Un estudio detecta que niños gallegos de 8 años han consumido pornografía

Las pantallas de móviles y ordenadores han sustituido a las revistas para adultos


Las pantallas e Internet son el hábitat natural de niños y adolescentes. Pero también son el hábitat natural de la nueva pornografía. Un estudio realizado por la red Jóvenes e Inclusión y la Universitat de les Illes Balears certifica que el impacto del porno en las capas más jóvenes de la sociedad y en sus relaciones interpersonales es cada vez más relevante. Y temprano. Según este trabajo, a nivel estatal la edad media de inicio en el consumo de este material son los 14,84 años. En Galicia sube muy ligeramente, hasta los 15 años. Sin embargo, las 2.500 encuestas realizadas en todo el país a jóvenes entre 16 y 29 años detectan casos -algunos gallegos- en los que ese primer contacto se produjo con tan solo 8. Edades «muy bajas» en las que para los autores del informe «no hay el nivel de maduración necesario para elaborar lo que se ve en las pantallas». Aunque ellos se inician en el mundo de los contenidos para adultos antes que ellas -la mayoría de los chicos dice hacerlo antes de los 16, mientras que la mayoría de chicas lo hace entre los 16 y los 18-, a nivel global, el 25 % de los niños de 13 años reconoce haber tenido ya algún contacto con el porno. A los 15 ya son la mitad los que han visto contenidos subidos de tono.

Adiós a las revistas para adultos

El acceso a esos contenidos se hace a través de las nuevas tecnologías. Atrás han quedado los tiempos de las revistas para adultos o las cintas categoría X. Ninguno de los encuestados en Galicia refirió haber utilizado medios impresos (revistas o libros) para consumir porno y un insignificante 0,3 % dijo haber usado DVDs o vídeos, mientras que solo el 1,7 % lo vio por televisión. Por el contrario, el móvil es el sistema más utilizado. Un 47,9 % lo emplearon para visitar contenidos de alta carga erótica, una cifra muy similar a los que reconocieron usar para ello el ordenador -un 46,2 %-.

Entre los múltiples motivos señalados por los encuestados gallegos para ver pornografía figura, en primer lugar, la curiosidad. El 41,8 % de los consultados apunta a esta razón, mientras que un 40,6 % lo hace para masturbarse. El estudio también destaca que un 23,9 % dice recurrir al porno para aprender sobre sexo. Es decir, uno de cada cuatro jóvenes gallegos acude a esa fuente como material educativo.

El problema, apuntan los autores del estudio Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, es que el amplio abanico de contenidos pornográficos y su fácil acceso les pone en contacto con prácticas de alto riesgo como las relaciones sin condón, el sexo en grupo sin protección, actos sexuales violentos e incluso representaciones de relaciones forzadas o violaciones. «La familiaridad con estas prácticas, en la nueva pornografía, es muy común y ha alterado la percepción sobre su aceptabilidad», apuntan los expertos. Además, el trabajo de campo realizado durante el año 2018 muestra que el consumo de pornografía produce impactos destacados sobre la percepción de hombres y mujeres. Así, uno de cada cinco jóvenes consultados en Galicia reconoció que ver este tipo de materiales afectó a la imagen que tenía de las chicas y casi un 23 % dijo lo mismo sobre los chicos.

Acceso a la prostitución

El estudio abre también la posibilidad de que la pornografía sea puerta de acceso a otros comportamientos. Por ejemplo, algo más del 45 % de quienes contestaron a las encuestas reconoció que tras ver porno incrementó de algún modo su adopción de conductas sexuales de riesgo. El informe incluso apunta a la relación entre contenidos eróticos y prostitución, ya que casi la mitad de los jóvenes dijeron haber recibido ofertas sexuales relacionadas con su consumo pornográfico. El 44,7 % dijeron no haberles hecho caso pero un 0,7 % reconoció haber tenido contactos sexuales directos gracias a los anuncios recibidos. A nivel estatal se registra incluso un 0,6 % de encuestados que se declara dispuesto a tener contactos pagados tras serle sugeridos cuando consumía porno. Dichos resultados llevan a los autores a considerar que la nueva pornografía «asequible, accesible y sin límite» aumenta la vulnerabilidad de niños y adolescentes de cara a prácticas como el pago por sexo o la violencia sexual.

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El escenario es de tormenta perfecta. Los estudios establecen que la media de edad de las primeras relaciones sexuales entre los jóvenes españoles se encuentra alrededor de los 15 años. A su vez, los datos del equipo del profesor Antonio Rial Boubeta de la USC hablan del creciente consumo de pornografía por parte de menores, que se ha duplicado en los últimos tres años. Y todo ello sin que dentro del sistema educativo español exista la educación sexual obligatoria. Todo se reduce a talleres puntuales, que algunos colegios conciertan motu proprio con ayuntamientos o asociaciones. Nada más.

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