«No hay gente de Santiago. Es peña de Coruña que se llamaba Jorge, se fue para allí y se puso Xurxo»

David Perdomo (A Coruña, 1979) confiesa que siempre se levanta de buen humor, el mismo que lo ha hecho ser uno de los fijos del gran aplauso, sobre todo por sus sketches en Land Rober, que tienen miles de seguidores.


 Empezó precisamente con Touriñán («el mejor cómico que tiene Galicia, dice), para él todo un ángel de la guarda: «Cuando me dio la angina de pecho en el plató fue quien me apuró para ir a la ambulancia».

-Le voy a la yugular. Dijo que el público de Coruña no le gustaba, ¿por qué?

-Lo sigo manteniendo. Es un público burgués y nadie es profeta en su tierra.

-¿No se siente querido?

-Sí, lo que pasa es que a mí me gusta provocar. Al final la gente te pone en un lugar y cuando les respondes en ese punto les parece mal. ‘Yo quiero que seas cañero, pero solo hasta aquí’, pues mira, no. Soy cañero porque soy honesto con lo que hay.

-¿El Koruño le aburre?

-No, no. Sigue siendo mi personaje favorito. Lo amo, me ha dado gloria, me ha dado de comer y sería muy soberbio por mi parte. Otra cosa es que a nivel personal te cargue, igual que lo de mi tamaño. Yo soy un enano, todo el mundo lo sabe, pero recibir todos los días comentarios de ‘Ay, qué bajito eres’, ‘No estarás acomplejado’... te carga.

-Los bajos tienen un resorte desde pequeños.

-Sí, tenemos el síndrome de Napoleón. Eso de me hago valer. Lo importante son los centímetros del cerebro, el carisma…

-¿La gente se mete con usted?

-Sí, me dicen: ‘Me voy a agachar’. Y yo pienso: ‘Te voy a levantar a ti de una hostia’. La gente no se pone en tus zapatos.

-En el cole ya tenía carisma.

-Sí, era un tío querido, los profesores me pedían que saliera a la pizarra a imitarlos. Siempre fui un tío que ya se sabía hacia donde iba. A los 14 años, en lugar de estudiar, hice una banda de punk con los de COU, yo siempre estuve en el otro lado.

-Estaba en un colegio del Opus, ¿le marcó?

-¡Nooo, tengo a Satán tatuado en los brazos e iglesias quemándose! ¡Por supuesto que me marcó! [Risas] Tengo obsesión con el ocultismo, con el satanismo, con la música oscura... Desde aquí un saludo a mis profesores y darles la enhorabuena: ‘No lo consiguieron’.

-¿Usted se hace gracia?

-No, nada, no me hago gracia. No me gusta verme en la tele, me caigo mal, yo no me tomaría un café conmigo. Soy pesado, hablo muchísimo, mi novia me lo dice todas las mañanas [risas].

-¿Lo más pijo que se ha comprado?

-Yo soy un pijo de la leche. Un perfume, me costó 280 pavos.

-Huele muy bien...

-Soy el puto jefe, tía. Huelo a éxito, ja, ja. El perfume de señores tienes que percibirlo cuando te acercas y no puede molestar, soy muy friki de los perfumes.

-¡Es un exquisito!

-Sí, me gusta coleccionarlos, mi abuelo era canario, era guanche [Perdomo] y un poco faraón, lo heredé de él. Soy muy obsesivo con los olores. Puedes llevar un chándal, pero te echas un perfume elegante y lo cambia todo.

-Y si alguien le huele a sudor...

-Uf. Hay amigos que les huele el alerón a cebolla y les digo: ‘¡Guapo!’. Esto del olor debería estar penado por ley, la gente que huele mal en el autobús o en el metro. ¡Por favor, poesía olfativa ya!

-¿En Coruña somos todos pijos de barrio?

-Sí, un coruñés tiene esa bicefalia, puede llevar un Louis Vuitton y decirte: ‘Vamos a ver, neno’.

-¿Vigo le gusta?

-Me mola un montón; creo que es la ciudad de Galicia, los vigueses me caen genial. Aunque siempre les digo que tienen ese rollo de: ‘Ya, ya, Coruña es guay, pero nosotros somos superguais’. Entiendo que estén acomplejados, Coruña es la ciudad más bonita que hay [risas]. Vigo me encanta, estoy súper a favor de Vigo, y de Ourense, que es la gran olvidada.

-¿Y los de Santiago?

-Es que no hay gente de Santiago [risas]. ¿Existe? Yo creo que es peña de Coruña que se llamaba Jorge, se fue para allí y se puso Xurxo; luego volvió para Coruña y ahora es Jurjo [risas]. Vale, es la peña de Santiago, se ponen sus palestinas y dicen ‘obrigado’, pero cuando los ves por Juan Flórez los miras en plan: ‘Tío, que sé quién eres’. Yo viví en Santiago cuatro años y fui muy feliz, tiene su capillita allí [risas], le sacan partido, pero a mí me aburre, no tiene mar.

-¿Le tiene que dar el aire?

-Sí, yo lo necesito. Santiago es muy bonito, muy romántico… Yo el primer año que estuve allí llovió todos los días. Yo cerraba los ojos y oía en mi cabeza: «Tanananananá» [imita O son do ar, de Luar na Lubre], ja, ja, ja, Los sitios que tienen mucha identidad me cargan un poco. «Ben, somos de Santiago, levo palestina e coido que podemos tomar outro copo» [imitando]; se pone mi abuela delante y le da un ictus.

-Perdomo rima con…

-Maromo. Yo soy un tipo normal. Soy entusiasta y sensible para lo bueno y lo malo. La actitud, el personaje que me he creado, es por ser sensible, no por estar enfadado y ser un cabeza hueca.

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«No hay gente de Santiago. Es peña de Coruña que se llamaba Jorge, se fue para allí y se puso Xurxo»