La garra de Miki no le basta y Países Bajos se lleva el trofeo de Eurovisión

Un Miki arrollador cae hasta el puesto 22 en una gala de infarto en la que ganó el favorito en las apuestas

Reuters

La Venda cayó… pero al final de la tabla. Miki no ha cumplido los presagios que lo colocaban entre los mejores de la noche (las casas de apuestas le daban un decimotercer puesto) y volvió a continuar la mala racha de España en el Festival de la Canción que lleva sin superar el vigésimo puesto desde el 2014. Los 60 puntos recibidos, uno menos que Amaia y Alfred, a los que superó por un puesto en la clasificación final, no bastaron para darle un lugar en lo alto de la tabla y el catalán acabó en el puesto 22 imitando la posición de Barei y su Say Yay! en el 2016.

Aunque el resultado no acompañó, Miki fue un ejemplo de pasión sobre el escenario del Expo Tel Aviv y consiguió poner en pie al público asistente. A pesar de la exigente coreografía consiguió mantener el aliento y la fuerza durante toda la canción y estuvo plenamente entregado junto con sus compañeros bailarines y coristas Ernesto Santos, Fran Coem, María Acosta, Mary Martínez y Mikel Hennet. En el escenario no faltó tampoco la presencia de la marioneta Paco, un gran muñeco articulado que dejó perplejos a muchos eurofáns y fue una fuente de memes en las redes sociales. El público vibró en Tel Aviv con el catalán incluso a pesar del hándicap de actuar después de la espectacular Australia y consiguió que el estadio y los presentadores corearan La Venda hasta en los resúmenes de los temas. El color y la alegría fueron las claves de la puesta en escena, muy criticada al inicio y que parece no haber calado entre el público europeo (y australiano).

El nuevo sistema de votación, con el que se otorgan los puntos del público sumados en función del orden de votos del jurado, no fue apto para cardíacos, y menos en una edición cuyo lema podría haber sido «una caja de sorpresas». España, al ser el país con menos puntos del voto profesional (siete), fue el primero en conocer su puntuación final con la que estuvo virtualmente, al menos durante un segundo, como decimocuarto. En la parte alta de la tabla, como si de una carrera de relevos se tratase, los puestos fueron variando a medida que votaban los 41 países participantes de esta 64.ª edición para finalmente decantarse por el gran favorito de las casas de apuestas.

A pesar de que la final parecía estar muy abierta, se cumplió lo previsto y el holandés Duncan Laurence se alzó con la victoria en el recinto israelí por la mínima. Su emocionante balada Arcade vuelve así a la senda abierta en el 2017 por Salvador Sobral y que sigue la máxima enunciada por el cantante luso de que «la música no son fuegos artificiales». Sentado al piano en solitario y bajo un fondo estrellado emocionó a público y jurado y consiguió la quinta victoria de su país en Eurovisión con 492 puntos, la cuarta mejor valoración de la historia del festival y la más alta de Países Bajos.

A tan solo 27 puntos de distancia se quedó el italiano Mahmood. Parecía que iba a ser el gran pinchazo de la edición, pero consiguió recuperarse y conseguir la plata. Rusia, Suiza y Noruega siguieron la lista final de clasificados, cuyo top 10 cerraron Suecia, que le peleó la victoria a Países Bajos hasta el último segundo, Azerbaiyán, la gran sorpresa de la noche Macedonia del Norte, Australia e Islandia, que produjeron uno de los momentos más tensos de la gala. Mientras recibían los puntos del televoto, el grupo nórdico Hatari mostró pancartas con el mensaje «Palestina», un tema muy controvertido esta edición por la tensión bélica entre Israel y Palestina. 

Madonna tampoco se calla

La superestrella del pop también avivó el fuego de la polémica sobre Palestina, mostrando una sutil pero notoria unión de las banderas palestino-israelíes durante su actuación, en la que interpretó su clásico Like a Prayer para deleite de todos los espectadores y además sorprendió con un tema exclusivo de su nuevo disco Madame X, Future, que cantó junto al rapero Quavo. Pero no fue la única actuación que pasará a la historia de la noche. El remix de canciones que realizaron al más puro estilo Tu cara me suena Conchita Wurst, Mans Zemerlöw, Eleni Foureira y Verka Serduchka hizo que el estadio se viniera abajo recordando éxitos como Dancing Lasha Tumbai, Fuego o Toy, la canción ganadora del 2018.

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