Francia inicia el debate: hay que salvar Notre Dame, pero también a los pobres

Las oenegés llaman a que la solidaridad de las grandes fortunas llegue a los necesitados


redacción / la voz

Los donativos para la reconstrucción de Notre Dame están a punto de alcanzar los 1.000 millones de euros en apenas cuatro días. Y la mayoría de las aportaciones, más de dos tercios del total, provienen de las empresas y las grandes fortunas del país. La familia Arnault, propietaria de Louis Vuitton, ha contribuido, por ejemplo, con 200 millones; los Bettencourt (L’Oreal), con otros 200 y los Pinault (Gucci), con 100. Un gesto solidario que Francia ha agradecido, pero que tampoco se ha librado de la polémica. ¿Por qué estas mismas y otras fortunas no responden de forma habitual con el mismo entusiasmo en la lucha contra la pobreza o con otras causas sociales? La pregunta ha iniciado un debate en el país después de que el ensayista Ollivier Pourril prendiera la mecha con un tuit convertido en viral: «Víctor Hugo -escribió en tono irónico- agradece a todos los generosos donantes que están listos para salvar Notre Dame y le ofrece hacer lo mismo con los miserables».

Pronto los colectivos sociales se sumaron a la demanda. No se critica el apoyo ofrecido para reconstruir la catedral, un símbolo nacional, pero sí que la generosidad sea selectiva. «Por su puesto que la generosidad para reconstruir Notre Dame es legítima, porque es un tesoro nacional, pero nos gustaría que este impulso también llegue a las personas más pobres», denunció Florence Gueguen, director de la Federación de Actores Solidarios, en declaraciones recogidas por Le Monde. Y en una línea semejante se pronunció Chistophe Robert, delegado de la Fundación Padre Pierre, dedicada a mejorar las condiciones de los sin techo, quien aseguró que si solo el 1 % de la filantropía dirigida al templo gótico «se empleara para los pobres, estaríamos muy felices».

 En el 2018, todas las organizaciones benéficas galas experimentaron una reducción en sus donaciones de un 4,2 %, lo que contrasta con la generosidad exhibida ahora por las grandes fortunas. Es más, según un estudio realizado por el diario Liberation, la gran mayoría de las contribuciones realizadas para causas sociales y benéficas procede de los particulares, no de millonarios o empresas. Así, la cantidad de donaciones realizada en Francia en el 2018 para todas las causas fue de 7.500 millones de euros. De esta cantidad, 4.600 millones, incluyendo herencias, provienen de particulares, frente al 2.900 de empresas.

Igual o peor situación en Galicia

El debate iniciado en Francia no es ajeno en Galicia y España, donde la situación en cuanto a la proporción de quién realiza las donaciones es similar, aunque las aportaciones muy inferiores. «Nosotros, las ayudas que recibimos proceden fundamentalmente de socios, simpatizantes, colaboradores o herencias, que son aportaciones de mucha gente, pero de pequeñas cantidades», corrobora Javier García Sánchez, delegado de Cáritas en Santiago. Sí existen, sin embargo, excepciones, como los 20 millones aportados por Amancio Ortega o la ayuda de las fundaciones bancarias. Pero, salvo estos casos, no hay grandes fortunas detrás.

Pese a todo, Suso Busto, de Amigos de Galicia, sí envidia de Francia el incentivo para incrementar las donaciones que se ofrece en el país vecino a las empresas, del 60 %, y a los particulares, del 66 %, que donan grandes cantidades. En España, por contra, este tipo de desgravaciones ronda entre el 30 % y el 35 %, lo que dificulta la solidaridad. «En España -asegura Busto- habería que subir a desgravación para proxectos sociais e moi necesaria unha lei de mecenado en condicións, que dixeron que a ían facer, pero que aínda non fixeron nada».

Busto considera que la aportación ciudadana es imprescindible, dado que el Estado, por sí solo, no tiene recursos suficientes para atender a todas las causas sociales. «Se as administracións -dice- non da cuberto esas necesidades, de algún lado teñen que saír os cartos para axudar as familias. Un 80 % dos españois estaría disposto a aumentar, por exemplo, a súa achega para combater a pobreza infantil e, se as administracións non poden facelo, o lóxico é que se axude aos cidadáns e empresas mediante maiores desgravacións fiscais, porque o que estarían a facer é cubrir as carencias que ten a sociedade».

Facilitar la aportación ciudadana

Él oncólogo del Chus de Santiago Rafael López, que promovió una exitosa campaña de recaudación de fondos para apoyar la investigación en biopsia líquida contra el cáncer, coincide con el presidente de Amigos de Galicia y entiende también el debate que se ha generado en Francia. «Las donaciones -señala- no solo deben de llegar cuando hay un problema puntual, sino que tienen que ser continuas, y para eso hay que facilitarlas». Se refiere también a la necesidad de aprobar una ley de mecenazgo que aumente las desgravaciones fiscales a particulares y empresas que quieran hacer donaciones para distintas causas sociales. «En España -apunta- se desgrava el 30 %, pero encima es bastante complicado y hay que tener en cuenta que con la filantropía lo que se pretende es devolver a la sociedad lo que esta nos ha dado». López recuerda que hay países en el que las desgravaciones fiscales para este tipo de causas alcanzan el 100 %.

«Nos gustaría que el impulso para salvar Notre Dame también llegue a los más pobres»

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