José A. Sobrino: «Con los nuevos satélites podremos detectar incendios, terremotos o erupciones volcánicas»

El físico ourensano, catedrático en la Universidad de Valencia, está considerado como uno de los referentes internacionales en teledetección, premio Jaime I de Protección Ambiental


redacción

«Me ha sorprendido mucho, porque no me lo esperaba para nada, porque no sabía hasta qué punto la teledetección podía interesar tanto». José Antonio Sobrino (Outomouro-Ourense, 1961) pasó en poco tiempo del estupor a la satisfacción, cuando ya empezó a creerse que había sido galardonado con el premio Jaime I, concedido por un jurado formado por 19 premios Nobel, en la categoría de Protección del Medio Ambiente. Sobrino, catedrático de la Universidad de Valencia y presidente de la Asociación Española de Teledetección, es líder mundial en el campo de la protección ambiental a partir del uso de los datos suministrados por los satélites de observación de la Tierra, para lo que ha desarrollado «valiosos algoritmos» para estimar la temperatura de la superficie de la tierra y los océanos, la evapotranspiración, el efecto de la isla de calor en el aumento de temperaturas en las ciudades y los cambios en la cubierta vegetal del planeta.

«La teledetección -explica- es fundamental para hacer el seguimiento del cambio climático y para poder chequear la salud de nuestro planeta». Él es uno de los pioneros. Hace años fue, de hecho, asesor de las misiones por satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) y ahora trabaja, entre muchos otros proyectos, en un dispositivo de enorme resolución, el Sentinel 8, pendiente de su aprobación. Sobrino, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Valencia, donde dirige la Unidad de Cambio Global, también preside la Asociación Española de Teledetección. Ha publicado más de 200 trabajos en revistas internacionales y ha dirigido más de 60 proyectos de investigación, financiados tanto por la Agencia Espacial Europea (ESA), la Unión Europea o el Ministerio de Ciencia. También fue miembro de la ESAC y del comité asesor de la ESA para la Observación de la Tierra.

-Usted ha participado en varios proyectos de la Agencia Espacial Europea y ha formado parte del comité de expertos para varias misiones. ¿Cuál es su relación ahora con el organismo europeo?

-Si, hemos participado en numerosos proyectos financiados por la ESA, coordinando campañas de medidas para calibrar satélites lanzados por la agencia, para estudiar aspectos como el efecto de isla de calor urbana. En la  actualidad estamos participando en el proyecto TIRI-SIM (Thermal InfraRed Imager Scientific sIMulation study) para estudiar la viabilidad de lanzar en un futuro próximo un satélite de alta resolución espacial en el espectro térmico, que nos permita dar mapas de temperatura de la superficie terrestre con una resolución espacial entre 60 y 100 m. Eso tendría numerosas aplicaciones entre las que destacan la detección y caracterización de los incendios forestales, erupciones volcánicas, la estimación de la evapotranspiración de los cultivos... 

-Lleva años estudiando los cambios que sufre la Tierra a través de la información suministrada por los satélites. ¿Qué cambios son los que más le han impresionado a vista de satélite?, ¿cuáles son las mayores amenazas?

-La observación de la Tierra desde satélites artificiales es la única forma que tenemos de acceder a una visión global y diaria del mundo. Lo que nos permite hacer un seguimiento del planeta y cuantificar las variaciones de las variables climáticas esenciales. Todo lo referente al cambio climático es preocupante: el deshielo, la desaparición de muchos glaciares, la desaparición de lagos en todos los continentes, la deforestación, y además la urbanización.

-¿Se refiere a que estamos artificializando el suelo?

-Si se comparan las imágenes de satélite en el periodo 1986-2016 se observa claramente la profunda transformación del uso del suelo. En España, por ejemplo, la superficie urbanizada ya supone el 2,5 % del territorio. Se ha urbanizado una parte importante de la huerta de Valencia, de Murcia, el litoral.... Todo esto tiene un efecto sobre la pérdida de la biodiversidad, el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, la calidad del agua, del aire...

-Usted participó en el equipo que aprobó la misión Cryosat de la ESA para estudiar las fluctuaciones en el espesor de la capa de hielo. ¿Nos quedaremos sin hielo en el Ártico durante el verano en la próxima década, tal y como se viene anunciando?

-Participé como miembro del ESAC de la ESA en octubre del 2005 en recomendar el lanzamiento de Cryosat II, ya que desgraciadamente el Cryosat I no llegó a proporcionar datos por un fallo en el lanzamiento. El deshielo en el Ártico es un hecho. Hemos pasado de 8 millones de kilómetros cuadrados en septiembre a tener 3 millones en el 2016. Además, el espesor se ha reducido casi a la mitad. El aumento de temperatura en el Ártico está siendo superior a la media global, por lo que no sería de extrañar que a muy corto plazo desapareciera la capa de hielo en verano.

