«Se hai cabalos, haberá ferradores»

El oficio de herrador tuvo gran importancia en toda Europa desde la Edad Media y en Norteamérica desde el siglo XVIII, hasta la llegada de la revolución industrial. Quedan pocos, pero siguen siendo necesarios


ferrol | redacción

La mecanización del sector agrario derivó en una sustancial merma de un oficio tradicional que hasta hace medio siglo era el medio de vida de muchas familias. En cada parroquia del ámbito rural había al menos un ferrador -herrador, no confundir con ferreiro (herrero), aunque antiguamente era frecuente que una misma persona trabajase el hierro y colocase herraduras-. La incursión en la agricultura de los tractores supuso un alivio para las vacas y también para el ganado equino, que antes eran utilizados como animales de carga y para las labores del campo.

Fernando Fernández García (San Sadurniño, 1975), conocido como Nando, o ferrador da Bañoca -lugar de la parroquia de Bardaos-, es un experto en la materia. Heredó el oficio de su padre, Pepe, jubilado desde hace siete años, pero su abuelo paterno, Alfonso, también era ferrador, además de, ferreiro.

Nando se introdujo en el oficio con su progenitor a los 14 años y es uno de los pocos ferradores que en la actualidad viven exclusivamente de eso. «Hai outros dous ou tres que traballan a zona da Coruña e tamén veñen por aquí», comenta, precisando que, aunque cada vez hay menos profesionales, el oficio no corre riesgo de desaparecer. «Mentres haxa cabalos haberá ferradores», asegura, y es que, en la actualidad, el mundo equino es el principal destinatario de sus cuidados. «En vacas e bois, só preparamos ós de concurso ou cando teñen feridas ou úlceras, mentres que cos cabalos si hai bastante traballo, a pesar de que tamén se notou a crise», apunta.

Otra diferencia con el pasado es que antes se acudía a la casa del ferrador y ahora los servicios se prestan a domicilio. Nando tiene clientes en los municipios comprendidos entre Pontedeume y Ortigueira, así como en la zona de Viveiro, en Lugo y en Vilalba.

Su trabajo consiste en preparar las uñas de los equinos, porque, al igual que en los humanos, crecen y se deforman, y en la colocación de herraduras. Y al hablar de los «zapatos» de los equinos, Nando explica que se fabrican casi exclusivamente en Holanda. «As marcas punteiras veñen de Holanda, porque nas ferraduras tamén hai categorías como no calzado das persoas. As Mustad e as Kerckhaert son equivalentes as Nike e as Adidas en zapatillas», señala, añadiendo que son las que ofrecen garantía, porque su duración es de entre cuatro o cinco meses, mientras que otras hay que cambiarlas a las cuatro semanas. Las compras se hacen, como casi todas en la actualidad, a través del servicio de paquetería. En toda España solo hay cuatro o cinco casas exclusivas de material para los ferradores, además de algunos distribuidores a menor escala. En esta zona hay una tienda de Narón, pero Nando también suele comprar a otra de Arzúa e incluso una de Euskadi.

Los tradicionales potros en los que se sujetaba a los caballos o vacas están prácticamente desaparecidos, «porque os cabalos teñen os osos moi sensibles, polo que agora só se utilizan en Francia para os de enganche, que pesan moito», añade O ferrador da Bañoca para concluir su experiencia con el oficio.

Herraduras de marca

Las Kerckhaert y las Mustad equivalen a las zapatillas Nike o Adidas

Procedencia

Se fabrican casi en exclusiva en Holanda y en España hay distribuidores

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