El bajo peso al nacer, relacionado con un mayor riesgo cardiovascular

Un estudio con participación gallega, realizado a 230.000 madres y bebés, descubre 190 variantes genéticas


redacción | la voz

¿Qué influye más en el peso al nacer, la genética del bebé, la de la madre o el propio ambiente uterino? La pregunta no es baladí porque los bebés que nacen a término y que son muy grandes o muy pequeños tienen menos posibilidades de supervivencia y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares en la vejez. Y para encontrar una respuesta un equipo internacional liderado por las universidades de Oxford, Cambridge, Exeter y Queensland han realizado el mayor estudio de la historia sobre el tema, en el que se ha analizado la información genética de 230.069 madres y sus hijos y se comparó con el de otras 321.223 personas incluidas en el banco genético del Reino Unido, en una investigación publicada en Nature Genetics.

¿Y cuál es la respuesta? Podría formularse a la gallega: depende. O, para ser exactos, no existe un elemento determinante. Todo influye en una compleja relación, en un tira y afloja que en unas ocasiones confluye en la misma dirección y en otras en la opuesta. «Na regulación do peso ó nacer inflúen os xenes do feto e os da nai», explica el biólogo computacional gallego Juan Fernández, que ha participado en el estudio desde el Welcome Trust Institute de la Universidad de Oxford.

Pero si el efecto de un elemento o de otro sigue en el aire, aunque sí se pueden realizar matices, el estudio ha servido para identificar 190 variantes genéticas relacionadas con el peso al nacer, dos tercios de las cuales se han hallado por primera vez, y que están asociadas tanto con enfermedades cardiovasculares, como con la diabetes, la altura o el índice de masa corporal.

Aplicación práctica

La relación más robusta que se ha establecido es entre los bebés de bajo peso, entre 1,5 y 2 kilos, ya presentan una mayor propensión a padecer hipertensión en la edad adulta y, por tanto, un mayor riesgo cardiovascular. No es una conclusión menor, ya que este conocimiento puede tener una aplicación clínica directa.

«Si sabemos que un bebé ten baixo peso e lle facemos un análise no que se identifiquen as variantes xenéticas asociadas ca presión arterial alta, sabemos que terá un maior risco de enfermidades cardiovasculares, polo que podería tomar medidas para evitar ese risco», advierte Fernández, que ha empezado a trabajar después de varios años en Gran Bretaña como bioestadístico en la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica.

Sobre los resultados prácticos del estudio también incidió Nicole Warrington, de la Universidad de Queensland. «Los métodos que hemos desarrollado ?dijo? para desenredar los efectos genéticos de la madre y el bebé tienen un potencial real, no solo para informarnos sobre los posibles efectos del entorno uterino en su vida posterior. Por ejemplo, los bebés más pequeños tienen mas probabilidades de tener una presión arterial alta en la vida adulta. Nuestro trabajo demuestra que esto se debe a efectos genéticos».

En este contexto sí se puede introducir algún matiz. Los genes propios del feto parecen estar más vinculados con el bajo peso al nacer, mientras que los de la madre guardan una mayor relación con el mayor peso de los pequeños. En este último caso, la evidencia no es tan clara como en el caso de los riesgos del bajo peso, pero un mayor tamaño de los pequeños parece estar asociado con una mayor probabilidad de padecer aterosclerosis y diabetes en la vida adulta.

En la compleja relación de los vínculos genéticos y el peso también existe una especie de lucha entre los genes de la madre y del feto que tienen un efecto sobre el crecimiento y que, en ocasiones, reman en la misma dirección. Así, durante el embarazo, los efectos genéticos que elevan los niveles de glucosa de la madre funcionan para hacer que el bebé crezca. Como respuesta, la criatura produce más insulina, lo que también aumenta su peso. Pero puede ocurrir que se produzca un efecto contrapuesto debido al código genético del niño, que en otras ocasiones lo que hace es restringir la cantidad de insulina, lo que limita su crecimiento. O, lo que es lo mismo, aunque unos niveles altos de azúcar de la mamá favorezcan un mayor tamaño, este efecto queda anulado por el ADN del bebé.

De la importancia del estudio también ha dado cuenta Rachel Freathy, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Exeter y coautora del trabajo. «Una mejor comprensión de las causas genéticas ?destacó? puede significar que podemos ayudar a garantizar que los bebés nazcan con un peso saludable».

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