio era de seis pesetas. Siempre me he encontrado con objetos que daba por hecho que debían de ser muy antiguos pero en ninguno aparecía la fecha como en este», confiesa Álvarez.

No es la primera vez que aparece una botella de esta marca en la costa gallega. El pasado mes de enero se localizó en la playa moañesa de A Xunqueira a su hermana mayor, elaborada en la misma fábrica viguesa el 1 de diciembre de 1967. Tanto una como otra se encuentran completamente intactas. «Conserva todas las propiedades plásticas e incluso se puede leer perfectamente lo que pone», asegura.

El sentimiento de Álvaro es de una alegría contenida. La botella no contiene ningún mensaje pero él entiende el significado que tiene su hallazgo. «Me puse contento porque ahora dispongo de una prueba física que tiene un gran valor y que podré usar para denunciar el problema medioambiental que representa la contaminación en los mares, en concreto de los plásticos», comenta.

Por sus dimensiones, la botella de lejía se considera como macroplástico. Después de casi cinco décadas vagando por el océano, el recipiente se encuentra en perfectas condiciones, algo que pone de manifiesto el daño que produce. Además, existen los microplásticos, a los que la comunidad científica se refiere como la amenaza invisible. El macro se degradada y termina creando partículas plásticas que entran en toda la cadena trófica, afectando desde las bacterias hasta los seres humanos.

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