Las joyas que salen de entre la arena

Durante muchos años, las mujeres de O Grove elaboraban collares de conchas y los vendían a los turistas que visitaban A Toxa; aquel negocio de subsistencia ha dado un giro: hablamos de artesanía gallega


«As colareiras non son da Toxa, son do Grove». Montse Betanzos hace la puntualización con ese acento animoso y cantarín que caracteriza a los habitantes de esa península arousana. Desde su taller de la calle Confín, su voz nos lleva a principios del siglo pasado, cuando un enjambre de mujeres y niñas ofrecían a los elegantes turistas que acudían a tomar las aguas de la isla del Louxo sus collares hechos con pequeñas conchas. Muchas habían aprendido ese arte en la fábrica de nácar de la familia Botana. Al cerrar esta, «as mulleres empezaron a recoller as cunchas da praia e a facer conlares para intentar vendelos aos turistas, como recordo».

Era, al principio, un oficio de subsistencia. Una forma de intentar escapar de la miseria. Las colareiras iban mal vestidas, a veces sucias. Y los visitantes las describían, en sus crónicas y cartas, como «animalillos salvajes» o «mujeres indígenas» que «metían por los ojos» a los turistas sus collares hechos con caracolillos. Con el tiempo, iban a refinar sus modos y a cambiar sus ropas por trajes tradicionales con los que los responsables de los hoteles de la isla intentaron darle un barniz más folclórico y menos desesperado a su presencia en la isla.

Afortunadamente, aquellos años de miseria quedaron, ya, muy atrás. El oficio de colareira ha entrado a formar parte, gracias al empeño de un grupo de mujeres, del catálogo de la artesanía de Galicia. Montse Betanzos fue la primera en lograr que su trabajo fuese reconocido como artesanía. Ella, que durante años había trabajado como contable en una empresa, decidió dejarlo todo y dedicarse al oficio que había aprendido en casa, engarzando conchas en el colo de su madre. «Ela sempre foi moi avanzada, unha revolucionaria. Deseñaba os conxuntos, e facíaos pensando nela, en si ela os usaría ou non. O resto da xente pretendía vender recordos aos turistas, ela quería facer xoias que se usasen».

Montse creció viendo hacer a su madre. Y, apoyándose en la infinita sabiduría de Socorro, siguió avanzando en el camino que esta había marcado. «Conseguir a carta de artesá non foi nada fácil, houbo que pelexar moito, incluso co desprezo». Pero el empeño valió la pena. «Abriunos moitas portas, permitiunos achegarnos a un tipo de público que quere mercar artesanía. E iso é o que nós facemos: xoias de artesanía local do Grove».

Montse y su madre hace años que no pisan A Toxa. Su trabajo, ahora, se vende en ferias de artesanía que se celebran en todo el país. Y más allá. «A miña nai acaba de estar de viaxe en París, e nas Galerías Lafayette atopouse nun escaparate cunhas xoias de Heimat Atlántica feitas coas nosas cunchas e elementos de peche con pezas de Maison Desrues». Y es que el taller de Montse Betanzos colabora, cada vez más, con firmas que elaboran productos de lujo que se venden por todo el mundo. «Para min, o máis emocionante foi cando estiven representando a Galicia na Exposición Universal de Milán, facendo demostración do meu oficio diante de miles de persoas e vendo como lles interesaba... Iso foi o máis bonito que me pasou na miña vida profesional».

En invierno

Las colareiras recogen las conchas en las playas de O Grove y en las de la Costa da Morte. Algunas de esas conchas no podrán usarse hasta año y medio año después. Otras llegan de Filipinas y México.

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