-¿Cómo nos afectará?

-La desaparición de la capa de hielo flotante en el Ártico no afecta directamente al incremento del nivel del mar. Sin embargo, la desaparición del hielo implica que la radiación solar, en lugar de ser reflejada al espacio, es absorbida y, por tanto, aumentaría la temperatura. Pero el deshielo de la capa de hielo de Groenlandia si afectaría al incremento del nivel del mar. Su total desaparición supondría aproximadamente una subida de 7 metros y muchas ciudades costeras desaparecerían bajo las aguas. El escenario actual según el informe IPCC de la UNESCO es que tenemos que contar con una subida de 50 centímetros de aquí al 2100 siempre que no aumentemos en más de 2 grados la temperatura respeto a la época preindustrial. En la actualidad estamos subiendo a un ritmo de 3 milímetros anuales, aproximadamente.

-La teledetección ha supuesto una revolución en el conocimiento de la Tierra, con múltiples aplicaciones. ¿Qué novedades nos esperan?, ¿será posible, por ejemplo, la detección de incendios en tiempo real?

-Estamos ante una apuesta por la teledetección en todo el mundo, con nuevos satélites y sensores que nos abren todo un abanico de posibilidades en el seguimiento y gestión del medio ambiente. Me centraré en el programa Copernicus de la Unión Europea, que está lanzando en cooperación con la ESA una nueva generación de satélites, denominados Sentinels que constan de seis familias de satélites.Permitirán, entre otras, cosas evaluar y detectar incendios, inundaciones, deslizamientos de tierras, erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis...

-¿La teledetección, entonces, es fundamental para conocer el estado de salud de nuestro planeta y evitar riesgos?

-La teledetección desde satélite es, hoy en día, imprescindible si queremos tener una visión clara del estado de salud de nuestro planeta.

-Sobre la situación general de la ciencia en España. ¿Cómo le ha afectado la crisis de los últimos años?

-Tanto en nuestro caso como en general, la reducción de la financiación ha supuesto el adelgazamiento de los grupos de investigación, muchos de nuestros investigadores, excelentemente formados, han tenido que continuar su trabajo en el extranjero. Otro efecto negativo es que tampoco hemos podido incorporar a nuevos investigadores por lo que se agrava el problema de la elevada edad media del colectivo. Parece que lo peor de la crisis ha pasado pero esto sólo lo veremos si los próximos presupuestos muestran una clara apuesta por el conocimiento como fuente de riqueza. Es necesario revitalizar las políticas de I+D.

-¿Se ha planteado alguna vez regresar a Galicia, donde también hay buenos grupos que trabajan en teledetección?

-La observación de la Tierra tiene acomodo en cualquier lugar del mundo y, especialmente, en aquellos lugares que como Galicia son un paraíso natural que tenemos la obligación de proteger y mejorar para las futuras generaciones. En Galicia contamos con excelentes profesionales que utilizan la teledetección en su trabajo diario, aunque no los enumere para no correr el riesgo de olvidar a nadie. Sí, me he planteado regresar a Galicia y me gustaría que ese deseo pudiera hacerse realidad algún día. De momento, voy siempre que puedo a Outomuro mi pueblo natal y a visitar Paredes (Leiro), donde pasé mis siete primeros años de vida, ambos en la provincia de Ourense.

-¿Pero mantiene algún proyecto con Galicia?

-En la actualidad mantenemos una estrecha colaboración con el Centro de investigación Forestal (CIF) en Lourizán, de la Xunta de Galicia, y en particular con José Antonio Vega Hidalgo, jefe del Departamento de Protección Forestal, para aplicar al teledetección al estudio de la severidad de los incendios forestales. Es un proyecto que coordina Cristina Fernández, desde Lourizán.

-¿Qué proyectos desarrolla en la actualidad?

-Estamos proporcionando al ministerio los puntos hot-spot. Es decir, a partir de las imágenes de satélite damos la latitud y longitud de los posibles incendios en la península Ibérica, Baleares y Canarias cada quince minutos con ayuda de Meteosat y cada seis horas con ayuda de los sensores MODIS. Además, mantenemos un sistema de estaciones experimentales en distintas zonas de España (Albacete, Almeria, Reserva de Doñana-Huelva) que queremos ampliar a Galicia. El objetivo es disponer de datos en tiempo real para calibrar los datos térmicos proporcionados por los satélites. Mantenemos colaboraciones con muchos centros de investigación a nivel internacional, desde la NASA  al CNES, en Francia, o con el  ITC de Holanda.

 

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