«Algún navajazo nos hemos llevado»

De las populares ostreras de A Pedra, de Vigo, solo queda Isabel Seoane. El resto se jubilaron o fallecieron. El relevo en esta profesión que se ganó la medalla de oro al mérito en el trabajo llega de la mano de hombres

Isabel Seoane, flanqueada por Diego, Fernando y Manuel (de izquierda a derecha)
Isabel Seoane, flanqueada por Diego, Fernando y Manuel (de izquierda a derecha)

Es el oficio más popular y turístico de Vigo ligado tradicionalmente a mujeres. De las cinco que atendieron los puestos de A Pedra en el último medio siglo ya solo queda Isabel Seoane Amoedo. Algunas, como su hermana María, fallecieron casi al pie del cañón. Otras se jubilaron hace tiempo para dar paso a la siguiente generación. Es el caso de Fernando Martínez, quien aprendió la profesión de su tía Mari Carmen. Pese a mantener el nombre genérico de ostreras, con el tiempo la profesión ha ido cambiando de sexo al ser ya tres los hombres que han tomado el relevo.

Curiosamente, para ninguno de ellos lo más duro del oficio es abrir cientos de ostras al día, como sucede durante las fiestas navideñas y en esta época de la Semana Santa, sino trabajar a la intemperie en todas las épocas del año.

«El cuchillo que usamos para abrir las ostras es normal, no tiene nada especial, lo especial es la mano. En un minuto abrimos una docena de ostras, son incalculables las que he abierto a lo largo de mi vida; alguna vez me he cortado, pero ahora es raro, todo es la práctica», explica Isabel, la única superviviente.

No dice su edad por coquetería, pero sí los años que lleva yendo y viniendo de Arcade (de donde procede la mayoría) a Vigo. Unos cincuenta. «Tengo para rato, si no vengo parece que no estoy viva. Cuando yo lo deje, en este puesto siempre habrá una mujer. Y también estará mi hijo, José Alberto, y Manuel, que me ayuda ahora», comenta.

Lo que más le gusta a Isabel de la profesión es la «gente maravillosa» que pasa por el puesto, tanto española como extranjera. «Algunas personas hasta me hacen regalos, como una japonesa que me entregó un retrato hecho por ella», añade.

Fernando es el más veterano de los hombres. Lleva en la profesión casi 30 años contando los que ayudaba a su tía, que en la actualidad disfruta de una merecida jubilación con 90 años. Ahora, el sobrino afronta la profesión con la ayuda de Diego. «Me costó tiempo aprender a abrir las ostras y algún navajazo nos hemos llevado, pero en este momento abrir una docena no llega ni a un minuto», apunta.

En la actualidad, toda la mercancía llega depurada, con una guía sanitaria y clasificada por tamaños. Los precios oscilan entre los 10 y los 20 euros la docena.

De los famosos que han pasado por A Pedra, Fernando y Diego recuerdan a Stephen Hawking, Fran Rivera, Carlos Baute, Luís Tosar, Paulina Rubio, Luis Zahera y Edurne. Y una de las anécdotas que más gracia les hizo fue la de un turista que les preguntó si las ostras se criaban en las rocas del monte.

Para Manuel Maestu, el ostrero que acompaña a Isabel, este no es su primer oficio. Antes fue camarero y trabajó en Correos. «A la gente le gusta ver cómo abrimos las ostras. Después de comprarlas se las llevamos a un bar de esta zona, donde les dan el limón y les sirven aparte la bebida para acompañarlas. Otras veces nos llaman para que las enviemos por transporte urgente a muchas ciudades, en ese caso suelen ir cerradas. Las que tienen más salida en el puesto son las medianas», dice.

La profesión de las ostreras fue recompensada en el 2013 por el Ministerio de Trabajo con la medalla de oro al mérito en el trabajo, tras la insistencia de un vecino, que no paró hasta lograrlo. Isabel Seoane no olvida su fotografía con Arturo Fernández y lo que le dijo en Madrid cuando fue a recogerla: «Aquí lo que faltan son las ostras de A Pedra».

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