Los enfermeros reivindican los tatuajes en el hospital

Recuerdan que se trata de una forma de expresión totalmente inocua para el paciente


redacción / la voz

Adri Rey estuvo trabajando en el Reino Unido y recientemente regresó a Galicia. Este joven enfermero de Marín, que llama la atención por su brazo tatuado, asegura que no ha tenido problemas con los pacientes por este tema. «Empecé a trabajar en el Sergas hace poco menos de un año y la experiencia ha sido muy buena. Sí que venía con un poco con la incertidumbre de ver lo que pensaba aquí la gente. Pero tuve cero problemas. Ha habido alguna señora que me dijo de broma: ‘¿pero tú dónde vas con esos tatuajes?’, pero en ningún momento de malas maneras. A la gente mayor se le hace más raro, te dan su opinión, pero nunca escuché malas palabras».

El brazo de Adri llama la atención, pero es cierto que no tiene imágenes duras ni ofensivas. «Tengo tatuado un faro y un barco en el antebrazo, de primera impresión llama bastante la atención porque es grande pero no porque sea una imagen desagradable, no es como si llevara una calavera o algo de este estilo». De momento, este joven enfermero no conoce mucha gente que tenga tantos tatuajes como él. «En Galicia he visto poquita gente, sí que hay chicas con un tatuaje pequeñito en la muñeca o el antebrazo, pero no vi a nadie con uno tan grande como el mío».

Sin embargo, cada vez hay más tatuajes en los hospitales, por una cuestión cultural. «Lo de los tatuajes en enfermería se vive con total normalidad -explica Emma Rodríguez, del SATSE de Pontevedra-, es algo que se está imponiendo y cada vez hay más gente que los lleve. Desde el punto de vista de la enfermera, con tal de que sea algo limpio e higiénico, sin contaminación. No hay ningún problema. Yo creo que son cuestiones más culturales, propias de cada persona y cada creencia, porque las enfermeras somos individuos que vamos con las tendencias y somos personas normales y corrientes».

Respecto al estudio en el que varios pacientes de Ginecología en Ourense mostraban un leve rechazo por los tatuajes en los profesionales sanitarios, la representante del colectivo recuerda que las enfermeras son muy estrictos con su higiene. «Los enfermeros somos muy cuidadosos en este tema -explica-. Es muy raro que llevemos las uñas pintadas trabajando. O que llevemos colgantes o pulseras. Hasta un reloj puede ser un contaminante. Por eso estamos todo el tiempo lavándonos las manos, antiseptizándonos... Usamos guantes, mascarillas, gorros... Nuestra principal prioridad es conseguir la mayor higiene y la menor transmisión de enfermedades, ser lo más asépticos posibles, y el tatuaje es un modo de expresión que no contamina».

Emma Rodríguez recuerda que una de las primeras cosas que te enseñan en la Escuela de Enfermería es que no debes ir maquillada a trabajar. «Porque si llevas rímel en las pestañas y parpadeas, puede caer un poco en una herida y ya estás provocando una infección o una alteración. Si tienes una pulsera y tocas la piel del paciente con la pulsera, cuando vas al siguiente paciente a hacer una cura, esos organismos pasan de un paciente a otro y le pueden provocar sepsis».

 «Son un método de expresión»

García insiste en que los tatuajes son inocuos para el paciente una vez que están cicatrizados. Para esta profesional, llevar tatuajes «es un método de expresión que nosotros podemos utilizar y está bien, ya que todos los demás nos son negados. Hay que tener en cuenta que estamos muy limitados en cuanto a métodos de expresión, porque hasta el uniforme es blanco y ni siquiera nos diferencian ni por colores».

Emma no recuerda haber presenciado casos de rechazo a los profesionales tatuados. «La gente no protesta, al no ser que sea un caso muy puntual, simplemente les llama la atención. Recuerdo que cuando estaba en atención primaria yo tenía un compañero que iba tatuado de la cabeza a las pies y era gótico, con botas y collares de pinchos, así que ya te puedes imaginar. Pues a la gente, al principio, le chocaba un poco, pero en cuanto veían que era un buen profesional ya se relajaban. Lo que hay que dejar claro es que la gente tiene que estar tranquila, porque no es contaminante».

Por otra parte, los sindicatos de enfermería no han notado ningún tipo de discriminación laboral que venga desde recursos humanos o desde la dirección de los centros. «En Lugo -explica Verónica, - nosotros no hemos notado ningún problema por parte de la dirección de recursos humanos. No hemos visto que se deje de contratar a una enfermera o a otra por su aspecto físico, ya sean tatuajes, dilataciones, o cosas por el estilo. Ni por el color del pelo ni por nada de nada, ni en pediatría ni en ningún otro servicio».

En el HULA, hay enfermeras y enfermeros con tatuajes, piercings y hasta con el pelo rosa. «Hay cosas muy llamativas, que destacan aún más con el uniforme blanco. Algunos pacientes, sobre todo si son mayores, de entrada se quedan mirando, pero no hay rechazo de ningún tipo». Eso sí, los representantes del colectivo lo tienen muy claro: «tampoco permitiríamos que hubiese rechazo por eso, porque no es un motivo para discriminar a un profesional».

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